Fuera de guión -del impreso,al menos-, en dos ocasiones Néstor Kirchner nombró ayer a Juan Domingo Perón. Coincide, casualidad o no, con un sesgo, muy sutil todavía, que el patagónico comenzó a dar a su gobierno: una fina capa de peronización de impronta ortodoxa.
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Siempre mezquino para invocar al General y, en menor medida, a Eva Duarte, Kirchner se anima tibiamente a coquetear con ciertos símbolos del viejo peronismo. Y ocurre en un momento extraño, cuando el último Perón, el del 74, aparece enchastrado por la Triple A.
Ayer, en el Congreso, Kirchner detalló que la participación de los trabajadores en la renta será, a fin de año, de 41,1%. Y agregó: «Obviamente, todavía no estamos en el 50 por ciento, como en los grandes tiempos cuando conducía el país el general Perón».
Algunos datos finos para el registro. La mayor participación histórica de los asalariados en la renta nacional se registró en 1975 y fue de 49,3%. Según un informe del Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA), que depende de la Secretaría de Ciencia y Tecnología, la desocupación en abril de ese año era de 3,5% y los hogares por debajo de la línea de pobreza eran apenas 2,6%.
Lopezreguismo
Perón había muerto, José Ber Gelbard perduraba a los tumbos en Economía y el gobierno era digitado por José López Rega, que monitoreaba a «Isabel» Martínez y amparaba a la Triple A. Eran los «grandes tiempos» que mencionó Kirchner sin detenerse a detectar claroscuros.
Es decir: el mismo Perón de la histórica distribución, en buena medida gracias al Pacto Social diseñado y forjado por Gelbard, aparece por estos días -sin que Kirchner ni se pronuncie siquiera sobre esos hechos- diseccionado por la Justicia en torno a la AAA.
En un debate áspero, con cruces de historiadores e investigaciones judiciales, se husmea sobre la responsabilidad que le cabe a Perón en la gestación o el padrinazgo de aquella banda parapolicial. No hay, claro, una última mirada sobre el punto.
Hasta ahora, el gobierno ha mantenido distancia, pero no faltan los que sospechan que el motor de la pesquisa del juez Norberto Oyarbide se puso en marcha desde la Casa Rosada.
Al comentario sobre el reparto de la renta, Kirchner agregó sobre el final de su discurso otra referencia al creador del peronismo. Lo incluyó en una lista de próceres que hicieron «grande la Argentina». Y encadenó a «Moreno, San Martín, Yrigoyen y Perón».
Aplausos
En los dos turnos, Kirchner disparó el aplauso de los legisladores peronistas, repartidos en los bloques Frente para la Victoria (FpV) y, en Diputados, Peronismo Federal.
En esa dualidad, el patagónico aparece más cerca que nunca del PJ clásico. Hasta, incluso, a lo largo de 2007 podría hacerse del partido. No es -en absoluto- una prioridad, pero una vez que se resuelva quién será el/la candidato/a presidencial podría dedicarle unos minutos al asunto.
Menos difuso es el lado sobre el que se recuesta Kirchner: casi indiscutiblemente, los gremios históricos y el PJ ortodoxo, antes que los sindicatos de base o el peronismo que se dice progresista.
Puede resultar odiosa una comparación con el último Perón, el del 74.
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