Con fruición, el periodismo ensayó la teoría de que el embajador de Venezuela en la Argentina, Roger Capella, regresó a Caracas para nunca más volver (al menos, como diplomático). Así explicaban el estado de tensión entre las dos naciones, explosivo desde la salida de Luis D'Elía de la función pública (cuando demostró que servía con más enjundia a Hugo Chávez que a Néstor Kirchner). Sin embargo, de acuerdo con fuentes fidedignas, el embajador permanece en la Argentina -no se sabe si volverá a su país para votar este domingo- y, en apariencia, mantendrá posición, cargo y relación con la Casa Rosada (y sus ministerios). En rigor, tendría cierta lógica esta continuidad a pesar de lo que se le hizo expresar al periodismo por los lamparazos con fusibles como D'Elía: es que el gobierno se pegó a George W. Bush cuando éste atraviesa su peor momento en los Estados Unidos y parecía alejarse de Chávez cuando uno de sus conmilitones, Daniel Ortega, ganó la presidencia de Nicaragua, lo mismo acaba de hacer Rafael Correa en Ecuador y, el próximo domingo, el venezolano general confirmará su reelección en comicios con voto electrónico (con lo cual, ahora se empezará a sospechar de ese sistema). Un recetario de equívocos del gobierno, notoria falta de visión sin que nadie sepa si hay que atribuírselo al canciller Jorge Taiana, de viaje por China y casi nunca consultado por el Presidente.
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