Fueron dos puñados de no más de 50 personas que, en un simulacro de táctica militar, avanzaron desde dos flancos sobre la plaza San Martín, donde grupos más numerosos se alistaban para participar de lo que definieron como homenaje a las «víctimas del terrorismo».
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La custodia de casi 200 efectivos impidió el choque que las columnas de Convergencia Socialista (CS), que se concentró en Florida, y de la Asamblea de San Telmo, que bajó por Santa Fe, lleguen hasta el escenario. Antes, la Policía los bloqueó a 80 metros.
Críticos de Néstor Kirchner -a quien el lunes le pedirán con un campamento frente a la SIDE que abra los archivos de los organismosde inteligencia- esos grupos ultras lograron su objetivo: enrarecer el acto donde, dijeron, se defendía «a genocidas».
El avance desordenado hacia la plaza, unos por Florida, los otros por Santa Fe, obligó a intervenir a los uniformados y generó, además, la reacción de unas quince personas que retrucaron, desde atrás del cordón policial, con el grito de « asesinos».
Fue el momento de mayor tensión: en realidad, el único en que militantes de ambos sectores estuvieron frente a frente -con la Policía de por medio- y se lanzaron, desde lejos, amenazas a los gritos.
Por eso, además de cuestionamientos a «Martínez de Hoz, Videla y Harguindeguy, los verdaderos organizadores», no esos «idiotas útiles» que «ahora ponen la cara», según Juan Carlos Beica, de CS, se apuntó además a la Casa Rosada y puntualmente a Aníbal Fernández.
«En vez de vigilar a los que están ahí, responsables de la desaparición de 30 mil personas y de Jorge Julio López», Kirchner «manda a la Policía» a «cuidarlos y a protegerlos», dijo Oscar Kuperman.
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