3 de octubre 2002 - 00:00

Los porteños no separaron la basura como pretendía Ibarra

Los porteños hicieron caso omiso al pedido de Aníbal Ibarra de colocar papel y cartón en bolsas separadas. Curiosamente, esto favorecerá a los cartoneros.
Los porteños hicieron caso omiso al pedido de Aníbal Ibarra de colocar papel y cartón en bolsas separadas. Curiosamente, esto favorecerá a los cartoneros.
Todo hacía presagiar que ayer no sería un día más en la vida laboral de los 35.000 cartoneros que recorren la Ciudad de Buenos Aires en busca del material reciclable que venden a diario para poder subsistir. El Gobierno porteño ponía en marcha una campaña destinada a fomentar entre los vecinos la clasificación de basura para facilitar la tarea de los recolectores. Los principales supermercados de la Capital estuvieron a cargo de la entrega de bolsas especialmente identificadas para ese fin. Lo mismo sucedió en los Centros de Gestión y Participación de la Ciudad.

Sin embargo, la realidad indicó que no hubo grandes cambios. «No sé de lo que me hablás», comenzó diciendo Osvaldo Ontivero, un ex trabajador textil de 47 años que fue despedido hace más de tres años y ahora trabaja -junto a su hijo Martín- en la recolección de cartón. Mientras caminaba con paso seguro por avenida Independencia al 3400, Ontivero continuó con su relato: «Yo recorro casi todas las noches San Cristóbal, y en más de diez cuadras todavía no encontré una sola bolsa de las que decís».

Suerte similar corrió en el barrio de Once Héctor Reinoso, un anciano que «olvidó su edad», pero que conoce mejor que nadie el oficio, merced a los 10 años que lleva recorriendo distintos barrios de la Capital. «Esperaba otra cosa, pero igual encontré esto», en alusión a una bolsa transparente con inscripción en letras verdes donde se leía Papeles-Cartones. «Es la única», aclaró, mientras abría con prolijidad -en la esquina de Pueyrredón y Mitre- una bolsa de consorcio grande de color negro, que contenía diarios y una muñeca tipo Barbie sin una de sus piernas, entre restos de comida y demás residuos.

• Dato curioso

Lo mismo sucedió con gente consultada en los barrios de Flores, Caballito, Palermo Viejo y Retiro. Precisamente en este último lugar, un adolescente de nombre Luis aportó un dato curioso: «A mí me sirve el cartón para venderlo, pero también necesito comer, por eso igual voy a romper el resto de las bolsas». Con tono desafiante, el joven pidió al cronista «un faso» y luego disparó con munición gruesa hacia dos frentes: el jefe de la comuna, Aníbal Ibarra, y las cooperativas cartoneras. «Que el intendente se deje de hacer boludeces y nos dé trabajo en vez de complicarnos la vida, si los únicos que ganan con este negocio son las cooperativas. A nosotros nos pagan miserias y ellos después le sacan más del doble», sentenció, antes de acomodarse por enésima vez una remera de Boca con el logo de una empresa automotriz que dejó de sponsorear al club a principios de la década del '90.

El secretario de la cooperativa Nuevo Rumbo, César Videla, salió a desmentir esa versión, aduciendo que esa entidad les compra a los cartoneros «a un valor de 40 centavos el kilo de cartón y 35 el de papel, y luego lo comercializa a 43 y 38 centavos respectivamente». Videla cree que «él (por el joven Luis) se debe referir a la gente que se mueve en las zonas liberadas, por ejemplo detrás del Hospital de Niños, donde hay vivos a los que nadie los toca que se dedican a estafar a los cartoneros comprando a un precio miserable y revendiendo al triple».

El caso más llamativo lo planteó
Susana, madre de tres hijos que la acompañan a sol y sombra (al más chiquito lo lleva dentro de un changuito que robó en un supermercado). La mujer, de 38 años y oriunda de Temperley, contó que viaja todos los días a la Capital «en el tren de la mañana», y pasa toda la tarde removiendo basura con la ayuda de sus hijos mayores Bryan (17 años) y Yolanda (15). Además de aclarar que no encontró ninguna bolsa con identificación, Susana aseveró que «hurgar basura se convirtió en un negocio; es más común ver a gente cirujeando que a personas comunes. Hasta los porteros se avivaron y ahora nos venden bolsones de cartón a 1 peso. En este país todos juegan con la necesidad de la gente».

Habrá que pensar que falló la promoción de parte de la comuna local, o simplemente admitir que la iniciativa de Ibarra y compañía fracasó.

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