4 de agosto 2003 - 00:00

Vuelve a Roma militar tras detención

La decisión de dejar en libertad a los militares imputados en la causa por la masacre de Margarita Belén llevó un poco de alivio a las filas del Ejército y a la cúpula conducida por el general Roberto Bendini. Ahora, el Ejército respira nuevo aire fresco porque la Cancillería y el Ministerio de Defensa acordaron restituir el cargo de agregado militar en Roma al coronel Horacio Losito, quien el viernes pasado viajó a su destino en Italia. Pero el episodio preocupa al gobierno nacional cuya política de revisar el pasado tuvo su primer traspié en la Justicia a manos de la Cámara Federal de Resistencia.

El militar estuvo detenido junto a ocho camaradas por el caso Margarita Belén, desde el 21 de junio pasado, en la Base de Apoyo Logístico que el Ejército tiene en la capital chaqueña. Y los liberó el 22 de julio la Cámara Federal de Resistencia que hizo lugar a un hábeas corpus presentado por la defensa de los uniformados y declaró la incompetencia del juez federal de esa ciudad, Carlos Skidelsky, quien había ordenado las detenciones.

•Punta de lanza

El proceso a los nueve oficiales, en rigor, era la punta de lanza -según evalúan los defensores-para llevar a los estrados al ex jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, a quien organismos de derechos humanos (CELS) relacionan con la Masacre de Margarita Belén por haber sido en aquel tiempo secretario general del gobierno militar de Chaco. Y fue la única voz militar crítica a la política de Kirchner -la calificó como regresión al pasado-de revisar las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Hubo cabildeos entre Rafael Bielsa y su par de Defensa, José Pampuro antes de aceptar el retorno de Losito a sus funciones como agregado a la embajada que dirige Humberto Roggero en Roma. El propio embajador intervino desde aquel país para reinsertar en funciones a Losito, el diplomático hizo gala de sus mejores dotes de negociador -desde 1997 hasta su designación en 2003 se desempeñó como presidente del bloque de diputados nacionales justicialista-y no quería contaminar su plaza diplomática con los tironeos de una interna peronista de los setenta. A esa ecuación política reducen la «cuestión militar» conocidos Montoneros, «fierreros»: uno que pidió anonimato como en los mejores momentos de la clandestinidad dijo: «la batalla terminó hace mucho y estos pibes de la Tendencia que a lo sumo eran correos no tienen la envergadura para abrir de nuevo el conflicto».

Entre dos fuegos está por ejemplo el mismo canciller Bielsa, que a menudo debate con su amigo Mario Montoto, justamente un hombre de armas, que antes de la muerte de Rodolfo Galimberti, ya pensaba como su jefe en la necesidad de un cierre definitivo entre los dos bandos en pugna.

«La súbita desaparición del «Loco» quebrantó la iniciativa reconciliadora que hasta tenía la media palabra del «Pepe» (Firmenich), y eso que ambos estaban muy distanciados»,
continuó la fuente montonera. Pampuro, se plegó en declaraciones a la revista «Soldados» -house organ del Ejército-a la misma evaluación con una frase picante: «considero que en muchos aspectos hay culpas compartidas de distintos sectores, aún sectores políticos»..., «eso no exime tampoco de responsabilidad a otros sectores que participaron colateralmente y que tuvieron también algunas responsabilidades. Y hablo de civiles, de empresarios, de sacerdotes, de hombres de prensa, es muy difícil que alguien escape a los que pasó durante un proceso tan profundo».

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