Desde hace tres años vive en un country de Pilar, dato catastral que otorga una pizca de rigor al experimento que el kirchnerismo echó a rodar para Buenos Aires: la opción de que Julio De Vido también se ponga en carrera para gobernador en la provincia.
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Con menos pompa que el ensayo Alicia K., que se vocea en algunos despachos oficiales con ánimo distractivo -todo indica que la ministra será candidata en Santa Cruz-, entre intendentes y desde la cercanía íntima del ministro se activó el rumor del De Vido bonaerense.
Nacido en Palermo, pero santacruceño por opción -además de ser multifuncionario fue legislador de esa provincia-, el titular de Planificación aparece ahora en algunas mesas de arena de Buenos Aires para engordar el abanico de opciones del oficialismo.
Con Felipe Solá en el « nolugar» de querer ser pero no saber si podrá, José «Pepe» Pampuro en desaforada -y por ahora poco exitosa- etapa de instalación y Aníbal Fernández amesetado en un techo bajo, el kirchnerismo rastrea una receta para salir de ese laberinto.
Nadie lo dice con todas las letras. Pero entre los intendentes del conurbano, desde siempre amotinados contra Solá, la opción De Vido genera-euforia. Ninguno se anima a postularlo como, salvo casos puntuales, ninguno respaldó todavía a Solá, Fernández o Pampuro.
Es la lógica de los caudillos: patrones de un territorio, mostrar apresuradamente sus cartas puede acarrearles aislacionismo, olvido y/o embestidas contra su dominio local.
Frente a eso, prefieren el silencio pero la alquimia De Vido les suena grata.
Protagonista
En esta novela en gestación, hay un protagonista de peso inocultable: José López, secretario de Obras Públicas, es el lugarteniente de De Vido y quien actúa como nexo -apura o encajona cada obra- con los gobernadores y los alcaldes de todo el país.
El conurbano fue, sigue siendo, y quizá siempre será un fantasma para Kirchner. Por eso aplica un método de pactos bilaterales, mano a mano y sin intermediarios -aunque suele jugar el trío Julio Pereyra, Alberto Descalzo y Hugo Curto-, con los barones del Gran Buenos Aires.
De Vido y su apóstol López operan sobre ese universo, y siembran adherentes con el encanto de la billetera oficial. Ni Solá, ni Pampuro, ni Fernández -ni ninguno de los otros de los demás aspirantes, Balestrini o Massa- logran sintonizar con los intendentes.
A tal punto que una tarde de desasosiego, en una charla con intendentes, Solá dijo, no sin reproches, que «Kirchner era el gobernador del conurbano» por el vínculo directo que el Presidente mantiene con los jefes comunales. De Vido aceita día a día ese diálogo.
Como Alicia K., el ministro de Planificación figuró en la grilla por la gobernación de Santa Cruz. Pero el ministro, dicen en su cercanía, tiene la mirada fija en la Capital y en la provincia de Buenos Aires, viejo sueño de los pingüinos de dejar de ser periféricos. Deslizan, incluso, un detalle: aseguran que el Presidente le preguntó cómo se veía como candidato para competir en Buenos Aires. Según esa Biblia devidista -donde Kirchner pregunta en vez de dar órdenes- todavía no hubo ni una respuesta, ni una definición.
¿Es una prueba o un bluff? Como regla esencial, Kirchner deja circular. En definitiva, De Vido es un dirigente que le responde directamente y si su plan es «apropiarse» de la provincia, el ministro de Planificación le brinda garantías de fidelidad.
Más de un gobernador descubrió en la adultez su origen bonaerense. El antecedente más cercano es Cristina Fernández, que se postuló en la provincia luego de recuperar 30 años después su identidad platense y su simpatía por Gimnasia y Esgrima La Plata.
A la espera de una orden, hay aprestos de intendentes del PJ y el FpV, y de los sectores que responden a De Vido, que se unen bajo el paraguas de la agrupación Proyección 2007, que capitanea Roberto «Vasco» Olazagasti, colaborador del ministro en Planificación Federal.
«El objetivo es tener un armado territorial en la provincia que estará al servicio de Kirchner», comentan desde Proyección 2007 y se muestran más interesados en que De Vido enfile hacia la Capital. El experimento Buenos Aires empezó a respirar, aunque nadie, todavía, se haga cargo de la criatura.
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