Apareció ayer una versión que en tiempos electorales se conoce como «campaña sucia». Un funcionario del Gobierno porteño acusó al candidato del ARI, Enrique Olivera, de tener cuentas bancarias en el exterior sin indicar si eran legales o ilegales. Más allá de calificar moralmente la mera tenencia de una cuenta, el recurso ya es más que remanido. Elisa Carrió respondió denunciando hasta a Néstor Kirchner no sólo por un hecho similar, aunque en el caso de Olivera sostiene que es mentira. También aludió a la aparición de supuestas máquinas de coser con su foto, a la demora en acreditarle fondos estatales de campaña y la conversión repentina de aristas al Frente para la Victoria. Un lamentable epílogo para una campaña que no se caracterizó por ventilar ideas.
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