Perdemos democracia por menos votantes

Política

Si se mantiene en los comicios de la Argentina el porcentaje de ausentismo que se verificó este domingo en Capital Federal, la democracia se oscurece porque la expresión de la voluntad, vía el sufragio, es su base. En la elección nacional del 27 de abril pasado, 23%, casi 5 millones de personas, no concurrió a las urnas. El domingo en la Capital, casi 32% (826.000 personas). En realidad, en proporción al padrón de 2.600.000 personas, no ganó Mauricio Macri, ni Aníbal Ibarra. Ganó el «partido de los ausentes».

Hay alguna explicación aceptable: el capitalino es uno de los distritos con mayor porcentaje de mayores de 70 años (eximidos de la obligación de emitir voto). Otra explicación demuestra abandono de obligaciones cívicas; por caso, se calcula en 120.000 personas que mantienen domicilio legal en la Capital pero viven o los fines de semana se trasladan a formas modernas de vida, como los countries.

En la medida en que un ciudadano común se desentiende del hábitat en que desenvuelve su vida, va cediendo libertades y va dejando el dominio de su ciudad a los violentos, los ideologizados que, por eso, son infaltables a las urnas. Eduardo Duhalde, antes de los comicios de abril, emitió un discurso por cadena nacional invitando a votar. Aníbal Ibarra, como jefe de la Ciudad, no lo hizo por especulación política: las ausencias, si es por country, perjudicaban más a su adversario.

Si 826.000 personas no votaron en la primera vuelta, con casi 32% de ausentismo, ¿cuántas votarán en la segunda, cuando se suma el cansancio de la repetición? En Francia, en la segunda vuelta, Jacques Chirac le ganó al extremista de derecha Jean Marie Le Penn con una concurrencia de 83% en las urnas. Allí hay conciencia cívica. Además, no hay crisis económica terminal. Es bastante evidente que una población con su mayoría acosada en sus necesidades básicas, con alto desempleo y con descontento tiende a no dar importancia a los comicios. No es casualidad que los únicos altos índices de ausentismo electoral comparables se hayan dado en la década de 1930, en plena crisis, tras la depresión económica mundial que se inició un «martes negro» de 1929 en Estados Unidos.

Tanto ausentismo a la hora de votar se da en un país con obligación por ley de emitir sufragio (en la mayoría de los países de Occidente, no). De los comicios del 27 de abril, quedaron casi 5 millones de argentinos en irregularidad legal porque no se promulgó, esta vez, el tradicional decreto que perdonaba la infracción. Ayer quedaron en Capital 826.000 infractores más porque no se cree que sean muchos los que se encontraban a más de 500 kilómetros de la Ciudad, algo que los exime de la obligación de sufragio.

Lo fundamental es que estamos perdiendo representatividad en los poderes públicos. Con 23% de ausentismo de los comicios del 27 de abril, si tomamos el total de ciudadanos del padrón, observamos que el actual presidente de la Nación no sólo gobierna con un porcentaje bajo sobre el voto efectivo de 22,2% sino menor, de 17%. No es para nada bueno, en un país que adoptó el lema de «serio».

Dejá tu comentario