ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

24 de junio 2008 - 00:00

Salir de la escena, como hace la polémica Bruni

ver más
Carla Bruni
¿Tomará conciencia el gobierno alguna vez del daño que le ha causado el ofensivismo de un ex presidente que no se asume como tal?

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Repasemos el resultado de sus últimas iniciativas. Bombardeo publicitario en radio y televisión, miles de afiches en la calle, inédita conferencia de prensa, activación de todo el aparato movilizador, convocatoria imperativa a gobernadores e intendentes, cadena nacional para que lo vea todo el país; impresionante despliegue y gasto para un acto y un discurso dedicados a estigmatizar a «cuatro personas a las que nadie votó».

Un observador imparcial preguntaría: ¿dónde está ese cuarteto de genios que logró poner a todo un gobierno en estado de alerta y movilización? O quinteto, ya que el gobierno se encargó también de potenciar el liderazgo de Alfredo de Angeli.

El resultado de esa campaña es que cualquier flexibilización -el envío del proyecto al Congreso, por ejemplo- será leída como una conquista de estos cuatro « magníficos» señalados por el gobierno en carteles a los que sólo les faltaba la palabra «buscados». El gobierno se cansó así de increpar a los referentes con los que ahora se sentará a hablar. Salvo que pretenda reeditar anteriores desencuentros, habrá logrado lo contrario de lo que buscaba, porque cualquier apertura tendrá visos de rendición y engrosará el activo de la dirigencia rural.

  • Clamor

  • Esto no será más que la culminación de una larga cadena de «logros» del kirchnerismo. Cuesta creerlo, pero el «setentismo antioligárquico» ha convertido, por primera vez en la historia, a un presidente de la Sociedad Rural Argentina en un hombre popular. «¡Luciano, Luciano!», fue el clamor, en una plaza colmada en Santa Fe, el día que el gobernador de esa provincia recibía a la dirigencia agropecuaria.

    Para contrarrestar la protesta que se extendió en todo el país por la detención de De Angeli, el gobierno no tuvo mejor idea que repetir la exhibición de una fuerza fundada en el aparato.

    ¿Qué quiso demostrar? ¿Que el poder disuasorio de los porcentajes de coparticipación menos federales de la historia sigue en pie? ¿Que, sirviéndose de los recursos públicos, llenan una plaza con gente tan desmotivada que se empieza a retirar antes de que termine el discurso? Los ruegos de la Presidente para que enrollasen los carteles fueron prolijamente ignorados. ¿Cómo pedirles que no los muestren si para eso fueron? Para poder «hablar con Julio», que no es Cobos, primero hay que hacer acto de presencia; no se puede ser «tibio». Ni hablar de los bombos, que no paran de sonar mientras la señora habla, en un estruendo que ilustra la clase de comunicación que hay en esos actos. Son parodias de los verdaderos mítines políticos donde, aunque haya decenas de miles de personas, se entabla un diálogo entre el orador y el público. En concreto, otro «logro» del gobierno fue someterse a una comparación totalmente desfavorable con los actos -disciplinados, ordenados y muy politizados- del sector agropecuario.

    Hasta ahí el grotesco. Pero no faltó el elemento de tragedia que resaltó aún más el carácter clientelar de estas concentraciones, porque Carlos Marriera, el joven desocupado tucumano que falleció accidentalmente en la Plaza, «no tenía militancia política», como explicó su padre. En un hecho que debiera interpelar la conciencia de los políticos, el muchacho vino al acto porque quería conocer la Capital.

    Rifar un resultado electoral en el tiempo récord de siete meses no es para cualquiera. Y éste es el «logro» más preocupante. De tanto denunciar que el campo tiene «ánimo destituyente», que «esto es por el poder», que «vienen por todo», mientras el conflicto se eternizaba, fue el propio oficialismo el que puso el tema de la gobernabilidad sobre la mesa. El gobierno fue el primer desestabilizador de sí mismo.

    Paradójicamente, al revés de lo que se piensa en Olivos, las chances de rehabilitar la autoridad presidencial descansan hoy en el ingreso de otros actores en la escena: el Congreso y la Justicia. Y, fundamentalmente, en que Néstor Kirchner se decida a emular a Carla Bruni, quien acaba de anunciar que no actuará más en público mientras su marido, Nicolas Sarkozy, sea presidente.

    Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias