12 de marzo 2001 - 00:00

Japón se cae y ahora está solo: no puede contar con EE.UU.

Tokio - Quizá las cosas sean realmente diferentes en la economía japonesa esta vez. Eso se debe a que Japón está solo.

En el pasado, cuando todo lo demás fallaba, Japón podía apoyarse en sus socios comerciales. Sin importar qué estuviera ocurriendo internamente, siempre había bastante demanda de las exportaciones japonesas como para mantener la economía a flote, especialmente desde los Estados Unidos. «Cuando había dudas, Estados Unidos estaba siempre ahí para mantener a Japón en territorio positivo», dijo Ron Bevacqua, economista senior de Commerz Securities (Japan) Ltd. «Pero Japón se quedó sin red de protección.»

El riesgo de recesión en su mayor socio comercial es lo que Japón menos necesita. El crecimiento en Estados Unidos bajó de una tasa de 5 por ciento en 2000 a cerca de cero ahora. Los vecinos asiáticos de Japón, en tanto, siguen debatiéndose para recuperarse de la crisis financiera de 1997 y 1998, lo que deja poca demanda regional para los productos japoneses. Que Estados Unidos se sume a la lista de países con problemas es un severo revés para la segunda economía del mundo. Las exportaciones japonesas bajaron 8,8 por ciento en enero, contra enero de 2000, y la caída habrá de acelerarse a medida que Estados Unidos siga frenándose.

El momento es especialmente malo para Japón. Tokio se está quedando sin opciones de políticas para acabar con una década de estancamiento. Los grandes gastos fiscales en obras públicas para darle impulso a la economía dejaron a Japón con una deuda proyectada de 666 billones de yenes ($ 5,6 billones), o sea alrededor de 130 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI). Eso le quita a Japón espacio para acudir a los mercados de capital nuevamente. No se les ha escapado a algunos observadores del mercado que 666 es el número bíblico de la bestia. «666 billones de yenes. Una deuda del demonio». Así tituló el «Financial Review» de Australia un artículo sobre la economía japonesa publicado ayer a la mañana.

El Banco de Japón, en tanto, tiene poco margen de maniobra para recortar las tasas de interés. Su tasa crediticia de referencia es de apenas 0,15 por ciento anual.
Incluso cuando las tasas estaban en cero, los bancos se mostraban reacios a prestar y ni consumidores ni empresas tomaban créditos. Aparte de medidas drásticas como comprar bonos del gobierno para aumentar la liquidez en la economía, no queda mucho espacio para actuar en el frente de la política monetaria. Al mismo tiempo, un yen más débil no sería de ayuda: Estados Unidos y las economías asiáticas carecen de lo necesario para adquirir productos japoneses de todas maneras.

«El país se ha quedado sin palancas y no cuenta con el sector externo para apoyarse en él
, dijo Bevacqua. «Por eso no puedo menos que preguntarme si las cosas serán distintas esta vez. La única opción es una verdadera reforma».

Mala forma

El ministro de Finanzas, Kiichi Miyazawa, dijo más o menos lo mismo esta semana, señalando que la economía «está en mala forma» y que la situación fiscal del país es «anormal y está cerca del derrumbe». Tiene razón, a juzgar por la baja de 40 por ciento en el promedio Nikkei 225 en los últimos 12 meses. Ni la noticia de que las inversiones de las empresas japonesas rindieron sus mayores beneficios en casi cuatro años en los tres meses concluidos el 31 de diciembre sirvió para hacer subir las acciones. Los analistas se apresuraron a restarle importancia al avance de 7,1 por ciento: el enfriamiento en Estados Unidos incita a las empresas a postergar sus proyectos de expansión durante el actual trimestre.

La vulnerabilidad del país ante Estados Unidos tampoco se les pasó por alto a los estrategas económicos.
«El enfriamiento económico de Japón no proviene del fin de la política de tasas de interés cero», dijo Masaru Hayami, gobernador del Banco de Japón. «Se debe más a los impactos provenientes de la economía de Estados Unidos.» El banco subió su tasa de interés clave a 0,25 por ciento en agosto, pero la semana pasada la bajó a 0,15 debido a las señales de que el crecimiento se había frenado.

Después de muchos años de inyectar vida a la economía global, Estados Unidos está amenazando con sacársela. De hecho, Estados Unidos constituye el mayor riesgo para el crecimiento internacional este año. Su abrupto cambio de fortuna es un tópico central en los círculos de inversiones y de estrategia económica. Sin su mayor máquina de crecimiento, la economía internacional podría no avanzar mucho en 2001.

«Estamos viendo cada vez más evidencia de que los efectos del enfriamiento en Estados Unidos se están volcando al resto del mundo», dijo
Shuji Shirota, economista senior de Société Générale (North Pacific) Securities Ltd.

Eso está muy lejos del papel de Estados Unidos en 1998, cuando ayudó a mantener la economía mundial a flote. Las bajas de tasas de la Reserva Federal en ese año devolvieron la calma a mercados desde Bangkok hasta San Pablo, mientras que los consumidores de Estados Unidos compraban los productos que los países en crisis de Asia, Latinoamérica y Europa oriental no podían adquirir. Pero ahora Estados Unidos dejó de ser un «oasis de prosperidad», como lo llamaban en 1998, para convertirse en una carga para la producción mundial.

Temor

La reciente experiencia de Canadá muestra cómo es eso. El Banco de Canadá volvió a bajar las tasas el miércoles y no se preocupó por ocultar su temor de que el estancamiento en Estados Unidos, destino de 86 por ciento de sus exportaciones, se convierta en una amenaza evidente y actual para su economía. Redujo su tasa de interés de referencia en medio punto porcentual, a 5,25 por ciento. Fue la segunda reducción este año, ya que el 23 de enero bajó las tasas en 50 puntos básicos.

En realidad los bancos centrales han efectuado varios recortes de tasas este año. La Fed bajó 100 puntos básicos de su tasa crediticia a corto plazo, a 5 por ciento. Las autoridades monetarias del Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Corea, Hungría, Dinamarca, Filipinas y otros países también bajaron sus tasas en las últimas semanas.
Y se esperan nuevas rebajas de tasas de los tres principales bancos centrales, incluyendo el de Europa.

La Fed volvería a recortar las tasas nuevamente el 20 de marzo, cuando los estrategas se reúnan para analizar la situación económica. El Banco de Japón, en tanto, podría volver pronto a las tasas cero. Y el Banco Central Europeo, que resistió la tendencia a bajar tasas, podría verse obligado a hacerlo pronto. La noticia de que los pedidos a las industrias alemanas cayeron 3,9 por ciento en enero, contra enero de 2000, mostró al mundo que la zona del euro también es vulnerable al enfriamiento en Estados Unidos. Y los problemas en Japón no contribuyen tampoco.

«La economía de Estados Unidos no es lo que era hace un año, ni tampoco la japonesa»,
dijo el primer ministro alemán, Gerhard Schröder, la semana pasada. «Eso tendrá un impacto en la economía global y nos afectará también a nosotros».

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