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Iglesia católica pagará impuestos
Casi en silencio, el viernes pasado se conoció un cambio radical en la historia impositiva argentina. Ese día, la AFIP firmó con el Arzobispado de Luján-Mercedes un acuerdo por el cual la Iglesia Católica comenzará a pagar algunos impuestos. Si bien aún no está claro ni qué tributos ni en qué momento se hará efectiva la medida, se conoce que los impuestos estarán vinculados con el dinero que recibe la Iglesia por recaudaciones, servicios religiosos y renta de propiedades. Por ahora, el acuerdo alcanza sólo a esa jurisdicción, pero se supone que en los próximos meses habría nuevos arzobispados que se sumarían. Además, la Iglesia se compromete a ayudar a la AFIP en la lucha contra la evasión, "concientizando a la población" contra uno de los males "más execrables de la sociedad", según el texto firmado el viernes.
Ese testimonio histórico quedó plasmado en la firma de un convenio de la AFIP con el Arzobispado de Luján-Mercedes denominado con el nada sencillo título de «Acuerdo de Cooperación Técnica para la concientización social de los deberes fiscales, como conducta ética de la solidaridad». Pomposo nombre para comenzar a ordenar las cuentas de una jurisdicción eclesiástica que recauda aportes millonarios en concepto de donaciones, recaudaciones, servicios religiosos y renta de propiedades y que el criterio impuesto por Di Monte trata de encuadrarlo en las disposiciones del «Nuevo Tratado de Derecho Canónigo» dicta-do por Juan Pablo II que permite reglar con disposiciones de administración civil el manejo financiero de la Iglesia.
«Al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios», resume el cerebro jurídico de este acercamiento, el ex ministro de Obras y Servicios Públicos, Roberto Dromi, convertido -hoy-en influyente asesor de Di Monte y otras jerarquías eclesiásticas. La importancia del evento lo dio la presencia no sólo de autoridades religiosas -además, estuvo el vicario castrense, monseñor Oscar Sarlinga- sino también de civiles de todos los colores: intendentes de la región -Luján, Mercedes, Lobos, Suipacha, Chivilcoy y otros-jueces federales y nacionales -Gustavo Literas y Mariano González Palazzo-, representantes de las distintas cámaras empresariales de la región, además de gran cantidad de funcionarios de la AFIP de toda la zona. «La Iglesia no sólo pagará los impuestos que le correspondan sino que contribuirá a concientizar en contra de la evasión», se resumía en el frugal lunch -todo de acuerdo con los tiempos críticos que vive la sociedad-, que se sirvió en la Casa Anus, un local que debió alquilar el arzobispado para contener a tanta concurrencia.
La AFIP y el Arzobispado se comprometieron a elaborar «programas de difusión, capacitación y orientación tributaria», toda una novedad para personas ocupadas en difundir lo espiritual, pero que suele adquirir una fuerte trascendencia cuando se aboca a determinados materialismos. Sin embargo, se repite sin eufemismos que «la Iglesia no admitirá intromisiones en determinadas cuestiones de las que goza de prerrogativas otorgadas por convenios entre la Santa Sede y el Estado argentino», como el último concordato firmado en 1966 entre el ex nuncio apostólico, Humberto Mosoni, y el ex canciller Nicanor Costa Méndez durante la presidencia de facto de Juan Carlos Onganía. Es más, para demostrar que no sólo en asuntos celestiales se está por encima de ideologías e intereses particulares, ese tratado fue incorporado a la reforma de la Constitución en 1994 con jerarquía institucional, superior a las leyes locales.
Pero, además, para ponerse a tono con las nuevas circunstancias de la función de «redistribución social» que debe adoptar la Iglesia, Di Monte ordenó venta de inmuebles -uno de ellos es un campo cuyos fondos serán volcados a la misión pastoral, previa deducción de los impuestos correspondientes-. Lo del viernes en Mercedes se vivió como un acontecimiento histórico que puede extenderse a toda la Iglesia y que nació por la autonomía de un arzobispado que depende directamente del Vaticano.


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