3 de enero 2003 - 00:00

Hay boom de floristas (ganan $ 2.000 al mes)

A un año complicado donde el índice de desocupación trepó a niveles impensados y la economía se vio seriamente perjudicada por la devaluación del peso, la venta ambulante de flores se constituyó en uno de los pocos negocios redituables en la Argentina. Sólo en la Capital Federal deambulan alrededor de 3.000 vendedores «informales», que facturan -en promedio-2.000 pesos mensuales cada uno (6 millones en total); cifra que asciende a los 30 millones si se tiene en cuenta el período comprendido entre agosto y diciembre, los cinco meses de mayor movimiento en el mercado.

Desde hace 51 años ininterrumpidos, más de un millar de personas se aglutinan todos los días en un inmenso galpón ubicado en la esquina porteña de Francisco Acuña de Figueroa y Corrientes. Allí funciona -desde 1951- el Mercado de Flores de Almagro, uno de los distribuidores más activos del mundo.

•Exclusividad

Durante mucho tiempo, la comercialización minorista de flores fue patrimonio -casi exclusivo-de los quioscos habilitados, una circunstancia que cambió en forma sustancial durante 2002. Tanto es así, que la proporción actual es de dos vendedores ambulantes por cada florista «en regla». Según voceros de la Secretaría de Gobierno y Control Comunal (a cargo de Silvana Giudici) en la Capital Federal «hay 1.500 quioscos habilitados».

¿Por qué la gente se volcó masivamente a la comercialización de flores en la calle? Algunos consultados argumentaron que el principal motivo son las «escasas posibilidades laborales». Otros aseguraron que «se debe a una profunda crisis socioeconómica»; pero todos -sin excepción-coincidieron en que la venta ambulante es «un negocio para ganar mucha plata».

«Te lo explico en tres palabras», comenzó diciendo el dueño de un quiosco de la zona de Chacarita. «Los vendedores ambulantes tienen un gasto ínfimo, no tienen descarte de mercadería, el trabajo es muy sistemático y compran sólo la cantidad de flores que aseguran vender. Ellos -continuó- a diferencia de nosotros trabajan nada más que la flor del momento (ahora es el jazmín) y prefieren quedarse cortos de mercadería antes que tirar el sobrante. Además muchos tienen impunidad, no los molesta nadie», acotó, y luego concluyó con una frase contundente: «Si bien es cierto que es un negocio bárbaro; también es verdad que es mucho más que la cara visible del vendedor ambulante», en alusión a los «vivos» de siempre, que lucran con la necesidad ajena.

Un florista habilitado paga -mensualmente-3% de Ingresos Brutos y el mínimo como monotributista ($ 88). Además, abona al municipio la suma de $ 420 anuales en concepto de ocupación de espacio de la vía pública y tiene gastos por insumos (la mayoría importados) como fertilizantes, agroquímicos o polietileno. En el caso del vendedor ambulante, los costos se reducen al papel celofán y la cinta de envoltorio.

•Contabilidad

«Yo también tengo que hacerme cargo de los gastos de mi contadora y de la luz ($ 25 por bimestre), porque si cierro temprano vendo la mitad...», sentenció Pablo, propietario de un puesto ubicado al 1800 de la Avenida San Juan.

«En el Mercado de Flores no se respeta la cadena de comercialización, cualquiera puede ir y comprar»,
manifestó, antes de mencionar que la Cooperativa Argentina de Floricultores ordenó la confección de un carnet identificatorio para sus socios, con el objetivo de asegurar exclusividad en la compra. «Eso es sólo teoría, porque en los hechos no es así. Incluso a veces nosotros pagamos más caro que los ambulantes».

Mercedes,
dueña de un puesto en el barrio de Congreso, dirigió sus críticas hacia el Gobierno de la Ciudad. «Tendría que funcionar como organismo de contralor, pero no es así. La Policía tampoco existe; te dicen que ellos no pueden hacer nada, es una vergüenza...».

•Oferta y demanda

«En el Mercado, tanto el productor como el consignatario fijan con el cliente el precio de las flores que comercializan. Es oferta y demanda. Un paquete de jazmín, a las nueve de la noche tiene un valor, y dos horas más tarde tal vez vale mucho menos», explicó Carlos Ferreira Monteiro, presidente de la Cooperativa Argentina de Flores.

En una visita al galpón, se pudo observar que el mismo paquete -de 100 jazmines-que a las 21.30 oscila entre los $ 18 y $ 20; pasadas las 23 se puede conseguir por entre $ 12 y $ 15. Lo mismo sucede con otras flores de estación. «Algunos te venden la flor vieja más barata», declaró Oscar, un ex remisero devenido en florista que tiene un puesto en La Plata y viaja a la Capital Federal los martes y jueves para renovar su stock. «Flores viejas se llama al remanente del día anterior», explicó el hombre, y finalizó diciendo que «la mayoría de los vendedores ambulantes comercializan estas últimas porque la ganancia es mayor».

Con la calculadora en mano y tras un amplio recorrido por los barrios de
Floresta, Constitución, Congreso, Caballito, Palermo Viejo, Chacarita, San Cristóbal, San Telmo, Parque Centenario y Almagro, Ambito Financiero logró establecer un promedio de ganancia por cada vendedor «informal».

•Recaudación

Durante los cinco meses de mayor venta, el ambulante comercializa no menos de 100 paquetes de jazmines por día (en la mayoría de los casos cada envoltorio contiene dos unidades) al valor de $ 1 por ramo. En otras palabras, por cada jornada laboral recauda $ 100; cifra que asciende a $ 3.000 en el mes. Descontando los gastos de mercadería, papel celofán y traslado, a cada vendedor le quedan -promedio-$ 2.000 mensuales. Si se tiene en cuenta que con la fresia sucede algo similar, y que el período de venta masiva es entre agosto y diciembre, cada ambulante gana $ 10.000 en ese lapso. Al multiplicar esta suma por las 3.000 personas que -se estima-se mueven en la ciudad de Buenos Aires, el monto asciende a los 30 millones de pesos.

Dejá tu comentario