Un hecho de gran trascendencia para los intereses de nuestra nación ha tenido lugar recientemente en Europa. El 1 de febrero de 2002, España y Gran Bretaña ratificaron la decisión de intensificar las negociaciones para lograr una declaración conjunta sobre Gibraltar antes de mediados del presente año. «Trabajamos en la elaboración de un acuerdo global para solucionar todas las cuestiones pendientes, incluida la soberanía, antes del verano de 2002» (junio en Europa), comunicó el Foreign Office.
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El ministro de Relaciones Exteriores, Jack Straw, confirmó que su gobierno firmará la declaración aunque los gibraltareños se opongan rompiendo así la larga tradición británica de esgrimir los intereses de los lugareños como argumento para trabar las negociaciones.
Esta nueva actitud se corresponde con el espíritu del Tratado de Utrecht de 1713, por el cual el Reino de España se vio obligado a ceder la colonia a Gran Bretaña, pero con la condición de que, al cesar el dominio inglés, ésta retornaría automáticamente a la nación ibérica, excluyendo por lo tanto la posibilidad de emancipación de ese territorio, alternativa que por otra parte ya ha sido excluida por las Naciones Unidas.
El paralelo entre la situación de nuestras Malvinas y la del Peñón de Gibraltar es evidente. Más aún: en el caso de nuestras islas no existe ningún Tratado de Utrecht, es decir, la Argentina jamás legitimó la ocupación inglesa ni siquiera en forma temporal. Por lo tanto, una resolución del diferendo gibraltareño fortalecerá aun más los argumentos argentinos a la vez que debilitaría no sólo los de Gran Bretaña sino también los de los habitantes de las islas.
El anuncio anglo-español se enmarca en una nueva actitud del gobierno británico motivada por la dinámica de la unidad de Europa. España ha avanzado en el objetivo de recuperar Gibraltar esencialmente gracias a la integración europea, frente a la cual contrasta cada vez más el anacronismo de que uno de sus miembros ocupe parte del territorio de otro. En el último Consejo Europeo, los quince países miembros de la Unión anunciaron que también ellos rubricarán el acuerdo que logren Londres y Madrid.
•Conclusiones
Nuestro país debe extraer conclusiones de este acontecimiento. Lo urgente no debe hacernos perder de vista lo estratégico. Gibraltar es a España lo que Malvinas a la Argentina.
Por ello, es perentorio reintegrarnos a la comunidad mundial para hacer valer nuestros derechos. Pues estamos respecto de la recuperación de nuestras islas ante una coyuntura única ya que difícilmente la comunidad internacional pueda medir con distinta vara a situaciones tan análogas.
Mañana será recordado en todo el país el vigésimo aniversario de la gesta de Malvinas. El verdadero reconocimiento a nuestras Fuerzas Armadas y a todos los argentinos que dieron su vida en defensa de la Patria no debe reflejarse sólo en ceremonias de homenaje, sino en la conciencia de trabajar verdadera y desinteresadamente por la unidad nacional, particularmente en momentos en que la crisis horada nuestros valores y amenaza con disociar el país.
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