Siempre nuestros presidentes aspiran a ser el Big Bang de un nuevo universo político nacional
Ayer, lunes, se han cumplido los 100 primeros días de la gestión del nuevo presidente Dr. Néstor Kirchner. Se han conocido en medios, minuciosos detalles de medidas adoptadas y hechos acontecidos. Creemos que el lector de un diario como Ambito Financiero prefiere que se las enumeremos con la opinión de sus principales periodistas en consulta, en varios casos, con representantes de las fuerzas vivas de la comunidad aunque, por supuesto, nunca se alcanza unanimidad. La principal conclusión es que es tan compleja la personalidad del primer magistrado, tan llenas de acechanzas están las perspectivas -a riesgo tanto de alarmar como de exagerar- y tan poco el acceso al Dr. Kirchner -de cualquiera, no sólo de periodistas- que seguramente se necesitará mucho tiempo más para opinar con seguridad, aunque se avecinan acontecimientos que obligarán a algunas definiciones que permitan conocer más a la población. Hoy por hoy, la impresión -que crea mucho temor a gente moderada- es que el Presidente no quiere hablar mucho para no alertar sobre algún propósito terrible que sólo podrá desnudar cuando tenga otra base de sustento. Por lo mismo se puede pensar que sea al revés: si se muestra moderado, se puede comprar el problema que tiene Lula Da Silva en Brasil con los ultras. También, en definitiva, puede querer abrirse recién cuando tenga más definido el panorama político nacional, al menos en octubre o más hacia fin de año. Debemos analizar lo que hay hoy.
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Estos 100 días entonces no han clarificado hacia dónde va la Argentina. ¿Repartir lo que no tenemos luego de cuatro años seguidos de recesión y dos de crisis? ¿Descolgarse del mundo, repudiarlo y asentarse quizá, aunque no esté definido, en formas extremas de socialismo con posturas hegemónicas.
Carlos Marx soñaba con mil años de dictadura del proletariado, hasta terminar con el Estado y formas sanas de producción. Duró apenas 75 en dos quintas partes del mundo. También aspiraba a mil años Adolf Hitler para su creación del Tercer Reich. Duró 12.
Nosotros, desde el subdesarrollo, aspiramos a tener «objetivos y no plazos» (general Onganía en el golpe de 1966). Duró 4 años.
• Conclusión
Veamos una síntesis de qué hizo el gobierno de Néstor Kirchner en estos primeros 100 días con una conclusión principal que emerge por todos lados: ni la sociedad argentina ni el exterior saben hacia dónde vamos, cómo saldremos de la encrucijada, con cuánta dureza, en cuánto tiempo. No sabemos tampoco cuántos meses -o años- seguiremos manteniendo la ilusión de «podría ser peor» si está sustentada en «precios máximos» (tarifas), «congelamientos» (salarios), retraso tecnológico, descapitalización de empresas, «ganancias» de balances por inflación y burla a los acreedores.
Todas estas dudas se disimulan con eufemismos. «El gobierno no tiene plan económico» o el temor a un vuelco al castrismo llamándolo «ideologización». Es, en definitiva, no haber decidido cuál de las cuatro formas de gobiernos posibles vamos a adoptar. El día que se lo resuelva se sabe casi en el acto cuál es el «plan económico» porque no es secreto saber qué tipo de medidas requieren y qué significará políticamente.
No sincerarnos y fundamentalmente no optar ya por un camino -que nunca significa drasticidad ni injusticias sectoriales- hizo que no surja optimismo de estos 100 días cuando lo extenso de la crisis está indicando la necesidad de que no derrochemos más el tiempo, que nos definamos.




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