13 de agosto 2001 - 00:00

Fidel revela poco a poco sus secretos familiares

Alejandro Castro, uno de los hijos de Fidel, junto a una amiga y a su madre, Dalia Soto del Valle.
Alejandro Castro, uno de los hijos de Fidel, junto a una amiga y a su madre, Dalia Soto del Valle.
Habana - Cuando se habla con cubanos o extranjeros residentes en la isla sobre la vida privada de Fidel Castro, hasta las voces más estridentes se transforman en un susurro. El gesto también cambia. Los ojos miran a los lados, atrás, abajo y arriba, al cielo: Dios puede ser un agente de los servicios secretos cubanos. Pero la paranoia se hace más evidente y dispara las alarmas cuando se pretende encontrar una foto de la esposa del líder revolucionario. La autocensura en la isla es altamente contagiosa.

Se llama Dalia Soto del Valle. Es rubia de ojos verdes, de unos 60 años, y su foto ha sido escondida debajo de un silencio amedrentado, como si fuera una imagen de ojivas nucleares trasladadas a Cuba desde Corea a través de un túnel subterráneo. Tras horas de búsqueda y muchas conversaciones estériles, la deseada foto finalmente apareció, gracias a que no sólo las cámaras de la prensa toman imágenes en sitios públicos. Pero aún quedaba otro problema que solucionar. A pesar de que varias personas que aseguran conocerla la han identificado, con la condición de que sus nombres queden en el anonimato, no es posible lograr confirmación oficial que identifique a la señora que aparece en la foto que acompaña esta nota como la esposa del presidente.

En Cuba obtener la versión oficial de muchos asuntos es complicado. En su mayoría, los dirigentes y funcionarios evitan dar una confirmación a la prensa si no están debidamente autorizados «desde arriba». De este modo, un hecho es oficial cuando lo cita Castro en sus discursos o si aparece en un editorial del periódico «Granma», órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Pero aceptar o negar la identidad de la esposa del presidente es algo que sólo puede hacerlo el propio Castro.

• Privacidad

Durante sus 42 años de gobierno, Castro ha marcado una inflexible y opaca separación entre su vida pública y su privacidad. La seguridad de su familia, dice, justifica esta postura y alega los 600 intentos de atentado contra su persona organizados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos y grupos radicales del exilio, y también afirma que desea conservar un espacio para su libertad individual.

Por esas razones, y algunos otros motivos, lo cierto es que Castro nunca se ha mostrado públicamente junto a su esposa, y tampoco la prensa local ha difundido fotos o comentarios sobre su matrimonio y sus hijos. La mayor parte de los cubanos poco o nada conoce sobre la vida privada de Fidel, ni tampoco manifiesta un sobresaliente interés por saberlo. Pero en los últimos meses se ha percibido un discreto cambio en el entorno de la imagen pública del presidente cubano.

Soto del Valle ha estado presente durante este último año en unos cinco actos oficiales liderados por el padre de sus hijos. Nunca junto a su esposo, pero sí cerca de él. En la última ocasión, desfiló en la cuarta fila de la gigantesca marcha que caminó el malecón habanero, frente a la Oficina de Intereses de Washington, el 26 de julio. Llevaba gorra para protegerse del sol, vestía camiseta verde y, a los fotógrafos que se le acercaron, les mostró su alegre y permisiva sonrisa.

Castro, a su manera, está desvelando el misterio que rodea su vida familiar. El sabe, porque conoce perfectamente la sociedad cubana, que la asistencia reiterada de su esposa a recientes actos oficiales va a ser un hecho conocido y comentado. Pero hoy cumple 75 años de edad (que festejará en Venezuela) y es muy lógico que tenga interés en ir descubriendo su perfil más desconocido: el del hombre que se ha pasado la vida postergado tras su avasalladora personalidad política. Si tiene ese propósito, de acuerdo con su peculiar estilo de dirigir la política de su país, hará que la participación pública de su esposa se convierta, poco a poco, en un hecho real y cotidiano. Castro y Soto del Valle, según afirman fuentes que han pedido no ser identificadas, se conocieron durante la campaña de alfabetización en el año 1961 y desde entonces comenzaron a tener una relación de pareja. Ella era maestra y vivía en el pueblo de Trinidad, hoy provincia de Cienfuegos, donde su familia tenía una finca. Tuvieron cinco hijos varones y sus nombres comienzan todos con la letra A:
Alexis, Alex, Alejandro, Antonio y Angel.

