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Pero a quien el tema del reloj subleva es a Jorge Remes Lenicov, quien hace una semana soñaba que Diputados sesionaría en Semana Santa para aprobarle cuatro leyes (quiebras, subversión económica, etc.) y desde ayer se podría consumar un pacto con los gobernadores, con la oposición y cuantos más quisieran participar para explicarle al mundo que la Argentina -con discurso mediante-es un país sensato, con sentido común, que honra sus deudas y no malgasta. Todos se fueron de Pascua, la casa estuvo en orden y, por supuesto, nadie hizo nada.
Al contrario, se actuó en otra dirección. Mientras el ministro confiaba que Duhalde había entendido todas las señales externas, de amigos y ajenos, sobre la conveniencia de entenderse rápido con el Fondo Monetario Internacional («la única puerta de acceso al mundo», como bien le explicaron mandatarios europeos, no norteamericanos, quienes ya desistieron de cualquier razonamiento posible con la Casa Rosada), el fin de semana prefirió otra compañía: estuvo casi tres horas con Daniel Carbonetto, un rezagado de la década del '70 que asesoró al peruano Alan García y todavía no está satisfecho con haber roto el modelo, devaluado, pesificado, y haberse alejado de la civilización. Hoy es diputado por las listas de Luis Farinello. Por si no le alcanzaba esa doctrina, Duhalde también aceptó dócilmente los consejos del retirado monseñor Raúl Primatesta, quien le recomendó -como si la Economía fuera su métier-que el país debía cortar con el FMI.
A Remes lo compelía la prisa por la misión del FMI. «Dejámelo a mí», respondió Duhalde cuando se planteó la cuestión de Diputados y la de los gobernadores. Los legisladores ni sesionaron y ya hubo una provincia a la que le permitieron emitir $ 55 millones en cuasi moneda y, ya que están las planchas, produjo $ 90 millones. Después, se entiende por qué desde el FMI no le creen a la Argentina, a sus gobernantes. «No les creo ni que pusieran a Roberto Alemann como ministro», le confesó Anne Krueger hace poco a su mejor amigo en el país con la mejor bonhomía.
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