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La Argentina suspendió la propiedad privada
Sin propiedad, tampoco hay libertad. Por ello, no existe ningún otro estado organizado para despojar a sus ciudadanos, en todo el mundo civilizado. La conjunción de voluntades de los miembros del Congreso y del Ejecutivo, con la anuencia de la Justicia, para saquear a haciendas privadas y estatales no tiene paralelo. Nuestra Constitución de 1994 prohíbe taxativamente, artículo 17, la expropiación sin compensación. El artículo 29 determina: «El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la Patria».
Como antes de 1853, Buenos Aires lidera el poder político nacional. Sin embargo, como antes de 1853, el poder real está en manos de los gobernadores provinciales.
Como antes de 1853, el honor y la propiedad de los argentinos están en riesgo por poderes conferidos a funcionarios bonaerenses.
Maquiavelo aconseja que «sobre todo el Príncipe debe respetar la hacienda ajena, porque la gente puede olvidar al asesino del padre o de un hermano, pero jamás al que saqueó su propiedad... Nunca faltarán pretextos para arrebatar bienes ajenos, y quien empieza a vivir de la rapiña encuentra siempre motivos para apoderarse de lo de los demás».
Los dirigentes saqueadores despiertan tantos conflictos que se mantienen por poco tiempo, como atestigua la historia de la Edad Media.
De todos los descubrimientos, el de la propiedad privada fue el que más incentivó el extraordinario avance mundial. En un libro que intento concluir pronto, muestro que el éxito de las naciones, la principal diferencia en la riqueza de sus pueblos, radica en la calidad de la protección de la propiedad. Las sociedades se constituyen para generar riqueza, encontrando formas para reconocer y ampliar los derechos individuales. Cuando estas garantías desaparecen, cesa la voluntad de los socios. Deja de ser conveniente la existencia de ese estado o el cargo de esos dirigentes.
Una nación está condenada de antemano cuando el principal negocio de sus habitantes pasa a ser el despojo a sus conciudadanos, por razón de resoluciones administrativas. Ahora, el poder de la ley ha sido reemplazado por el de los funcionarios. La economía argentina ocupaba el lugar 19 entre las más grandes de las 200 naciones del mundo, antes del advenimiento del doctor Duhalde. La presente administración arrojará un grave retroceso. Recordemos que, cuando el doctor Alfonsín abandonó sus responsabilidades presidenciales, el ingreso promedio de los argentinos arañaba los 2.200 dólares; en 2000, el último sin convulsiones, después de 3 largos años de recesión, orillaba los 7.800, casi 4 veces superior al legado del ex presidente. Los argentinos tenemos mucho que perder todavía. La derrota de Malvinas signa la disolución del poder político de los militares. El actual otorgamiento de la suma del poder para ofender el honor y la propiedad de los argentinos marca el descalabro del actual sistema político. Tenemos que reconstruir la sociedad argentina. Es la primera tarea de todos, porque en un Estado saqueador, nadie ha podido vivir.


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