Nada les place más a los grupúsculos de la izquierda que marcar la cancha frente a sus adversarios del mismo espectro. Lo prueba la felicidad con la cual el Partido Obrero, fracción del trotskismo que anima Jorge Altamira, festeja el ocaso del Foro de San Pablo. Esa cumbre internacional de las organizaciones de izquierda declina año a año por su contradicción con la realidad. El botón de muestra es que su estrella de los dos últimos años, Lula da Silva, lo ha sido también de otra cumbre, que también se hace en los meses de enero, pero que reúne al mundo empresario y político identificado con el capitalismo, el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Uno de los dos foros debía dar el paso al costado; el de Davos, que además es un formidable negocio de sus organizadores, no lo iba a hacer muy fácilmente. Pero eso este año el Foro de San Pablo anuncia su virtual disolución, sesionando en «foritos» regionales, no ya en una cumbre mundial. Veamos el acta de defunción que le extiende el partido de Altamira en el último número del periódico partidario «Prensa Obrera».
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Desde el comienzo, el FSM planteó la estrategia de un acuerdo planetario entre la periferia del mundo y el centro imperialista para paliar las desigualdades mundiales. Imaginó inclusive una reformatributaria (un impuesto a ciertos movimientos financieros internacionales) para aplicarlo a la atenuación de la pobreza. Para subrayar que no cuestionaban la dominación capitalista como tal, el FSM se rebautizó rápidamente como Informate más
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