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Japón se cae y ahora está solo: no puede contar con EE.UU.
El Banco de Japón, en tanto, tiene poco margen de maniobra para recortar las tasas de interés. Su tasa crediticia de referencia es de apenas 0,15 por ciento anual. Incluso cuando las tasas estaban en cero, los bancos se mostraban reacios a prestar y ni consumidores ni empresas tomaban créditos. Aparte de medidas drásticas como comprar bonos del gobierno para aumentar la liquidez en la economía, no queda mucho espacio para actuar en el frente de la política monetaria. Al mismo tiempo, un yen más débil no sería de ayuda: Estados Unidos y las economías asiáticas carecen de lo necesario para adquirir productos japoneses de todas maneras.
«El país se ha quedado sin palancas y no cuenta con el sector externo para apoyarse en él, dijo Bevacqua. «Por eso no puedo menos que preguntarme si las cosas serán distintas esta vez. La única opción es una verdadera reforma».
La vulnerabilidad del país ante Estados Unidos tampoco se les pasó por alto a los estrategas económicos. «El enfriamiento económico de Japón no proviene del fin de la política de tasas de interés cero», dijo Masaru Hayami, gobernador del Banco de Japón. «Se debe más a los impactos provenientes de la economía de Estados Unidos.» El banco subió su tasa de interés clave a 0,25 por ciento en agosto, pero la semana pasada la bajó a 0,15 debido a las señales de que el crecimiento se había frenado.
Después de muchos años de inyectar vida a la economía global, Estados Unidos está amenazando con sacársela. De hecho, Estados Unidos constituye el mayor riesgo para el crecimiento internacional este año. Su abrupto cambio de fortuna es un tópico central en los círculos de inversiones y de estrategia económica. Sin su mayor máquina de crecimiento, la economía internacional podría no avanzar mucho en 2001.
«Estamos viendo cada vez más evidencia de que los efectos del enfriamiento en Estados Unidos se están volcando al resto del mundo», dijo Shuji Shirota, economista senior de Société Générale (North Pacific) Securities Ltd.
Eso está muy lejos del papel de Estados Unidos en 1998, cuando ayudó a mantener la economía mundial a flote. Las bajas de tasas de la Reserva Federal en ese año devolvieron la calma a mercados desde Bangkok hasta San Pablo, mientras que los consumidores de Estados Unidos compraban los productos que los países en crisis de Asia, Latinoamérica y Europa oriental no podían adquirir. Pero ahora Estados Unidos dejó de ser un «oasis de prosperidad», como lo llamaban en 1998, para convertirse en una carga para la producción mundial.
Temor
La reciente experiencia de Canadá muestra cómo es eso. El Banco de Canadá volvió a bajar las tasas el miércoles y no se preocupó por ocultar su temor de que el estancamiento en Estados Unidos, destino de 86 por ciento de sus exportaciones, se convierta en una amenaza evidente y actual para su economía. Redujo su tasa de interés de referencia en medio punto porcentual, a 5,25 por ciento. Fue la segunda reducción este año, ya que el 23 de enero bajó las tasas en 50 puntos básicos.
En realidad los bancos centrales han efectuado varios recortes de tasas este año. La Fed bajó 100 puntos básicos de su tasa crediticia a corto plazo, a 5 por ciento. Las autoridades monetarias del Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Corea, Hungría, Dinamarca, Filipinas y otros países también bajaron sus tasas en las últimas semanas. Y se esperan nuevas rebajas de tasas de los tres principales bancos centrales, incluyendo el de Europa.
La Fed volvería a recortar las tasas nuevamente el 20 de marzo, cuando los estrategas se reúnan para analizar la situación económica. El Banco de Japón, en tanto, podría volver pronto a las tasas cero. Y el Banco Central Europeo, que resistió la tendencia a bajar tasas, podría verse obligado a hacerlo pronto. La noticia de que los pedidos a las industrias alemanas cayeron 3,9 por ciento en enero, contra enero de 2000, mostró al mundo que la zona del euro también es vulnerable al enfriamiento en Estados Unidos. Y los problemas en Japón no contribuyen tampoco.
«La economía de Estados Unidos no es lo que era hace un año, ni tampoco la japonesa», dijo el primer ministro alemán, Gerhard Schröder, la semana pasada. «Eso tendrá un impacto en la economía global y nos afectará también a nosotros».


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