25 de octubre 2002 - 00:00

Por qué Brasil no entrará en default

Desde que la incertidumbre se instaló en el mercado financiero brasileño, merced entre otras cosas a las elecciones presidenciales, un rumor comenzó a circular cada vez con mayor intensidad: Brasil está a un paso de decretar su moratoria o, en el mejor de los casos, tendrá que refinanciar su deuda.

El doctor en economía por la Universidad de California y economista jefe de la BBA Correctora, Alexandre Schwartsman, firmó un excelente trabajo en el diario «Folha de Sao Paulo» sobre esta cuestión, que es importante compartir y comentar.

Algunos analistas externos mantuvieron -declaración de George Soros como ejemploque el mercado financiero local e internacional pueden imponerle al gobierno brasileño una reestructuración compulsiva de la deuda, o directamente una moratoria, al no aceptar una refinanciación por medio de bonos como viene aceptando hasta el momento.

•Deuda interna

El 75 por ciento de la misma es liquidada en reales, aunque un gran porcentaje esté ajustada por el tipo de cambio. Por ello, ante cada vencimiento de estos bonos, el mercado presiona la tasa de cambio para, precisamente, lograr mayores lucros.

Esto permite suponer que, siendo el Banco Central de Brasil quien determina la política monetaria, ante el caso de que el mercado no acepte refinanciar los próximos vencimientos, la entidad podría comprar la totalidad de los títulos y de inmediato, restringir el exceso de liquidez. En otras palabras, estaría refinanciando la deuda interna por medio de «overnigth», lo que no sería nada recomendable, aunque mucho mejor que tener que reestructurar compulsivamente la misma.

De hecho, si el mercado le demandará al gobierno la compra de la deuda interna, el excedente de liquidez podría básicamente ir a tres destinos: compra de otros activos (pero quien vendiera los mismos se haría de reales que volverían al circuito financiero); activos en moneda extranjera (con lo cual también volverían reales al circuito); o aplicación de los excedentes de los bancos al propio Banco Central por medio de tasas de «overnigth» donde el banco paga la tasa SELIC, hoy de 21% al año. Esto sólo no se aplicaría, si hubiera corrida bancaria, la que hasta el momento no se percibe.

•Deuda externa

Respecto de la deuda externa pública (denominada deuda externa soberana), el gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso, gracias a la elogiosa gestión del ministro Pedro Malan y Arminio Fraga -uno de los mejores presidentes del Banco Central que Brasil haya tenido en mucho tiempoconsiguió que sea barata y a largo plazo. Por ende, los vencimientos para los próximos 15 a 27 meses son perfectamente financiados por medio de las reservas propias de Brasil, y mucho más si se incluye el colchón de los préstamos del BID y el Banco Mundial (sin contar el préstamo disponible a refrendar por el próximo presidente del FMI).

En otras palabras, si el próximo gobierno no quema reservas sin sentido, puede abstenerse de pedir financiamiento internacional hasta finales del año 2003 o mediados de 2004.

•Financiación

Para 2003 las necesidades de financiación del país -déficit en transacciones corrientes-, más los pagos de amortización de la deuda de medio y largo plazo, deben llegar a los u$s 39.700 millones. Este valor incluye la deuda pública y privada.

Las necesidades sólo del sector público no financiero serían para el período de u$s 25.200 millones. Sobre este valor, se debe separar el dinero que Brasil le debe al FMI por amortización e intereses, y el dinero destinado al pago de la deuda soberana (descontados los intereses generados por los rendimientos de las reservas brasileñas en el exterior). El año que viene, Brasil le debe pagar al FMI en el primer concepto mencionado un total de u$s 16.400 millones, recursos incluidos en las reservas que a finales de setiembre sumaban para este concepto un total de u$s 17.300 millones. Además, en el último de los casos, será posible refinanciar con el propio FMI parte de estos vencimientos.

Los vencimientos de la deuda soberana suman para el año entrante u$s 4.700 millones para amortizaciones, u$s 5.900 millones por pagos de intereses brutos (u$s 10,600 millones por total), a lo que hay que restar los intereses de u$s 2.000 millones por intereses ganados por las reservas internacionales brasileñas. Ello, sumado a los vencimientos hasta fin de año de u$s 2.200 millones por el servicio de la deuda, hacen un total de u$s 10.900 millones.

Las reservas internacionales líquidas suman u$s 21.500 millones. En función del último acuerdo con el FMI, el Banco Central brasileño debe dejar un piso de u$s 5.000 millones de reservas, lo que le permite disponer de u$s 16.500 millones. El total de reservas en el Banco Central de Brasil a finales de setiembre de 2002 es de u$s 38.381 millones.

Si incluimos el año de 2004, las necesidades de financiación llegarían a u$s 22.900 millones, que podrían cubrirse, aumentando a los u$s 16.500 mencionados, los u$s 7.000 negociados con el BID y el Banco Mundial. Nótese que no se incluyó en la cuenta el dinero negociado con el FMI. Otro dato importante es el interés de la deuda.

El total de la deuda brasileña de mediano y largo plazo está financiado a una tasa de 8% a 8,5%, muy distante de 24% a 25% por ciento que Brasil tendría que pagar en estos momentos, en relación con el riesgo-país actual.

No obstante lo mencionado, una disparada de la tasa de cambio, generaría una casi necesaria reestructuración de la deuda interna y tal vez por motivos políticos una también reestructuración forzada de la deuda externa.

•Proyección

Si Brasil consigue impulsar un crecimiento sostenido, bastará mantener el actual superávit primario (3,75 por ciento a 4 por ciento) para equilibrar la relación PBI - deuda pública. Estimando una tasa anual de interés real del orden de 10 por ciento, y con un crecimiento del PBI de 3 por ciento anual, es posible equilibrar la relación de PBI y deuda con un superávit primario de 3,7 por ciento. Si el crecimiento fuera mayor (5 por ciento, por ejemplo) manteniendo la tasa de interés real anual en 10 por ciento, la necesidad de superávit primario se reduciría a 2,5 por ciento, por lo que de mantener el superávit actual de 3,75 por ciento, esta diferencia permitirá recomponer la relación PBI -deuda pública a valores menores a los actuales (peligrosamente superiores a 60 por ciento)-.

•Conclusiones

El próximo gobierno brasileño tiene varias formas de evitar una reestructuración de la deuda y mucho más una moratoria. Ciertamente puede tener que pagar un alto costo para evitar este colapso, pero ningún costo será tan elevado como la moratoria en sí, como puede testimoniar la Argentina. Por otro lado, se mantiene aún latente en varios de los operadores financieros brasileños el costo que debió pagar el país cuando el ex presidente José Sarney decretó la moratoria en 1987, de la que le costó mucho tiempo de recuperación.

No hay ninguna posibilidad de congelamiento de depósitos bancarios ya que desde la confiscación de depósitos de 1990 del ex presidente
Fernando Collor de Mello, esta alternativa sólo es posible en Brasil por medio de una ley del Congreso Nacional, en donde ningún partido contará con mayoría absoluta en ninguna de sus dos cámaras.

Los analistas de los principales bancos con sede en Brasil continúan indicando que el valor del dólar hasta finales de 2002 se debe ubicar entre 2,80 reales y 3,00 reales. Pero para esto es necesario saber quién será el próximo presidente de Brasil, y más importante aún para el mercado, quién será el próximo ministro de Economía y el titular del Banco Central. Sólo entonces los aires de nuestro principal socio comercial comenzarán a calmarse. O no.

Dejá tu comentario

Te puede interesar