3 de agosto 2005 - 00:00

¿Por qué Castells?

Ayer piqueteros enmascarados volvieron a llevar el caos a los accesos a la Capital Federal y a diversos puntos del centro. Entre los activistas se destacaron los seguidores de Raúl Castells, que reclamaron ante las sedes de la Organización del Trabajo y de la Embajada de la India.
Ayer piqueteros enmascarados volvieron a llevar el caos a los accesos a la Capital Federal y a diversos puntos del centro. Entre los activistas se destacaron los seguidores de Raúl Castells, que reclamaron ante las sedes de la Organización del Trabajo y de la Embajada de la India.
Ayune o engorde tirado en una cama de sanatorio la situación actual del jefe piquetero Raúl Castells no deja de ser una irregularidad para la Justicia, la política y para el gobierno.

Lleva, en dos etapas, casi 100 días de «prisión preventiva» en el procesamiento por el inocultable delito de haber invadido primero un local de McDonald's, en la Capital Federal, y luego un casino privado en el Chaco, además de «escraches» a otras empresas.

Hay en juego un principio jurídico costumbrista local por el cual no se debería criticar, en este caso, a nuestra desdibujada Justicia habitualmente proclive a ignorar a la víctima y ser demagógicamente liviana y liberadora con quien delinque. Se hace reversible ese principio, en cambio, en caso de reincidentes donde se aplica una severidad a veces exagerada al extremo de que las bandas delictivas con integrantes extranjeros actúan -y todos lo saben- bajo la norma «robemos o trafiquemos droga hasta la primera detención de la cual se sale fácil en la Argentina». Claro, para no arriesgarse a la severidad de la segunda vez el delincuente extranjero preso en una primera oportunidad es retornado al país de origen por la banda y reemplazado por otro sin reincidencia latente y así sucesivamente.

• Uso ambiguo

Entre los dos sectores clásicos en que se dividen los libros de las bibliotecas jurídicas este principio acriollado del empleo procesal de la «prisión preventiva» está separado y colgado del techo para uso ambiguo de cada magistrado.

En muchos casos la «prisión preventiva» ha sido usada en nuestros estrados como «pena a cuenta», sin sentencia, sobre todo cuando presiona sobre los jueces la tan argentina «condena previa por la prensa» que se impone o por ideología contraria al afectado o por cambio de gobierno cuando sobreviene la pérdida de la equidad de la ley para los funcionarios de la anterior gestión. Esto, en el futuro, volverá a suceder con los de la actual gestión y así sucesivamente en un país inmaduro en todo, inclusive en la Justicia con tantos espejos internacionales. Moviéndose entre esos parámetros anómalos, la «prisión preventiva» muchas veces suele ser la salida salvadora para nuestros jueces titubeantes porque aplica principios jurídicos igualmente titubeantes. Más en esta época cuando el Poder Judicial está monitoreado por el poderoso asesor presidencial Horacio Verbitsky aunque haya asumido como ministro de Justicia Alberto Iribarne.

• Justificación

Con este esquema acriollado de aplicar justicia, en el caso de Raúl Castells estaría justificada su actual detención. No porque haya riesgo de que huya del país y de los estrados si se lo libera. Tampoco porque exista peligro de que «pueda destruir pruebas» útiles al proceso porque su accionar fue abierto y público. Sí porque demostró que puede ser reincidente y de hecho lo fue. El término de su detención preventiva, entonces, estaría dado por el grado de conciencia que haya tomado de no reiterar el delito de usurpación.

Pero surge una duda: ¿es más grave tomar sin violencia ni robo pero exigir contribuciones forzosas en un casino y en un local de comida con reincidencia que, en cambio, posesionarse con violencia y robo de una comisaría pero sin reincidencia? En esta última situación está el otro líder piquetero, Luis D'Elía, que penetró por la fuerza a la cabeza de un piquete en una unidad policial de La Boca y se robó en ese vandalismo un cuadro de Quinquela Martín. D'Elía jamás fue detenido en prevención ni un día, ni gestionado su desafuero porque es legislador bonaerense. Goza de total libertad sin amenaza próxima de enfrentar a un juez. Más aún, los fueros a él precisamente le son superfluos: como hombre del gobierno en la justicia «verbitskyana» de estos días ningún magistrado se ha atrevido a pedir su desafuero a la Legislatura bonaerense como si tomar comisarías fuera tan leve en equivalencia a, por ejemplo, saltar el alambrado en una cancha de fútbol. No entendería esto un jurista extranjero ni se le pasaría por la cabeza imaginar que en Estados Unidos o Europa un legislador al frente de una patota tomen por 12 horas una comisaría. El extranjero tiene que empezar por comprender que «la Justicia» en la Argentina es «masomenos» y más artesanal que de códigos. Ahí le surgirá con claridad porque los del exterior y muchos oriundos hablan de «inseguridad jurídica», un mal epidémico nacional que por retracción de inversiones y consecuente desempleo mata más gente indigente que el sida, los accidentes de tránsito y el «mal de Chagas» juntos, aunque su visualización sea menos fácil.

En la encuesta que hizo este diario en La Rural un detalle no menor es que Castells puede recoger casi 3% de los votos, lo cual significa que tanta detención lleva a la gente a la sensación de injusticia, sea o no así. No es fácil sostener en equidad jurídica que Raúl Castells tiene exceso de período de detención preventiva porque siempre hizo alarde de «mis prisiones» comenzando con una en Santiago de Chile por razones políticas hace 30 años, según cuenta el propio líder piquetero. Es un irritador callejero anarquizado y mal visto por la gente común pero casi inexistente como peligro para la Democracia cuando sí lo son funcionarios, asesores y aun candidatos de las listas electorales del partido gobernante para los comicios de octubre próximo. Castells es un pujador social equivocado pero con hallazgos como mantener obras asistenciales para desamparados en suburbios donde hasta fabrica productos, claro que sin pagar impuestos ni cargas previsionales. Tambiénhaber rechazado la vía fácil de cobrar dineros del gobierno y plegar sus masas piqueteras a escrachar políticos opositores o empresas extranjeras, además de quedar expuesto por esa negación a ser sumiso a las detenciones que padece. En vigencia de Justicia y equidad plena el accionar pasado de Castells y sus huestes lo hace insalvable. En el panorama de este momento político es menos culpable que culpables peores, sueltos y protegidos.

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