22 de enero 2001 - 00:00

Grata sorpresa argentina en Australia

Pasó la primera semana del Australian Open. Es sabido que llegar al segundo lunes es el primero de los objetivos. Nunca voy a olvidar las palabras de Ion Tiriac cuando se refería a Guillermo Vilas primero y luego a Boris Becker: «Si pasamos la primera semana, podemos ganar».

Quiero hablarles de Paola Suárez, una chica de Pergamino, hija del canchero del club de pueblo.

Que gracias a ello se acercó a un deporte que en aquel entonces estaba lejos del alcance de alguien que no tenga una posición económica cómoda, capaz de poder pagar la cuota de un club que tenga tenis. Las raquetas eran importadas y aun cuando ya se había producido el boom Vilas seguían siendo caras.

Un grupo de «mecenas» que resultaron no serlo bancaron su carrera. Se ilusionaron con su final junior en Roland Garros. Creían que se iba a llenar de oro.

Un día entendieron que esto no era soplar y hacer botellas y se borraron. En 1995 llegó a Roland Garros, casualmente, a jugar su último partido. Usted se preguntará ¿cómo el último?

Si los «mecenas» no querían seguir aportando. El destino quiso que superara a Mary Joe Fernández y con esa plata pudiera continuar su carrera.

Hoy es de las jugadoras que llegó a los octavos de final, la segunda en acceder a esa instancia con la menor cantidad de games perdidos (11). Hingis sólo perdió 9, el resto mucho más.

Paola nunca tuvo inconvenientes ni para golpear el revés ni el drive. Sólo que hacía bien eso, le pagaba a la pelota pero no pensaba. Ahora piensa, entonces además de pegarle bien a la pelota, juega al tenis. Independientemente de lo que hizo contra Coetzer, Suárez estará la próxima semana entre las mejores 25 del mundo.

En damas, el torneo no sale de Hingis, Venus, Davenport, Serena, en ese orden. Alguna ficha para Mauresmo, pero no creo.

Entre los hombres la cosa es mucho más complicada, como siempre. Afuera el número uno y el dos del mundo. Kuerten con Rusedski y Safin con Hrbaty. Agassi es el defensor y para mí el máximo aspirante.

Están jugando muy bien Carlos Moya y Patrick Rafter. Kafelnikov ya ganó hace dos años y fue finalista el año pasado, además de haber ganado en Sydney en una superficie similar la medalla de oro en setiembre.

Pero no me haga caso, todo es un juego, ya sabe que cualquiera le puede ganar a cualquiera. Mire que Calleri perdió con Martin porque se lesiono y debería haberle ganado en tres sets corridos. Después Martin le ganó en cuatro set a Piolín y luego a Sampras...

Chela casi lo saca al mismisimo Sampras; lo que era una utopía, después del encuetro no hubiese sido una locura. El tenis se a emparejado y esto no es ninguna novedad.

Entre las mujeres, lamentablemente no podemos rescatar ninguno. Para ello habrá que aguardar a los cuartos de final. Antes es robo de las ocho primeras, como siempre.

En el transcurso de la semana, cuando ya queden cuatro hombres en cada cuadro nos volvemos a encontrar. Opinar en esa instancia dejará de ser un juego y se parecerá más a un análisis. A esta altura es como acertar la lotería.






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