El primero debe tener alrededor de 38 años, el último, unos 26. La reiteración de la letra A pudiera explicarse porque Castro se llama Fidel Alejandro, su padre era
Angel Castro y porque el líder cubano es un confeso admirador de Alejandro Magno.

Hay otros tres hijos nacidos en la década del '50, mucho antes del triunfo de la revolución.
Fidel (Fidelito) Castro Díaz Balart, hijo del matrimonio con Mirta Díaz Balart, Jorge Angel Castro y Alina Fernández, radicada en Miami. Los dos últimos nacieron de diferentes relaciones extramatrimoniales.

Castro no ha favorecido que ninguno de sus ocho hijos se dedique a la política o que ocupe cargos relevantes en el gobierno o en el Partido Comunista de Cuba.

• Austeridad

Fidelito ha sido el único que ha tenido cierta responsabilidad gubernamental. Graduado en Física en la antigua URSS, donde estudió con el nombre de José Raúl Fernández, fue secretario ejecutivo de la Comisión de Energía Nuclear desde 1980 hasta 1992. Su padre lo destituyó personalmente de ese cargo: la ostentación es uno de los pecados revolucionarios que más irritan al presidente cubano. Es un creyente practicante de la austeridad y lo mismo exige a hijos, sobrinos y parientes. Su familia y la de su hermano Raúl disfrutan algunas comodidades domésticas que están por encima de la media de la población. Pero no poseen lujos insultantes.

Esa es una de las claves que ayuda a entender la autoridad política que aún mantiene Castro entre sus compatriotas a pesar del natural desgaste de un liderazgo que dura ya 42 años.

Pero en las recientes concentraciones públicas, alguno de los hijos de Fidel se ha dejado ver con asiduidad. Antonio fue uno de los que salió corriendo para ayudar a su padre cuando éste sufrió una «fatiga momentánea» el 23 de junio, mientras pronunciaba un discurso en el municipio capitalino de El Cotorro. Es muy difícil conocer con exactitud el número de nietos que tiene el presidente. Fidelito, el primogénito, tiene dos hijos de su primer matrimonio con una rusa; su medio hermano, Jorge Angel, es padre de cuatro; la otra medio hermana, Alina Fernández Revuelta, la única que ha elegido el camino del exilio y la disidencia pública, tiene una hija. Hay otros cinco hermanos, los Castro Soto del Valle, pero nunca ha trascendido el número de hijos que tiene cada uno.

Sobre sus ocupaciones se conoce que Alexis y Alex trabajan como programadores informáticos, Alejandro es gerente de una firma estatal de computación, Antonio es médico especialista en ortopedia y de Angel unos dicen que estudia medicina y otros, que se dedica a la mecánica automotriz.

El presidente y su esposa viven en un complejo ubicado al oeste de la capital, en una zona residencial de extensas zonas verdes y escasas viviendas. El número de personas que ha tenido acceso a la vivienda del líder revolucionario es mínimo.

• Televisor

Pero las informaciones coinciden en que las áreas de visita son muy sencillas en su decoración y con un mobiliario del más sobrio estilo tradicional cubano. Lo único que pudiera calificarse como lujo en el contexto del país es el macro televisor en el que Castro ve los noticieros.

Ahora, cuando cumple 75 años, Castro quiere moldear el espíritu y el pensamiento de las más nuevas generaciones de cubanos con ideales políticos y una ética que les permita sostener la revolución cuando él deje de existir. Sin embargo, nada hace suponer que piense abandonar el timón de la nave de la revolución: semanas atrás ha expresado que los revolucionarios nunca se jubilan. Y para demostrarlo se calzó sus zapatillas deportivas este 26 de julio, y volvió a caminar el malecón habanero al frente de un millón de manifestantes. Como siempre, hizo el recorrido sin su mujer. Quizás alguna vez ocurra lo contrario y, entonces, la vida privada del último líder revolucionario del siglo XX dejará de ser una conversación en tono susurrado junto al malecón.

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