Los Kirchner persisten, como los militares, Alfonsín, Menem y Duhalde (ahora en idilio total) en la ambivalente relación con el monopolio «Clarín». Primero les ceden negocios rendidores y, luego, se exasperan contra ellos cuando los imaginan críticos. Ayer, en un acto de Cristina de Kirchner, con carteles prolijamente preparados contra «Clarín» y TN, parecía este grupo económico el mayor opositor del gobierno. Una irrisión: justo el día después de que el matutino titulara su edición -con los problemas que tiene el país- con la venta de títulos universitarios «truchos» por Internet. Graciosa la propaganda oficial a favor del monopolio, más si la protagoniza el hijo del matrimonio oficial, Máximo, impulsor de la organización política que aportó los cartelitos. Parecía que Néstor había aprendido de sus antecesores.
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