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Porque nadie puede olvidar que desde 1987 el peronismo gobierna el corazón de la inseguridad bonaerense. Ininterrumpidas gestiones de Antonio Cafiero, Duhalde, Carlos Ruckauf y Solá. Ellos mismos iniciaron, prolongaron o exacerbaron un problema de violencia que hoy conmueve a los ciudadanos. Aunque para ellos, en la intimidad, esa realidad «es una desaforada histeria de la clase media con la ola de secuestros, asaltos y asesinatos». Hasta que les tocó a ellos, claro, como el caso del hijo del vecino y político obediente de Lomas de Zamora, Osvaldo Mercuri. Carguen o no con la culpa, lo cierto es que el peronismo bonaerense --siempre asociado, por otra parte-es el responsable del caótico estado.
Más Duhalde, sin duda, ya que estando o no en la administración, siempre impuso su poder. Vale recordar que inventó juristas para convertirlos en políticos o políticos transformados en juristas. Sin prejuicios y cambiando más que el clima, pasó de la «mejor policía» a «la más corrupta». Ningún caso le dio réditos, todo empeoró. Si hoy recurre a Arslanian, seguramente por falta de consenso en otras personalidades, es para repetir una telenovela con exangüe rating, concluida antes de tiempo y de forma poco honrosa para las partes. A mediados de 1999, por el incremento de la inseguridad, Carlos Ruckauf -entonces candidato a gobernador portando un rosario y con el «metabala» en la boca-lo desacreditó ante Duhalde y Arslanian debió partir tapándose la nariz, advirtiendo que la derecha más reaccionaria se apoderaba del distrito. Apuntaba en sus declaraciones también contra el ex juez Jorge Casanovas, entonces asesor de Ruckauf, hoy diputado y paradójicamente también consultado por la Casa Rosada para la nueva comisión. Ahora, para todos los protagonistas, parece que no hay diferencias ideológicas y que «la histeria de la clase media» se contagió al gobierno.
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