19 de julio 2001 - 00:00

Burbuja ignorante, sindical y política, sobre la crisis

A Ricardo López Murphy lo voltearon porque se le ocurrió, entre otras medidas, tocar la caja radical de la Universidad. Ahora, Domingo Cavallo -en emergencia porque no le daban crédito y despertando de su capricho por no ahorrar-ensaya un ajuste superior al de su antecesor, pero con un cuidado extremo para no molestar a los políticos y a los sindicalistas. Aún así, igual quieren derribarlo.

Excesivamente cuidadoso, el ministro diseñó con el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, una vía al déficit cero sin tocar 4 cajas clave: ANSeS, PAMI, Universidad y obras sociales. De ese modo, hasta los jubilados deben solventar el mantenimiento de cargos, prebendas y sinecuras que privilegian a radicales y frepasistas en mayoría -aunque también hay mucho contratado del peronismo-en esos tres organismos, al igual que no se toca el ya atávico reservorio sindical. Esta gentileza oficial a favor de estas corporaciones, obviamente injusta para con el resto de la población, sin embargo ni siquiera fue contemplada por los dirigentes. Siguen quejosos invocando otras causas, nada les alcanza.

Por si fuera poco, el gobierno hasta intentó negociaciones desde la semana pasada, tanto con los gobernadores, gremialistas -en menor medida-, aliados y opositores. Saldo: sus medidas fueron perdiendo cotización y ahora hasta parecen amenazadas en el Congreso por obra y gracia del duhaldismo, vía Caamaño y Mario Cafiero, disidentes de la UCR (Leopoldo Moreau) y el Frepaso. Si la Administración tomó conciencia en parte de lo que podría significar un default, el resto de los protagonistas políticos ignora esa eventualidad. O, al menos, actúa como si desconociera su grave-dad (en caída del PBI, baja salarial, desocupación y explosiones sociales, por ejemplo) a pesar de los numerosos antecedentes ocurridos en los últimos años de Asia al Ecuador.

• Desinformación

Falta de información y de lectura -al margen de otros desconocimientos-, ya que nadie atendió la carta de George Bush enviada a De la Rúa (y luego explicada en detalle por el embajador Jim Walsh) negando cualquier tipo de asistencia, pero recomendando firmeza en el plan de austeridad. O la advertencia de Fernando Henrique Cardoso planteando que el problema entre Alfonsín y De la Rúa complicaba seriamente a los países (ayer la curva de la suba del riesgo-país argentino fue igual a la trepada del dólar en Brasil), por no hablar de lo que dijo el canciller chileno, socialista además, José Miguel Insulza. Afirmó: «La Argentina se cae a pedazos». Hasta envió a un senador del mismo partido, quien fuera secretario de Salvador Allende, señalando -en un reportaje de Ambito Financiero-que si Chile había tenido éxito, fue porque hizo todo lo contrario a lo que había hecho Raúl Alfonsín en la Argentina. Ni lo escucharon en el radicalismo a pesar de haberlo aten-dido. Hubo más mensajes de inquietud: el presidente mexicano, Vicente Fox, sostuvo que los dos problemas de su país son «los Estados Unidos y la Argentina». Uno por la recesión y el otro, al que le otorgó un rango impensable, por su crisis endémica.

Tal vez nada de esto tenga importancia para la mentalidad doméstica, barrial, de los políticos y sindicalistas argentinos: viven en la burbuja de la ignorancia y, lo que es peor, quieren seguir en ella. Tal vez arrastren a todos.

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