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11 de octubre 2007 - 00:00

Sólo para adictos: cómo hay que llamar a Cristina

Desde aquel congreso peronista de Parque Norte de "alta peluquería" (Aníbal Fernández dixit), donde acusó a Hilda Chiche González de Duhalde de portación de apellido, Cristina de Kirchner abruma, en privado y hasta desde algún escenario, con la advertencia de que no la llamen por el apellido de su marido. Ahora, para despabilar a punteros distraídos y atolondrados, la campaña oficial difundió un manual de instrucciones que indica cómo se deben referir a la primera dama. Se prohíbe allí taxativamente que se la mencione, tanto sea oralmente o a través de impresos, como "Cristina Kirchner" o "Cristina de Kirchner", mientras sugiere -más bien ordena- que se refieran a la candidata como "Cristina Fernández de Kirchner", "Cristina" a secas o "Cristina presidenta". Más que una cuestión de identidad parece, en esencia, un inconfesado celo, sensible a que nada opaque su estrella.

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Sensible a que nada opaque su estrella, al punto que le gusta decir que es anterior a su marido, Cristina de Kirchner les prohibió a sus punteros que en la campaña electoral utilicen esa denominación o, la más simple y callejera, Cristina Kirchner.

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El manual de campaña que la candidata expone en una de sus páginas Web indica que en la difusión «verbal» o en «material gráfico» no podrá utilizarse «Cristina Kirchner ni Cristina de Kirchner».

Oferta, para orientar a los adormilados, las formas «Cristina» a secas, «Cristina Fernández de Kirchner» o, incluso, «Cristina presidenta». No aclara, en cambio, si autoriza o no la aplicación del modo limitado a su apellido de soltera: «Cristina Fernández».

En estas horas, desde los paredones -y desde la TV-el oficialismo estrenará la segunda etapa de la campaña de la primera dama luego de haber insistido, en el primer tramo, con la defensa y exaltación de la accidentada Concertación que encarna con Julio Cobos como vice.

Ese esquema estuvo acompañado por un eslogan ligado a la continuidad que supone un mandato de la senadora tras la gestión de su marido, Néstor Kirchner. Usó el concepto de «sabemos lo que falta, sabemos cómo hacerlo».

Ahora, apenas más jugada, los campañistas -que deben remar todo el tiempo contra la tendencia a la quietud de Alberto Fernández-incorporaron definiciones más específicas: hablan, por caso, de Justicia, de seguridad y hasta hay una referencia velada a Roberto Lavagna.

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    «Logramos que si se va un ministro de Economía no temblemos todos», rezan los afiches que se agotan en un ícono: el sol de la Bandera argentina, acompañado por la firma «Cristina, Cobos y Vos».

    Otra variante dispara contra la Justicia: recuerda la reforma de la Corte Suprema y promete lograr que «cada juzgado» sea «imparcial y transparente». La candidata bordea, de ese modo, un tema hipersensible: el descreimiento sobre la efectividad de la Justicia.

    También hay un modelo para el asunto que, según todos los sondeos, más preocupa en la calle, al menos en Capital Federal y el conurbano bonaerense: la inseguridad.

    Pero se aborda de una manera curiosa y hasta polémica: «Logramos que el que viole los derechos humanos sea juzgado y castigado. Ahora hace falta que ningún delincuente quede impune».

    A simple vista podría dar argumentos a los que acusan al gobierno de influir sobre los jueces para que reabran las causas por derechos humanos, ya que se atribuye a Kirchner haber «juzgado y castigado».
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