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Bielsa protagonizó, de nuevo, una tropelía diplomática: lo obligaron a eludir entrevistas comprometidas con el rey de Marruecos y la cumbre preparatoria de países árabes y Mercosur, además de un fin de semana en La Mamounia (uno de los mejores hoteles del mundo con un tentador spa oriental del que seguramente no se privó Duhalde). Pagó por haber reconocido ante los senadores que el gobierno no actuó bien en el caso de Southern Winds, admitió que Kirchner se equivocaba al no recibir a los embajadores extranjeros, reveló que había una cláusula secreta en el convenio con China y se internó con poca felicidad para el Presidente en el pleito de la Iglesia con el gobierno. Si uno lo resume de ese modo, parece la opinión de un opositor; aún así, resulta poco justificable -si es cierto-anular citas internacionales sin justificativos serios. Hasta se puede pensar que, en orden a los castigos, el envío futuro de Bielsa a competir por la Capital será una forma del jefe de Estado para sacárselo de encima porque no lo soporta en su equipo (una forma de decir, claro, ya que ni siquiera se frecuentan), más que un recurso electoral porque es el único kirchnerista con cierto rating en las encuestas capitalinas.
Más pasto para las fieras de ese pensamiento: si inclusive el mandatario se enojó con su Canciller cuando éste lo defendió con su firma en un artículo que publicó en la revista «Noticias».
Con Jaime otro es el cuadro, aunque las derivaciones diplomáticas son iguales. Quitarles nivel a compromisos ya asumidos con China (nuevos préstamos, financiaciones para limpieza de ríos, convenios aeroespaciales, de comunicaciones y acuerdos ferroviarios, entre otros) no parece el mejor medio para mejorar relaciones con la potencia (la segunda económica del mundo) que le iba a quitar al país el peso de la deuda externa y que iba a convertir a Kirchner, ipso facto, en un cuadro de la galería histórica comparable a San Martín. Tampoco, se supone, que esa actitud sea una represalia a un gobierno que repite por todas partes que ninguna de sus empresas todavía se ha instalado en el país y que, en Brasilia ( durante la visita del presidente Hu Jintao), no aceptó sugerencias de un enviado oficial para que al menos se ofreciera una cobertura digna a los anuncios malogrados de un Plan Marshall con ojos oblicuos. El secretario Jaime, al revés de Bielsa, integra la lista de los preferidos de la Casa Rosada, pero el bloqueo de su viaje -por más atención a problemas locales del sindicalismo y de intereses aéreos que éste pueda brindarsupone otra falta de seriedad en política exterior.
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