18 de julio 2001 - 00:00

Las dos CGT: no tan vivos como antaño

Las dos CGT van al paro mañana con una duda intrínseca y un recuerdo que los atormenta. Algunos piensan que tal vez se hayan apresurado y, la mayoría, no olvida el antecedente de Malvinas: Ubaldini decretó una huelga que hasta produjo un muerto y dos días más tarde viajaba a las islas y avalaba a la administración militar que proponía la guerra. Inclusive, entonces, a los gremios los impulsaba una causa más razonable -la vuelta a la democracia- mientras que ahora, al margen de su protesta contra las medidas del gobierno, en rigor encubren su propósito de voltear a Domingo Cavallo. Tal vez hasta le hagan un favor al desteñido ministro, lo refuercen en su cargo, y la huelga de mañana termine para los sindicalistas como la carabina de Ambrosio.

Saben que ya no pueden detenerse: lo dicho tendrá que ser hecho. El gobierno, demasiado atareado en negociar con los gobernadores, no tuvo el tiempo necesario para calmarlos. Lo cierto es que ahora, con información vieja, el sindicalismo promueve una deserción laboral que tal vez hubiera tenido sentido político -como la planearon- si prosperaba la crítica interna del radicalismo y el Frepaso, el aislamiento partidario de Fernando de la Rúa, y una más sorda atribuida a los gobernadores justicialistas, quienes presuntamente negociaban sólo para arrancar sus partidas pero convencidos de que el gobierno (y sobre todo el ministro) se desmoronaban fatalmente.

• Respaldo

Ahora, sin embargo, los gremialistas parecen expuestos casi ridículamente, sostenidos del techo apenas por su propio pincel. La masa crítica opositora que sospechaban contra la administración se ha disipado: Raúl Alfonsín salió a respaldar el déficit cero -a través de otros caminos, pero justificando el fin-, al igual que el Frepaso, y los gobernadores justicialistas suscribieron un acuerdo «bis» que responde a la misma matriz oficial con algunos matices. Los mercados, para colmo, se han comportado en la misma dirección y entonces las dos CGT, unidas milagrosamente por el odio y algún interés ulterior -para derribar a Cavallo e impedir las reformas anunciadas- terminan en una asociación lícita seguramente, para utilizar el terminología de moda, aunque sospechados de pertenecer a una banda. Extraño sino para quienes siempre fueron los vivos de la película.

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