El radicalismo pactista con Néstor Kirchner ejecutará el fin de semana una jugada para tratar de revertir el revés que, todo indica, asoma inevitable: a cómputos de anoche, el pro lavagnismo de Raúl Alfonsín dominaba, con cierto margen, la Convención Nacional partidaria.
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La excusa es mostrar al «radicalismo que gobierna» y coquetear con Kirchner. Pero el objetivo de la cumbre de gobernadores y alcaldes, de mañana en el Centro Asturiano, es ensayar un golpe de efecto en la pulseada partidaria programada para fin de agosto en Rosario.
En ese encuentro, Alfonsín y el jefe de la UCR, Roberto Iglesias, planean encolumnar al radicalismo oficial, con sello, boina blanca y marcha, detrás del ex ministro-queamenazaser-candidato Roberto Lavagna, anulando la opción de otras alianzas electorales.
Justamente, como anticipó este diario en su edición del martes, la pretensión de los radicales K es imponer en la asamblea partidaria que sesionará en Rosario el 25 y 26 de agosto un régimen de libertad de alianzas para, obvio, colgarsede la boleta de Kirchner. El panorama, hasta anoche, favorecía al bloque que repudia un acuerdo con el patagónico sin que eso, necesariamente, implique aplaudir o brindar por un acuerdo potencial con el ex ministro Lavagna.
La ecuación es sencilla: la UCR gobierna seis provincias. En las 18 restantes es oposición y compite contra el PJ que, salvo casos puntuales, tiene el auspicio de la Casa Rosada. Por tanto, esos radicales son territoriales opositores: en lo local y en lo nacional.
Genialidad
Más simple: para esos radicales desterrados, Kirchner no es una opción ni ellos lo son para Kirchner. La alquimia Lavagna aparece, entonces, como una genialidad de Alfonsín que promete un futuro moderadamente auspicioso.
Contra la promesa en pañales que es Lavagna, deben lidiar los radicales K que, en cambio, más que beneficiarse con las bondades de Kirchner -obra pública, subsidios, cobertura política, ATN- necesitan estar en buenos términos con la Casa Rosada.
Para la UCR con cargos ejecutivos, que ahora aparece estrechamente vinculada a Kirchner, tampoco parece una alternativa -inocua, al menos- posicionarse en la oposición.
Proyecciones al margen, en el Centro Asturiano, sobre avenida Del Libertador, reducto típico de las tenidas radicales, mañana se reunirán cinco de los seis gobernadores de la UCR y, según la organización, unos 250 intendentes y jefes de comuna de todo el país.
El mendocino Julio Cobos -que hoy hará una previa con radicales porteños (ver nota aparte)- el correntino Arturo Colombi, el santiagueño Gerardo Zamora, el rionegrino Miguel Saiz y el catamarqueño Eduardo Brizuela del Moral estarán -salvo un imprevisto- en el Asturiano.
Cada gobernador promete, a su vez, aportar una tropa de intendentes de su provincia. Doble dúo de anfitriones, Gustavo Posse de San Isidro y Enrique «Japonés» García de Vicente López, se movían ayer convocando por cuenta propia a alcaldes extrabonaerenses.
¿Razones? Básicamente una: a los gobernadores, algunos con crisis internas en sus partidos, les resultaba « costoso» subir a los alcaldes a los micros rumbo a Vicente López porque les reclamaban «pagos» -políticos, claro- por aparecer como capitanejos de los jefes provinciales.
Pretensión bloqueada
No ocurría eso en Buenos Aires, donde se espera un contingente de veinte jefes comunales, encabezados por Posse, García, el marplatense Daniel Katz y Helios Eseverri de Olavarría. Ficharán, además, dos delegados poderosos del interior: Héctor Gutiérrez de Pergamino y Mario Meoni de Junín.
Este tándem, con el aporte de Katz, fue el que bloqueó la pretensión de Alfonsín de que el Comité Provincia emita, semanas atrás, desde Brandsen, un documento de apoyo a Lavagna. Ahí también medió Margarita Stolbizer, que ahora fantasea con remontar el Encuentro de Rosario.
En el tumulto radical habrá un aparecido: Roberto Pórcaro, ladero de Carlos Zannini en Compromiso K, que promete aparecer en el encuentro de radicales que gobiernan encabezando un contingente de 70 intendentes de Entre Ríos, Córdoba, Neuquén, Catamarca y San Juan.
Gesto convivencial de un radical a otros radicales, Pórcaro junta en campamentos no UCR: se entromete solamente en las provincias donde los gobernadores responde al PJ o, como en Neuquén, a un partido provincial enfrentado con Kirchner, como es el caso de Jorge Sobisch.
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