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15 de agosto 2002 - 00:00

Rodríguez Saá

Ya hemos publicado en este diario la semblanza de tres candidatos al proselitismo que viene. Fueron Carlos Reutemann (en ese momento lo era), José Manuel de la Sota y Elisa Carrió. Hoy sumamos al ex gobernador de San Luis.

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Para Rodríguez Saá todas las adhesiones valen en su avance hacia la Casa Rosada, por ejemplo las de Aldo Rico y Hugo Moyano.

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Aunque proviene de una administración provincial libreempresista, conservadora -y hasta feudal o de derecha según sus críticos-, su fama se incrementó con el default y por haber recibido a las Madres de Plaza de Mayo además de sus exageraciones (decir que iba a privatizar del Obelisco a la Casa Rosada) en esos 7 días de presidente que conmovieron al país. No fue lo único inolvidable de esa semana presidencial suya en la cual debe por un lado difusión nacional y algo externa gratuita. Pero también que los moderados le sigan desconfiando. Hubo bochornos como sus designaciones: ministro de Economía al duhaldista Rodolfo Frigeri, ya entonces y más hoy con serios problemas jurídicos por su devastadora presidencia en el Banco Provincia de Buenos Aires; Carlos Grosso resurgido que citó su inteligencia contra «un prontuario»; José María Vernet que cuando le preguntaron si iba a ser «canciller» respondió: «No, ministro de Relaciones Exteriores»; un ensoberbecido David Espósito que apenas presidió un día el Banco Nación y le tuvo que pedir la renuncia. Además, en esos 7 días promesas de dudoso cumplimiento (una millonada de empleos), improvisaciones varias y hasta su propia renuncia que aún le cuesta explicar.

Sin embargo, remontó esa imagen o la diluyó en muchos y hasta se podría decir que también capturó nuevas voluntades por anunciar el no pago de la deuda externa, lo que revela que existe una Argentina subyacente -y que muchos no entienden- dispuesta a violar contratos y no honrar obligaciones, representada no casualmente por un Congreso de pie aplaudiendo esa decisión, durante el interinato de Rodríguez Saá frente a su anuncio.

Porque Rodríguez Saá ha descubierto la conveniencia no sólo de ir por afuera del justicialismo, sino que persigue la creación de un movimiento que lo impulse: vasto, heterogéneo, contradictorio, voluble, sin demandar currículums o antecedentes. Primero la bolsa, después la vida. Finalmente, es un peronista y su modelo original intenta copiarse de lo que hizo el general en la década del '40. Cuando se cuenten los votos se sabrá de su imposible utopía o de la eficacia de su plagio.





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