Del pataleo al ring hay un trecho pero, fuera de libreto, un grupo de kirchneristas amenaza con romper la uniformidad que Néstor Kirchner pretende para el PJ bonaerense y amaga con presentar una boleta propia en las internas partidarias del 30 de noviembre.
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El «fronting» de esa jugada es el Movimiento Evita, club piquetero de identidad peronista, que comanda Emilio Pérsico en tándem con Fernando «Chino» Navarro. Pero, detrás, aparecen otros sectores y personajes: asoma Felipe Solá y hasta orbita Alberto Fernández.
La rebelión de los Evita, que se atajan ante el previsible aislamiento al que quiere someter al resto de las bandas K el PJ esencial del conurbano, podría desteñir la pacífica proclamación de una nueva cúpula, bendecida por Kirchner, en el peronismo de Buenos Aires.
Y no todo termina ahí: Alberto Balestrini, postulante a jefe por bondades del dedazo patagónico, ha planteado que tampoco está dispuesto a ser un observador ingenuo en el diseño del peronismo versión 2008 y pide poder de veto en las nominaciones del resto de la mesa.
Un dirigente que lo vio en estos días tradujoel pensamiento vivo de Balestrini con una frase: «No quiere ser el maquinista del tren fantasma». Es decir: no le agrada la idea de presidir un PJ que amontone a dirigentes inventariados, desde hace años, en el partido.
Objetivo
Pero, en definitiva, Balestrini suele decir que la coronación de su carrera política, con algo más de 60 años, sería presidir el PJ bonaerense. Y, con ese objetivo, quizá no haga objeciones ampulosas a las boletas que negocien los caciques y caciquejos territoriales.
Quizá la única excepción sea la Tercera Sección. Es cierto que Balestrini se reconcilió con dirigentes, sobre todo intendentes, con los que en los últimos años se topeteó feo. Pero es igual de real que pretende usar este armado PJ para reforzar su poder seccional.
En la zona sur, Baldomero «Cacho» Alvarez pide pista para figurar entre los cuatro consejeros. Tiene, ahora, herencia de la lapicera de Eduardo Duhalde en 2004, la secretaría general del partido, debajo de José María Díaz Bancalari y los vices Hugo Curto y Julio Alak.
Balestrini, como vicegobernador y prometidojefe del PJ, quiere incidiren la confección final de la papeleta de la Tercera. Si obtiene el poder de veto que pretende es probable que tache a algunos de los autopostulados. Si se lo permiten, obvio. En simultáneo, el dúo Pérsico-Navarro ha planteado que si no les dan espacio en la nueva conducción, presentarán boletas contra Balestrini en el plano provincial y también listas propias en las secciones. Están a la espera de un llamado y una promesa.
Por lo pronto, avisaron que la semana próxima presentarán-ante la autoridad partidaria un paquetede objeciones por la mecánica electoral.-Cuestionarán, por caso, que se exijan dos años de afiliado para ser candidato.
Pedirán, además, que se clarifique el punto referido a la cantidad de avales necesarios para presentar lista. Se trata de una impugnación a la Junta Electoral del PJ, que preside Curto, cuyos mandatos vencieron en diciembre y fueron renovados a mano alzada por el Consejo del PJ.
Los Evita, que pulsean por espacios, arguyen que en las secciones está todo cerrado entre los históricos caudillos del PJ y que, según como se perfilan las boletas, en el próximo peronismo «están los de siempre: es muy parecido a un duhaldismo sin Duhalde».
Todo se remixa. En las dos veredas. Así como el kirchnerismo se nutrió de los soldados de Duhalde, los que amagan con rebelarse colectan las simpatías de viudos K, como Solá y el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Al ex gobernador, desde el Evita lo sondearon para que se convierta en su candidato a jefe del PJ, contra Balestrini. Solá tiene otros planes y, agradecido, avisó que no. En rigor, no quiere jugar a perdedor. De hecho, los Evita admiten que sería muy difícil alcanzar la minoría.
«Pero al menos los vamos a obligar a fiscalizar y no van a poder armar esas elecciones mentirosas donde dicen que votan un millón de afiliados», torean cerca de Pérsico.
El ex vicejefe de Gabinete de Solá tiene otro aliado: el porteño Fernández, con quien construyó algún tipo de vínculo a través de Víctor Santa María, titular del SUTERH y mano derecha de Alberto Fernández (a pesar de que no es el mejor momento del trato entre Alberto y Santa María). A su modo, Solá y Fernández prometen colaborar con los Evita si, al final, esa tribu se anima a subirse al ring.
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