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«Preferí no responder agravios porque mi idea de una nueva política no puede dar cabida al discurso del odio y la mentira», afirmó y pidió apoyo para la segunda vuelta.
En ese clima, el macrismo empezó a construir anoche la ilusión de la victoria definitiva. En ese diseño, que semeja un rompecabezas, conviven desordenadas algunas pocas certezas -lo son, al menos, para los macristas- con una serie de presunciones y deseos.
La esperanza de Macri se sustenta en lo que, anoche en su comando de campaña, definían como el peor traspié de Ibarra de cara al ballottage: fracasó -dijeron- la pretensión de instalar como eje de la elección que «Macri era Menem y que Ibarra era Kirchner».
Aunque con moderado optimismo, los voceros de Compromiso para el Cambio salieron como un ejército a reforzar ese dato para explicar por qué, según su óptica, el resultado de ayer precipitará un triunfo de su candidato en la segunda vuelta prevista para el 14 de setiembre.
Por turnos, el vice de Macri, Rodríguez Larreta (h), Jorge Vanossi, Jorge Argüello, Diego Santilli y Jorge Enríquez, entre otros, se dedicaron a potenciar esa tendencia basada en los siguientes elementos:
• A Ibarra no lo votaron 7 de cada 10 porteños porque, según dijeron los macristas, «no compraron la historia que quiso vender» el frentista respecto de que en la elección porteña se enfrentaban Macri, como un delegado del menemismo, contra Ibarra, como representante de Néstor Kirchner. «Los porteños votaron con autonomía y mirando a la gestión», repitieron los voceros del macrismo que aportaron otras dos impresiones: en la presidencial, 84% de los porteños votaron contra Carlos Menem pero a Macri lo votó casi 40%, mientras Kirchner tiene una imagen positiva superior a 70% pero a Ibarra lo votó menos de 35%.
• A partir de eso daban por cierto que en la elección de ayer Ibarra casi «tocó» su techo electoral -alguien la comparó con la primera vuelta de Menem- y que le resultará «muy difícil sumar nuevos votos». En el comando se especuló con que la orientación del voto fue en función de la evaluación de la gestión de gobierno no a partir de lo figura de cada candidato. Es decir, fue un castigo que Ibarra -siempre según la visión del macrismo- no podría revertir. En la misma dirección, advertían que «fracasó» su táctica de ataque personal. «No tiene nada más con qué atacar a Mauricio», decía ayer el riverplatense y peronista Santilli.




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