7 de enero 2003 - 00:00

Medidas para recuperar la solvencia del sistema

La Argentina ha tenido cinco presidentes del Banco Central en los últimos dos años: Pou, Maccarone, Blejer, Pignanelli y ahora, Prat-Gay. Desde el año 2002, la mayoría de los analistas ha juzgado el éxito o el fracaso de nuestros banqueros centrales por su capacidad de controlar el tipo de cambio nominal, remembranzas de la vieja época de la convertibilidad. Pero, mientras los fracasos primero y los «éxitos» después se acumulaban, el sistema financiero comenzó a adquirir una configuración en sus activos, pasivos y flujos que lo convirtieron en un vehículo inútil para dar crédito a la vez que lo condenaron a consumir lo que quedó de su capital en un período de tiempo más corto del que mucha gente se imagina. Las nuevas autoridades designadas poseen la inteligencia y las credenciales para revertir este fenómeno, y su performance será evaluada dentro de algunos años por su habilidad para resolver este rompecabezas y no por la capacidad que muestren en seguir efectuando una política de «flotación» con tipo de cambio fijo.

•Valuación

¿Cuál es el rompecabezas a resolver? Con cifras estimadas a diciembre de 2002, el sistema financiero posee activos por $ 155.000 millones y un patrimonio neto de $ 24.000 millones. Del total de activos, 48% es público, 9% es liquidez depositada en el Banco Central y el resto se divide en crédito y bonos privados (29%) y otros activos (14%). El primer problema es la alta participación de los activos públicos en el activo de los bancos. Si uno realiza una valuación generosa de los mismos (a 50%), el patrimonio neto del sistema financiero es cero. Ese es un problema de stocks, que el tiempo y un buen desempeño fiscal del sector público podrían aliviar. Sin embargo, como veremos más adelante, el tiempo juega en contra y no a favor. Simplemente por precaución, sería recomendable intentar alguna alternativa.

El otro gran problema es que la ecuación de flujos actual muestra que se están acumulando más problemas en vez de resolverse los ya existentes: el margen por intermediación financiera es negativo por primera vez en 15 años. Para entender este problema, debemos tener en cuenta que hoy conviven un sistema financiero «residual», integrado por depósitos reprogramados, redescuentos y activos pesificados con vencimientos largos y tasas bajas, y un sistema financiero «nuevo», con tasas pasivas muy elevadas sin una contrapartida de activos de alto rendimiento. Para detallar el problema, podemos descomponer el balance de los bancos en tres partes: una que se encuentra indexada a la inflación, otra que ajusta por tasa de interés y una última que se encuentra nominada en dólares.

En el primer grupo, el de instrumentos indexados, hay activos por $ 63.000 millones (préstamos al sector privado pesificados, préstamos garantizados y bonos compensadores en pesos) y pasivos por $ 21.000 millones (depósitos reprogramados), lo que determina un patrimonio neto de $ 42.000 millones, que corresponde al balance del sistema que ajusta por inflación. Todo este conjunto de activos y pasivos es «residual», corresponde a financiaciones y depósitos generados antes de la devaluación del peso y a la que se le han fijado tasas después de inflación que determinan un spread de apenas uno por ciento al año. Es decir que los bancos obtienen un spread de sólo 1% al año por 40% de los activos, sin considerar luego la incobrabilidad de la cartera y los costos operativos, que llevarán este resultado a una cifra negativa.

•Patrimonio negativo

En el segundo grupo, que ajusta por tasas de interés sin indexar, hay activos por $ 46.000 millones (liquidez, préstamos al sector privado y otros) y pasivos por $ 65.000 millones (depósitos nuevos y redescuentos). Esta «parte» del sistema financiero exhibe entonces un patrimonio neto negativo de $ 19.000 millones y muestra un spread negativo de 6,6 puntos porcentuales.(1) Esto ocurre puesto que en el activo la liquidez prácticamente no es remunerada y los préstamos fueron otorgados en el pasado con tasas fijas menores que la inflación actual. En el pasivo, además de los depósitos transaccionales, existen plazos fijos y redescuentos que pagan elevadas tasas en términos reales.

El tercer grupo es el de instrumentos denominados en dólares. Los activos (medidos en pesos) suman $ 46.000 millones y los pasivos $ 45.000 millones. El patrimonio es entonces de sólo $ 1000 millones. Aquí el spread por intermediación financiera es negativo en «apenas» 5 puntos porcentuales, resultado de los BODEN y otros activos (liquidez, Letras externas y ON), que generan 3% y las líneas y ON de los bancos que cuestan 8% en el pasivo.

Las simulaciones muestran que con una tasa de inflación de 30% en un año y siempre que las tasas activas y pasivas sean positivas en términos reales, el resultado por intermediación financiera en relación con el activo será negativo en 4,2 puntos, lo que implicaría que el patrimonio del sistema, que representa 15% del activo de los bancos, se reduciría en 27% en un año. Las cosas serían también muy graves si la inflación, como prevén el presupuesto y el programa monetario del Banco Central, se sitúa en 20%. En ese caso, el resultado por intermediación sería de -2,3% del activo, consumiendo 15% del capital bancario. En ambos casos, para llegar al resultado global del sistema financiero habría que sumar las previsiones (por lo menos 2 o 3 puntos del activo) y los gastos operativos no cubiertos por los ingresos por servicios (otro punto del activo, por lo menos). En un año, de no mediar cambios, los bancos habrán perdido entre uno y dos tercios de su capital. El tiempo corre.

La pregunta que queda por realizarse es qué ocurriría en la medida en que el crecimiento de los depósitos y las aplicaciones que se les den a los mismos vayan cambiando la composición del pasivo y del activo de los bancos. Utilizando los mismos supuestos del programa monetario del Banco Central en términos de crecimiento de los depósitos y su posible aplicación, las conclusiones no son alentadoras: en la medida en que los bancos captan depósitos, los mismos son aplicados a cancelar vencimientos de CEDRO y pago de amparos, a constituir liquidez y sólo una pequeña parte a nuevas financiaciones a tasas de mercado. Es decir, captarán pasivos a tasas reales muy positivas para cancelar pasivos a tasas sólo apenas superiores a la inflación o harán encajes en el Banco Central a ¡¡1,5% anual!! En el margen, los resultados son aun peores.

•Opciones

¿Por donde empezar? El 50% del activo de los bancos fue colocado en forma compulsiva entre los años 2001 y 2002 a tasas que no son de mercado y a plazos exageradamente largos para los cánones aceptables de la industria bancaria. El gobierno debería instrumentar mecanismos para terminar con este problema y a la vez eliminar el sistema financiero «residual». Para ello, existen innumerables opciones, ya que los bancos cuentan con redescuentos y CEDRO que permitirían reducir sus balances, disminuyendo el tamaño del problema.

La última cuestión se relaciona con la política de liquidez que ha venido llevando el Banco Central. En una economía que ha recuperado la capacidad de su Banco Central de actuar como prestamista de última instancia, los encajes no remunerados sólo pueden ser entendidos como una distorsión de la industria; otra vez los resabios de la convertibilidad se colaron en la mente de los «policy makers». Esta distorsión ha servido para que en los últimos meses la expansión de la oferta de base monetaria no haya sido inflacionaria, pero toda vez que las entidades ya han recompuesto su liquidez, el efecto «benéfico» tiende a agotarse y comienza a mostrar su costado oscuro en los resultados de los bancos.

(1) Asumiendo que las tasas activas a las que prestan los bancos equivalen a 1,5 vez la inflación y las tasas pasivas pagadas en los plazos fijos son 1,1 vez la inflación.

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