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30 de mayo 2006 - 00:00

"Un militar me tapó la boca con la mano", se quejó Pando

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La esposa del militar sancionado Rafael Mercado, Cecilia Pando, fue retirada de las cercanías del palco oficial ayer en El Palomar por un suboficial de guardia y una mujer oficial encargados de la seguridad presidencial.
Néstor Kirchner llegó al Colegio Militar decidido a fustigar a los integrantes del Ejército, justo el día en que se celebraba el 196º aniversario de su creación. Sus críticas no se limitaron sólo al sector de uniformados que recordó la semana pasada a los militares muertos por la guerrilla en los 70: «No les tengo miedo», fue la polémica frase que dirigió a los cinco mil efectivos formados sobre Campo de Mayo. Y la respuesta no tardó en llegar.

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Primero fue la irrupción de María Cecilia Pando, esposa del suspendido coronel Rafael Mercado. El grito de «mentiroso» que dirigió a Kirchner pareció detonar la retirada presidencial, y el ambiente comenzó a ponerse más denso.

En ese momento, otro grupo de padres comenzó a increpar al mandatario al responsabilizarlo del cierre de los liceos militares. « Nosotros pagamos 490 pesos para mantenerlos y no puede ser que se cierren esos colegios; que dé alguna explicación.» Enseguida, más soldados formaron un cordón de seguridad e impidieron con una preocupante dosis de autoritarismo que la prensa se acercara.

  • Silencio

  • Si en el acto de Plaza San Martín por la memoria de los militares muertos durante el último gobierno de facto se registró una agresión a un reportero televisivo, ayer se buscó silenciar a los sectores militares disconformes con la política de Kirchner.

    «Un militar me agarró, me tapó la boca con la mano y me retiró del lugar», explicó ayer Pando a este diario. La esposa de Mercado ingresó con el resto del público al Colegio Militar y se quejó porque el Presidente «recibe a los terroristas y a (Hebe de Bonafini) en la Casa Rosada, invita a militares uniformados a su acto político, pero termina sancionándonos a nosotros». Indignada, agregó: «Es un hipócrita y un autoritario; yo quería decir la verdad».

    Pando estaba ubicada en una tribuna lateral, a unos 100 metros de donde se encontraba el jefe de Estado, entremezclada entre invitados especiales y familiares de militares, quienes, preocupados por el rigor de los uniformados que les impedían dialogar con la prensa, trataban de calmarse unos a otros: «No saquemos los carteles ahora porque se va a pudrir todo», le recomendó un hombre a la madre de un cadete militar.

    Las críticas al gobierno no llovieron solamente de sectores castrenses. Hasta había ahorristas perjudicados por el «corralito» que increparon a Aníbal Fernández: «Estamos confiscados desde hace cinco años, Aníbal; decile al Presidente que nos reciba. Kirchner habla de una Corte transparente; es tan transparente que ni se la ve». El ministro del Interior atendió los gritos de reojo y se retiró velozmente.

    Pando, lejos de resignarse ante el maltrato y la indiferencia del gobierno, anunció que el próximo 5 de octubre realizará otro acto en recuerdo de las víctimas de la subversión: «Elegimos ese día para recordar la fecha en la que los montoneros atacaron el regimiento de Formosa y masacraron por la espalda a los soldados que se estaban bañando».

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