Tras un extenso silencio muy emparentado con la inacción, la Casa Rosada acusó el impacto de la masiva marcha de protesta realizada este martes en Río Gallegos, en medio de una grave crisis provincial, y decidió tomar contacto con el obispo Juan Carlos Romanín para medir más de cerca el clima social y político santacruceño.
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El ministro del Interior, Aníbal Fernández, fue el encargado de dialogar con el combativo sacerdote salesiano que sobresale como cabeza de la multisectorial opositora que hoy ejerce un poder político y social tan grande en la provincia que la yerguen como un virtual gobierno.
Con un llamado telefónico el martes cerca de la medianoche, Fernández buscó alcanzar la mayor coincidencia posible con Romanín, criticando la actitud de Daniel Varizat, el dirigente kirchnerista que atropelló con su camioneta a una veintena de manifestantes el viernes pasado, un incidente que se transformó en la gota que rebasó el vaso del convulsionado distrito patagónico.
Ante el constante crecimiento de la figura de Romanín, Néstor Kirchner ha decido no perderle pisada. El religioso es una verdadera molestia para el Presidente desde que la situación provincial comenzó a complicarse a principios de este año. El sale-siano incluso es respaldado por el gobernador Daniel Peralta, hombre al que Kirchner ubicó al mando tras la renuncia de Carlos Sancho y que puso como condición para asumir que se integre a Romanín en la mesa de negociación intersectorial santa-cruceña.
La estrategia trazada ahora por Fernández es clara. Fingir desinterés o confrontar ya no se presentan como opciones viables para la Casa Rosada que, pese a su habitual cerrazón, comienza a evaluar el poder que adquiere el heterogéneo núcleo opositor e, incluso, ya convive con la posibilidad de caer derrotada en las elecciones de octubre y perder el poder nada menos que en la tierra natal de Kirchner.
Votantes
Aquí surge la figura del empresario Eduardo Costa, radical candidateado para la gobernación a la cabeza del megafrente opositor que integra a la multisectorial conformada por gremios, partidos políticos, la Cámara de Comercio, organizaciones sociales y, especialmente, a la Iglesia. Río Gallegos agrupa 40% de los votantes de Santa Cruz, una poderosa base para el antikirchnerismo que, de hecho, ya gobierna oficialmente desde la intendencia y ahora extraoficialmente vía la multisectorial.
Es inminente el lanzamiento del frente anti-K que encabezará Costa; se conoció ayer que el diputado nacional Eduardo Arnold decidió tomar distancia y mantener su interés por candidatear para la gobernación en su carácter de peronista opositor a la actual conducción provincial.
Mientras tanto, en la Casa Rosada mantienen estricta reserva respecto de la insostenible situación santacruceña, pero el obispo se encargó de revelar ayer que sostuvo un contacto con Fernández. Señaló que durante un diálogo telefónico se refirió a la necesidad de «seguir trabajando juntos por la paz y por la vida». A su vez, señaló que hablaron de «reconocer que lo que hizo el señor Varizat fue algo deplorable y que todos estamos en contra de eso».
De tensa relación con Kirchner, el prelado santacruceño advirtió, además, al gobierno: «En Santa Cruz, la tensión social se viene agravando desde el mes de febrero, y cualquier cosita la hace estallar, porque esto es una bomba». «Anoche estuvimos hablando de eso», puntualizó Romanín, en referencia al diálogo con el ministro del Interior.
Al decir del obispo patagónico, el incidente protagonizado por Varizat -ex ministro de Gobierno provincial-«quebró muchísimo» a la provincia, y subrayó que por esa situación «hay una mujer peleando entre la vida y la muerte».
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