12 de septiembre 2001 - 00:00

Un impresionante reto a la capacidad de Bush

Sarasota, Estados Unidos --El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se vio sumido abruptamente ayer en la crisis más profunda de su breve período al frente de la Casa Blanca.A partir de ahora, su capacidad de respuesta podría determinar su suerte política.

«Fallas de inteligencia. Secuestradores aéreos violando la seguridad de los aeropuertos. Errores en la protección del espacio aéreo sobre el Pentágono. Encontrar a los culpables. Castigarlos.»

Esos son sólo algunos de los impresionantes desafíos que enfrenta Bush ante el escalofriante uso de varios aviones comerciales estadounidenses para estrellarlos contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington.

• Interrogante

A medida que transcurrían las imágenes en televisión, llenas de nubes de humo y gente en estado de pánico que huía de edificios en llamas, con un presidente imposibilitado de regresar inmediatamente a Washington por razones de seguridad, los estadounidenses se preguntaban: «¿Cómo puede suceder esto en América?».

De alguna forma, el foco que había en Washington sobre cómo revivir la economía estadounidense y quién es el culpable de que el superávit presupuestario se haya volatilizado parecía ayer al melodía lejano, de la edad de la inocencia.

• Aturdimiento

En la agenda del presidente estaba previsto que pasaría la mañana hablando sobre educación en una escuela prima-ria. Pero en cuanto se enteró del desastre, voló súbitamente a una base aérea en el estado de Louisiana y después se trasladó a una base similar en Nebraska.

A Bush se lo veía aturdido por la magnitud de la crisis cuando habló con varios periodistas en Louisiana. «La resolución de nuestra gran nación está siendo puesta a prueba», dijo. «Pero no nos equivoquemos; le mostraremos al mundo que pasaremos esta prueba.»

Bush lleva sólo ocho meses al frente de la presidencia de los Estados Unidos y los acontecimientos de ayer ya marcaron un punto de no retorno para el resto de su presidencia, desafiándolo a demostrar si puede o no manejar una crisis de este calibre.

Su predecesor,
Bill Clinton, fue felicitado por haber estado a la altura de las circunstancias en el que fue entonces el peor acto terrorista en Estados Unidos: la explosión en un edificio de Oklahoma City, en 1995, en la que murieron 168 personas.

Los estadounidenses gene-ralmente se ponen unánimemente a favor de su presidente en momentos de crisis, como hicieron con el padre del actual mandatario, cuando en 1990-'91 el presidente
George Bush respondió a la invasión de Kuwait por parte de Irak.

En el caso del hijo, sin embargo, éste carga el peso de no haber ganado el voto popular en las elecciones presidenciales celebradas el año pasado y haber llegado al puesto solamente por la decisión dividida del Tribunal Supremo ante la disputa de los resultados de la votación en el estado de Florida, frente al candidato demócrata,
Al Gore. Si el pasado sirve de algo, la respuesta de Estados Unidos será inmediata una vez que los objetivos hayan sido identificados. Y el incidente hasta podría obligar a Bush a reenfocar la política hacia la sangría de Medio Oriente.

Es que Estados Unidos parece haber sido sorprendido con la guardia baja a pesar de las intensas preocupaciones del país por el terrorismo y su prevención.

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