Luego de estudiar minuciosamente el currículum de Mirtha Legrand, Hugo Chávez decidió que aceptaría el convite de almorzar ayer en televisión. Como el bolivariano conocía a la diva por su labor en cine pero no por su conducción en la pantalla chica, los colaboradores de Chávez solicitaron detalles de su carrera para dar el visto bueno. Recién a las 23 del martes informaron que Chávez asistiría porque, según explicaron sus allegados, «le gustó el programa porque no es político sino un magazine para toda la familia».
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Como si Chávez estuviera falto de afecto, se le exigió a la producción de Legrand que le dedicaran media hora en una entrevista a solas. Mientras tanto, los invitados, pautados de antemano, aguardaron detrás del decorado: un heterogéneo plantel con Mauricio Macri a la cabeza, Teté Coustarot, «Pepe» Eliaschev y Mario Mactas aparecieron recién durante la segunda parte del programa, se sentaron a la mesa y, asombrados al principio, cayeron en la cuenta de que se había sumado un comensal. Chávez estaba tan entusiasmado con la charla de Legrand que cuando Mirtha lo invitó por cortesía a quedarse a almorzar, obtuvo una inesperada respuesta afirmativa de parte de Chávez, «Si me invitan, claro que me quedo», contestó.
Antes de pasar a la mesa, Mirtha y Chávez conversaron sobre cine, familia y algo de política. El bolivariano confesó que mientras cursaba en la Academia Militar estudiaba teatro para distraerse y, aunque no hizo gala de sus dotes actorales, contó que se especializaba en imitar a sus superiores. A Mirtha se la veía muy cómoda; sus asistentes contaron que había quedado impresionada por la galantería y seducción de Chávez. Y las mozas de Legrand también andaban fascinadas por los rincones pues, al pasar a la mesa, Chávez les había dado la mano a cada una de ellas.
• Familieros
Legrand y el bolivariano hablaron de los hijos y nietos de ambos y Chávez expresó, siempre mirando a la diva, que «Buenos Aires es una ciudad ideal para enamorarse». También se ocupó de la situación política en Venezuela y remarcó: «Hay sectores que me odian», para luego reclamar a Estados Unidos «que no se meta» en los asuntos internos de su país.
Chávez había salido a las 12.15 del hotel pero sus custodios llegaron al canal a las 11, para realizar los controles de rutina, entre los que se contó el de la comida. Pese a los dolores de cabeza de la producción, que tuvo que rearmar a último momento el programa, les ahorraron al menos la preocupación por el menú: «Come de todo», dijeron. Y los presentes lo notaron cuando Chávez, mientras saboreaba el postre y se dio cuenta de que la musiquita anunciaba el cierre del programa, se quejó: «¿Ya termina?». Y claro, su programa en Venezuela dura cinco horas.
Los asesores de Mauricio Macri no derrochaban alegría pues poco fue lo que el candidato pudo decir. Hacia el final, Mirtha los tomó y posó en el medio de ambos para las fotos «Es un hombre encantador, lo votaría», dijo Legrand. Y aclaró: «Si fuera venezolana, lo votaría».
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