El domingo próximo, los ciudadanos argentinos cumplirán por 27ª vez desde 1853 con el ritual de la elección de la fórmula de presidente y vice de la República. En ese lapso, y a partir de 1930, en 6 oportunidades los mandatarios electos fueron derrocados por golpes militares, interrumpiendo así sus mandatos constitucionales. En ese lapso, y particularmente a partir de 1916, con la instauración de la Ley Sáenz Peña -de voto secreto y obligatorio, amén de la seguridad de los comicios en manos de las Fuerzas Armadas y el empadronamiento de todos los ciudadanos varones-, la participación fue amplia. Salvo entre 1955 y 1973, cuando el peronismo, luego rebautizado como justicialismo, estuvo poscripto. Sin embargo, como un hecho destacable, sobre todo para las nuevas generaciones de ciudadanos, en esta oportunidad se cumplen casi 20 años desde la instauración de las instituciones democráticas -un hecho inédito desde 1928-, y será el paso previo al 5º relevo presidencial que, como ocurrió en julio de 1989 y ahora el próximo 25 de mayo, se verificará antes del vencimiento del mandato, que debería ocurrir el 10 de diciembre. En ambos casos, debido a la renuncia anticipada de los presidentes. Modificada la Constitución nacional en 1994, la elección presidencial será directa -la tercera-, y sólo eso se votará. Salvo en las provincias de La Rioja, Santiago del Estero y San Luis (ésta en forma parcial), que además, harán la elección local. También debe registrarse como un hecho inédito que los grupos políticos que protagonizaron el bipartidismo en los últimos 60 años -peronistas y radicales- irán divididos en esta oportunidad en tres fórmulas distintas cada uno, desnudando la crisis que conmociona a los partidos políticos, desacreditados frente a la sociedad. El PJ anota a Carlos Menem-Juan Carlos Romero, Adolfo Rodríguez Saá-Melchor Posse (un veterano radical, este último) y Néstor Kirchner-Daniel Scioli. Por su parte, el radicalismo llevará una fórmula oficial, con Leopoldo Moreau-Mario Losada, pero también ha anotado a ex radicales connotados como Ricardo López Murphy (junto con Ricardo Gómez Diez, un conservador salteño) y Elisa Carrió (que lleva a otro conservador, Gustavo Gutiérrez, pero de Mendoza).
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