22 de enero 2003 - 00:00

La crisis argentina es una fuente que inspira nuevos juegos de mesa

Piense qué haría usted en la siguiente situación: bajo total imperio de la suposición, sobreviene una devaluación que hace que su dinero valga la mitad. Debe cerrar su comercio porque fue totalmente saqueado y se quedó sin mercadería de reposición. Sale una nueva medida del Banco Central que le impide irse de vacaciones y un impuestazo liquida hasta la jubilación de la bisabuela. Para peor, justo cuando tenía que presentar el formulario 731 en la AFIP por el vencimiento del IVA, le obstruye el camino una marcha piquetera.

Por suerte, en la imaginación caben más soluciones que en la realidad. Por ejemplo, puede usted contactar al tío político de su cuñado que juega al tenis con un diputado para zafar de una multa fotográfica que le sacaron en La Rioja, en un viaje que nunca hizo hacia comienzos de siglo XII. O también, volver a la convertibilidad, financiar la compra de la mercadería robada y lograr ese amparo que tanto gestionó en los juzgados.

Ni a Emett Brown, el despeinado profesor de «Volver al futuro», se le hubiera ocurrido una solución tan sencilla para enderezar el destino de la crisis que, lamentablemente, ya ocurrió.

Con la instauración del «corralito», el crecimiento de la pobreza y el modelo de la devaluación, se buscaron soluciones de las más diversas índoles para sobrevivir a las nuevas medidas. Cuando las legales fallaron y el seguro de toda la vida se declaró en convocatoria, se recurrió a una segunda fase de acción: plegarias en santuarios y templos. Sin embargo, el milagro no llegó. No salieron todos los amparos ni le devolvieron sus dólares. El tercer plan, es la imaginación.

Con las vacaciones, todo cambió. Es posible quejarse y ser escuchado, recuperar las pérdidas y solucionar ese problemita de liquidez que tanto molestó al bolsillo durante 2002.

No se trata del tan esperado «veranito», sino de novedosos juegos que varios argentinos inventaron para reírse en tiempos de ocio de lo mal que los trató el país en tiempo de crisis.


• Superpoderoso

El que los juega deja de ser Clark Kent y se convierte en superpoderoso. Decide, entre otras cosas, qué hacerle a su rival, por ejemplo, devaluar todo el pozo que recaudó arrojando unas cuantas veces los dados.

Uno de los más originales se llama El Corralito, lo ideó Guillermo Montes, un actor de 24 años. El juego tiene como finalidad dar vueltas sobre un tablero en el que los saqueos, medidas políticas, cortes de calle, devaluaciones y retenciones de los depósitos complican a los competidores. Con cartas de suerte, salen los amparos, lo beneficia algún político y compra la mercadería que perdió en un saqueo. A Montes lo inspiró una situación real: iba a participar en una obra de teatro pero a su productor le «acorralaron» los fondos para el emprendimiento y la puesta en escena no se pudo concretar. Tiene algunos detalles sumamente originales; por caso, los billetes de los jugadores dicen: Banco Central 2, Independientes 1.

El Cacerolazo es otro logro lúdico de mesa. Lo fabricó ILM Entretenimientos. Cada jugador representa a un sector de la población y opera para mejorar la calidad de vida en distintas áreas. Es menester administrar bien. Puede utilizar el cacerolazo para contrarrestar acciones negativas del gobierno, los sindicatos, la Iglesia, el periodismo, el FMI, las empresas, la Policía y la Justicia.

En Internet, un juego al estilo del clásico Galaga reproduce el ataque de políticos clonados -De la Rúa, Duhalde y Cavallo «vampirizados»- a un argentino de clase media que es «acosado por todos lados», según dice CinemasStream, site que lo publica on line. Hay intercambio de urnas, cacerolas y votos para destruir a los agresores en una lucha que tiene el título: «Argentina Game, Episode X!!. Attack of the Clones. July, 2002». El site indica: «Diferentes niveles te mostrarán la maldad de estos individuos creados en el espacio exterior por las fuerzas más despiadadas del universo: IMF (Intergalactic Millitary Force, alias Fuerza Militar Intergaláctica)».

Hay un último, aunque más conocido: ¿Quién Puede Derrotar al FMI?. Los jugadores toman deudas que deben renegociar en medio de condicionamientos del organismo internacional, pago de intereses por adelantado y devaluaciones.

Chiches ideales para la playa, o algún rato de vacaciones que convierten la crisis en un entretenido momento de suerte.

Dejá tu comentario