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7 de noviembre 2006 - 00:00

Relevó Kirchner a Schiaffino en la Fuerza Aérea

¿Comenzaron los cambios de nombres en el elenco oficial con este gobierno que empieza a ensayar algún giro? Se cumplió la esperada capitulación a la reelección de Felipe Solá. En el mismo día Néstor Kirchner indujo otro cambio que caía de maduro, el del jefe de la Fuerza Aérea, Eduardo Schiaffino, un hombre cercado por críticas desde que asumió. Debió sortear la crisis de las narcovalijas, el mal estado de los aviones presidenciales, el descontrol de la aviación civil, la pelea con la nonata policía de aeropuertos. Es anecdótico el final. No lo es el rumbo que le da el gobierno a esta fuerza militar, que en el resto del mundo está a la vanguardia de las otras de tierra y mar porque es el eje de la guerra moderna. Sin anteojeras belicistas basta como prueba comparar lo que hacen los países de la región con sus aeronáuticas.

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Nilda Garré se reunió con Néstor Kirchner minutos antes de anunciar el relevo del jefe de la Aeronáutica, Eduardo Schiaffino, cercado por la crisis de la fuerza desde el caso del tráfico de drogas en aviones civiles que debían controlar militares.
El relevo del brigadier general Eduardo Schiaffino, titular de la Fuerza Aérea Argentina, es una de esas crónicas cuyo final estaba explícito desde el mismo momento de su designación, sólo era cuestión de tiempo.

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La capacidad del aviador elegido por Néstor Kirchner, luego del affaire de las valijas con cocaína que se llevó la anterior cúpula, no alcanzó para enderezar una fuerza acosada por problemas de todo pelaje.

Desde la ausencia de control en organismos que ejercían autoridad en el negocio aerocomercial, la falta de comunicación con el Ministerio en asuntos sensibles como la participación de un oficial en actividad en aquella conmemoración de la Plaza San Martín, hasta rebeldías internas por excesos en la supervisión de personal en la base antártica de Marambio. Pero la actitud de Schiaffino ante Kirchner en aquel mediodía del viernes 27 de octubre previo a las elecciones en Misiones disparó la orden final.

En efecto, el ex jefe de la fuerza había olfateado el aire político en repetidas oportunidades y conocía la intención de relevo que anidaba en la ministra de Defensa. Esperó que la funcionaria se ausentara a Francia, Rusia y Ucrania para llevar adelante la jugada fatal. En compañía del secretario general de la fuerza, brigadier Horacio Bosich, se presentó en la plataforma militar del Aeroparque y al pie del T-01 intentó cruzar una palabra con el Presidente en búsqueda de apoyo. Una mueca y un gesto negativo con la mano fue todo lo que consiguió de Kirchner y, por supuesto, el fin de su carrera en las armas. No le alcanzó para permanecer en el cargo ni siquiera una iniciativa para embellecer la plaza de El Calafate con el viejo DC-3 Independencia, que cumplió funciones de avión presidencial en tiempos de Arturo Frondizi.

Atreverse a franquear límites fue una osadía que pagó con el puesto, aunque la mochila de Schiaffino ya estaba repleta de límites excedidos. Entre ellos, uno causó muy mal humor en los brigadieres y llegó a conocimiento de Garré: encabezó la reunión de la Junta de Calificaciones para ascenso a brigadieres. No hay una regla escrita, pero entre los uniformados, sea por ética o decoro profesional, el titular de la fuerza nunca está presente para no condicionar las decisiones de quienes deben considerar los pliegos de subalternos. El brigadier Normando Costantino, el nuevo jefe, es veterano de Malvinas, voló

Dagger y A-4B, su especialidad es de aviador de combate ( cazador), egresó de la Escuela de Aviación Militar en 1973. Hasta ahora era el jefe de Personal de la Aeronáutica.

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