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California, al borde de una crisis asiática
Su incipiente crisis electrica ha inspirado muchos exámenes de conciencia entre los dirigentes de California, la gente en Washington y los inversores que estaban convencidos de que el estado era una apuesta segura. Pocos pensaron que California, la tierra de Hollywood y Silicon Valley, daría un potente ejemplo de las dificultades del crecimiento económico acelerado. Y un recordatorio de que las naciones desarrolladas pueden tener tantas dificultades en manejar la expansión veloz como los países emergentes.
Segundo, California está padeciendo problemas de infraestructura semejantes a los de las naciones asiáticas en desarrollo. Los apagones escalonados y los enormes aumentos en las tarifas eléctricas bien podrían hacer que los residentes de San Francisco se pregunten si están viviendo en California o Kuala Lumpur.
Las dificultades de California semejan los apagones eléctricos en las Filipinas a principios de los años '90. En aquel entonces, muchas compañías multinacionales con fábricas en las Filipinas amenazaron con mudarse a menos que el gobierno mejorara la infraestructura nacional. Uno se pregunta si empresas como Intel Corp., Cisco Systems y EBay Inc. no harán lo mismo si prosiguen los problemas eléctricos de California. Intel ya dijo que no se expandiría en el estado a menos que las cosas mejoren.
Tercero, California comparte la tendencia del Asia a tener ciclos de acentuadas expansiones y contracciones económicas. Tomemos, por ejemplo, los recientes fracasos de fabricantes de equipos de comunicaciones y compañías de Internet en Silicon Valley. Hace un año, los inversores arrojaban montones de dinero a las firmas puntocom de California. Los capitales partieron más rápido de lo que habían llegado al surgir indicios de dificultades.
Muchas compañías que eran la adoración de los inversores están ahora en quiebra, rumbo a la quiebra o, en el mejor de los casos, achicándose. Verdaderamente suena como la experiencia del sudeste asiático en 1997, cuando los inversores que se habían metido de lleno huyeron despavoridos al propagarse las crisis monetarias por la región.
Cuarto, California, como los «tigres asiáticos», puede inclinarse a pensar a corto plazo. Empecemos porque el plan estatal de liberalización eléctrica a medias, que hacía que las usinas compraran electricidad a crecientes tarifas de mercado, pero les prohibía subir las tarifas de los abonados proporcionalmente, nunca fue una solución a largo plazo. Y durante los últimos diez años la población del Estado creció por más de cuatro millones, 13%, sin que se agregara una sola planta eléctrica nueva a la red eléctrica californiana. Agréguense los años de rápido crecimiento económico, y era predecible que habría falta de energía eléctrica.
Fama
Semejante miopía encaja con lo sucedido en el Asia en 1997. Tailandeses, malasios y coreanos pensaron que flujos interminables de capital seguirían enriqueciendo sus economías.
Los bancos fueron inundados con más dinero del que podían prestar prudentemente, causando burbujas especulativas en los mercados inmobiliarios y de valores. Quinto, los californianos tienen fama de culpar a cualquiera menos a sí mismos. Y las recientes declaraciones provenientes de Sacramento, la capital del estado, «tienen un sabor característicamente asiático», destacó Richter. El gobernador Gray Davis no tardó en acusar a compañías generadoras «de otros estados» de cobrar precios abusivos y lucrar con las tribulaciones de California. Las estrategias son muy parecidas a la que usaba el primer ministro malasio Mahathir Mohamad, quien culpó a todo el mundo, desde George Soros a los operadores monetarios, por los problemas económicos de su país. No tendría nada que ver con su incapacidad para modernizar la economía de Malasia, ¿verdad?
La última manera en que la situación de California semeja la del Asia en 1997 se refiere a los inversores. Es probable que muchos de ellos sean rescatados parcialmente, no por el Fondo Monetario Internacional (FMI) sino por autoridades estatales y federales. En semanas recientes, algunos inversores han comprado los bonos sin aval de dos atribuladas compañías californianas de servicio público, Pacific Gas & Electric y Southern California Edison, pese a que la calificación crediticia de las firmas fue rebajada y que estaban próximas a quebrar.
Los inversores creen que estas empresas son tan grandes y tan importantes para la economía estatal que no se permitirá que fracasen. Si bien los paralelismos no son exactos, los inversores en las economías de los «tigres asiáticos» también dieron por sentado que sus carteras serían apuntaladas con fondos públicos.


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