El presidente colombiano, Alvaro Uribe, caminaba ayer a la mañana por el frente de la Casa Rosada, después de haber hablado con Cristina de Kirchner sobre el caso Ingrid Betancourt.
La Argentina, Brasil y Francia oficializarán en las próximas horas la formación de un «Frente Común» que trabajará para negociar con la guerrilla de las FARC para la liberalización de Ingrid Betancourt. Así se acordó entre el domingo y ayer en Buenos Aires, durante varias y cruzadas reuniones que todos los actores locales y extranjeros mantuvieron en el país, en el marco de la asunción de Cristina de Kirchner.
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El lanzamiento definitivo del «Frente» se dará luego de que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, avale personalmente las gestiones realizadas en Buenos Aires en las últimas horas, y que ponen a ese estado europeo como aval internacional de las negociaciones y a los dos países latinoamericanos como ejecutores inmediatos. Una de las claves de los acuerdos es que indirectamente también intervendrá Hugo Chávez, pero sólo facilitando sus contactos con las FARC, especialmente con Manuel Marulanda, el líder de la guerrilla colombiana.
«Todo será sin tintes políticos. Serán gestiones estrictamente humanitarias», aseguró ayer a este diario un alto funcionario del gobierno argentino, que intervino en la coordinación de las reuniones mantenidas en el país para tratar el tema Betancourt. El primero de los encuentros para avanzar en la formación del «Frente» fue una reunión entre Luiz Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez, durante la cena de recepción a las delegaciones extranjeras que se dio en el remozado Palacio San Martín. Allí, ambos presidentes acordaron encontrarse en privado el lunes, luego de la asunción de Cristina de Kirchner, para hablar exclusivamente del capítulo Betancourt.
Antes, el brasileño, había conversado telefónicamente con Alvaro Uribe para aclarar de qué se tratarían las gestiones con el venezolano: quería obtener de Chávez la confirmación de que éste aportaría sus contactos con Marulanda para establecer las negociaciones. El colombiano había aceptado la gestión, pero siempre que el venezolano se mantuviera en un segundo plano, y que no saliera a hacer política personal con la cuestión.
Luego del encuentro con Chávez, Lula se reunió el lunes por la tarde con Uribe en un salón privado del Hotel Sheraton. Allí se resolvió seguir adelante con el plan, que ya tenía el aval de Sarkozy y al que se sumaría luego a la Argentina. Esto ocurrió durante el encuentro que Cristina de Kirchner tuvo ayer por la mañana, siempre acompañada por el canciller argentino Jorge Taiana, en la Casa Rosada con Uribe, donde la Presidente habló del rol que mantendrá la Argentina como integrante del grupo.
La tarea de ayer de la Presidente fue explicarle a Uribe que el frente se concentrará en políticas estrictamente humanitarias y que en ningún momento habrá cuestionamientos a la autoridad soberana del colombiano. Este tema es fundamental, ya que es la exigencia del jefe de Estado para poder plantear la posibilidad de un encuentro en un territorio neutral dentro de Colombia para establecer las negociaciones.
La última reunión donde se habló del caso Betancourt fue la más pública. Sucedió por la tarde, después del encuentro entre Cristina de Kirchner y Hugo Chávez, cuando Yolanda Pulecio, madre de Betancourt, y la senadora Piedad Córdoba (que intervino en la fallida mediación de Chávez), llegaron a la Casa Rosada. En la reunión, tanto Córdoba como Pulecio fueron críticas por la actitud de Uribe en la negociación con los miembros de la FARC. «Uribe es una persona muy complicada.
Presión
Por primera vez las FARC estaban dispuestas a negociar y estaba todo acordado para que el 25 de diciembre se liberen rehenes, y Uribe tumbó todo», dijo la senadora Pilar Córdoba.
En la misma línea, Pulecio sostuvo: «Ya sabemos cómo es el presidente Uribe. Espero muy poco de él; espero más de las FARC en este momento con la presión de la comunidad internacional».
La base del acuerdo discutido ayer es la formación de una «zona de encuentro» de 150 kilómetros cuadrados, ubicada cerca de la frontera con Brasil, donde se pactaría el intercambio de unos 45 rehenes por 500 prisioneros de las FARC. Según se hablaba ayer en Buenos Aires, Sarkozy ya habría establecido también contactos con las FARC para acelerar las negociaciones. Por cuestiones políticas internas, Francia necesitaba que al menos dos países de la región, que tengan buenas relaciones tanto con Colombia como con Chávez, puedan ser el brazo ejecutor de las discusiones con la guerrilla colombiana. De allí el llamado, y la aceptación posterior, de la intervención de la Argentina y Brasil en el caso, con la presencia de Venezuela en un segundo y casi imperceptible nivel, lo que definitivamente terminó de discutirse y arreglarse en las últimas 48 horas en Buenos Aires.
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