Hugo Moyano informó ayer al resto de la cúpula de la CGT, en proceso de fractura, que Néstor Kirchner le prometió convocar para el próximo lunes al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Confió en que el Presidente autorizará una suba de $ 50, no remunerativos, en los salarios de toda la economía. Lo dijo suelto de cuerpo, sin advertir la tensión que esconde ese trámite. Porque, cuando Kirchner prometió esa mejora, Roberto Lavagna no había denunciado todavía al «populismo setentista». Ese planteo interno del ministro modifica el contexto de la reunión prometida por el Presidente para el lunes. ¿Quién retrocederá? ¿Kirchner con su compromiso o Lavagna con sus advertencias? Nadie se hizo esa pregunta ayer entre los sindicalistas, entreverados en otras discordias, al parecer definitivas.
Andrés Rodríguez, conciliador, pidió a los contendientes que se tomen el tiempo que necesiten pero que lleguen a un acuerdo. Barrionuevo propuso una reunión en su gremio, que se realizará hoy a las 18. A esa altura, todavía no se había desencadenado lo peor de la disputa, por lo que Moyano, con tal de conseguir el apoyo de los «gordos» para su candidatura única, admitió que se ponga en suspenso el dictamen de la comisión arbitral que, presidida por Oscar Mangone, le asignó los empleados de Coto a Moyano.
Agotados por ese tramo del encuentro, los sindicalistas pasaron a discutir la cuestión salarial. Moyano contó que Néstor Kirchner le había prometido convocar al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil para el lunes, de tal manera que se resuelva rápidamente un aumento no remunerativo de $ 50 para toda la economía. Es cierto que cuando el Presidente formuló esa promesa, Roberto Lavagna todavía no había lanzado sus advertencias contra el « populismo setentista». ¿Quién deberá retroceder, él con sus admoniciones o Kirchner con su compromiso?
Para los jefes de la CGT el problema, ayer, era otro. Antes de fin de mes debían resolver la identidad de la comisión que concurrirá a la Asamblea de la OIT en representación de la Argentina. Los «gordos» propusieron que viajaran los tres secretarios generales. Pero Barrionuevo propuso a Cavalieri: no por afecto al principal adversario de Moyano sino porque, de ese modo, se evitaría la participación de Rueda en esa cumbre. Se resolvió que viajen, además del mercantil, Rodríguez, Gerardo Martínez y el propio Barrionuevo.
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