22 de mayo 2003 - 00:00

Lobby tabacalero evita reglamentar controles

Ante la existencia en la Argentina de proyectos que tienden a promover la lucha antitabáquica, y tras la aprobación del convenio que se firmó ayer en Ginebra (ver aparte), la industria tabacalera apela a métodos cuestionables para mantener la aceptabilidad social de fumar. El indicador real del éxito de la industria es el hecho de que sólo dos países de América latina y Caribe ( Cuba y Brasil) tengan restricciones significativas de la promoción del tabaco.

La estrategia primaria para contrarrestar un posible marco regulatorio de la actividad es presentarse al Estado como un organismo capaz de autorreglamentarse, ofreciendo cumplir normas voluntarias de comercialización que -según estudios internacionales- les permite seguir aplicando sus metodologías de venta aún con mayor eficacia.

El antecedente más reciente se remonta a fines de marzo. Nobleza Piccardo (junto a Masalín Particulares lideran el mercado nacional) convocó a miembros de ambas cámaras del Congreso y a otros grupos de interés a un seminario para «escuchar y comprender las expectativas respecto de la regulación de la industria», al decir de los propios organizadores. Sin embargo, para sorpresa de los presentes, directivos de la compañía sorprendieron con apreciaciones como «establecer normas no garantiza nada» o «los argentinos tenemos muy buena reputación en desobedecer las leyes»...

Las tácticas de la industria fueron cambiando a través de los años. Hace un tiempo la tarea primordial era combatir las pruebas crecientes de la conexión entre el tabaquismo y enfermedades graves. Un objetivo trunco, luego de que un tribunal federal de Los Angeles condenara a la multinacional Philips Morris a pagar una indemnización de 28.000 millones de dólares a una fumadora norteamericana de 64 años que había contraído cáncer de pulmón incurable. Si bien desde la casa matriz «sólo» desembolsaron 28 millones (tras apelar la sentencia) el episodio sentó un precedente y las tabacaleras debieron revisar estrategias, además de reconocer abiertamente que el tabaco produce cáncer, incluso entre los no fumadores. Las tabacaleras decidieron luego apelar a otro foco que le dio buenos dividendos durante muchos años. Centrar el debate en temas como la importancia de la calidad del aire en locales cerrados, proponiendo la creación de espacios compartidos con secciones de fumadores y no fumadores que «acomodasen» los intereses de todos. Un párrafo extraído de uno de los tantos documentos del Tobacco Institute explicita: «A un dólar por paquete, aún la más liviana de las restricciones del acto de fumar en el trabajo le está costando a la industria 233 millones de dólares en ingresos en Estados Unidos».

• Campañas

Nacieron programas como «Campañas de Cortesía» y «Convivencia en Armonía», que se desarrollaron en toda América latina a través de la Asociación Internacional de Hoteles y Restaurantes. La campaña se inició en Chile, a pocos días de que una encuesta mostrara que más de 80% de la gente apoyaba la prohibición de fumar en lugares de trabajo y restoranes.

No pasó mucho tiempo para que
«los jóvenes» se convirtieran en el principal eje de campaña, teniendo en cuenta la aparición de informes que develaban el más alto índice de adicción en ese sector de la sociedad. Pusieron en marcha campañas de «prevención de tabaquismo en adolescentes», posicionando a la industria como un ciudadano institucional preocupado, cuando la única finalidad fue protegerse de más ataques contra el tabaquismo.

• Juventud

Paradójicamente, mientras promovían estas campañas, las empresas lanzaron al mercado spots publicitarios diseñados especialmente para atraer a la juventud. Su principal eslogan era: «El cigarrillo es sólo para adultos», sin hacer mención de la adicción a la nicotina o las consecuencias del fumar. Un documento de investigación realizado en ese momento detalla que «es difícil imaginarse un mensaje que exhortase mejor a los adolescentes, desesperados por sentirse adultos».

Cientos de ejemplos se podrían citar para desentrañar uno a uno los artilugios de las tabacaleras a la hora de defender sus intereses. Por caso citar intentos de restricciones en publicidad, promoción, comercialización, etcétera.

Brasil fue el primer país del mundo en tomar medidas de fondo contra el consumo del cigarrillo
. Con el objetivo de causar un gran impacto social, el gobierno obligó a las tabacaleras a imprimir en todos los paquetes imágenes que muestran las consecuencias del hábito de fumar. Para asegurar un mensaje claro, los publicistas a cargo de la campaña optaron por imágenes que -incluso- abordan algunas de las principales preocupaciones sociales de las brasileños, como el sexo o el estado físico.

Las leyendas tradicionales como «fumar es perjudicial para la salud» fueron reemplazadas por frases como «fumar puede causar impotencia (en la gráfica se ve a una pareja frustrada, sentada al borde de la cama). Pero hay ejemplos más duros: un bebé recién nacido conectado a un respirador artificial junto a una imagen de una embarazada fumando; o una mujer internada en estado de coma por un cáncer de pulmón.

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