27 de octubre 2002 - 00:00

Argentina Software Factory

Escribe Epifanio Blanco
Devaluados, bastó que desapareciera la posibilidad de venderle al mercado local para que todos miraran hacia afuera y hacia valores obvios, pero aparentemente inadvertidos: hay recursos humanos para hacerlo. Pero, ¿qué grado de validación tienen nuestros recursos y los procesos de gestión sobre los cuales se pretende hacer software? Los interesados en exportar ponen hoy foco en esos temas.

Si se quiere jugar en primera no basta decir al mundo que desde aquí partieron los sitios punto com que deslumbraron un lustro atrás. Decir que en la Argentina hay talento creativo y capacidad para desarrollos Web no es exactamente igual a tener ganado un lugar en el cielo del software mundial. La India, Israel, Irlanda e Islandia viven revalidando méritos. En el escenario del software mundial hay parámetros, lo cual no asegura que no cometan grandes errores y ellos cuesten miles de millones de dólares.

Opiniones

Efectivamente, la NIST estimó en agosto último en u$s 60.000 millones las consecuencias derivadas de errores de software, dijo Nelson Sprejer, socio fundador de Pragma Consultores, uno de los expositores en el seminario “ertificar para exportar software” De allí la importancia que adquieren los procesos de control de gestión y posterior certificación de calidad de los productos y desarrollos de software. ¿Cuánto ahorra encontrar un error? Un monto que va de 900 a 3.000 dólares en gastos directos que demandará luego reparar el bug.

Automatizar la infraestructura sólo para testing (manejo de ambientes) puede ahorrar no menos de 5.000 horas netas en dos años para una organización de una decena de personas. El adecuado testeo -acotó Sprejer, citando un trabajo del Standish Group- evitaría caer en datos tales como que sobre 8.000 proyectos de IT recientes, en 90% se excede lo presupuestado y en 120%, su tiempo estimado. El tiempo medio de exceso es de 222% y sólo 16,2% (9% en las grandes compañías) de los proyectos se completa en tiempo y costos estimados inicialmente.

Pero Sprejer también invitó a reflexionar acerca de los mitos y leyendas sobre la certificación de calidad en los procesos u expresiones tales como: “uien no certifique está fuera del mercado exportador”

Ni tanto ni tan poco, aunque una ironía desliza por allí que “i usted trabaja mal pero lo documenta consistentemente es ISO 9000” acaso la sutil diferencia estriba en algo similar a aquello de “studiar para aprobar o estudiar para saber” No todas las grandes exportadoras mundiales de software están certificadas; sí muchas que ofrecen outsourcing -India es el ejemplo de haber levantado el tema como ventaja competitiva-. ¡Pero cuidado: el tema de la certificación será una exigencia a muy corto plazo!

Signo de esta nueva avidez por exportar, el seminario convocado por la Cámara del Software y Servicios Informáticos (CESSI), juntamente con la consultora Prince & Cooke (P&C) tuvo un lleno total de empresarios. Alejandro Prince, titular de P&C, tuvo la iniciativa de esta convocatoria, pero el pleno superó sus expectativas, según confesó. Muy bueno -opinó- pero quizá convenga observar que exportar “o será un proceso automático, sino el fruto de un par de años de trabajo”

Grandes corporaciones como Microsoft, IBM, Oracle, ven este momento como el de una nueva oportunidad ya que la idea de factorías de software en Argentina no es nueva. En vísperas del cambio de milenio, la necesidad de contar con
software año 2000 compatible instaló aquí los primeros casos de software factory. Por ese entonces se contaba también con algo que hoy vuelve a valorizarse: recursos humanos capaces de trabajar en temas arduos como lo son la programación en ciertos lenguajes.

La idea vuelve con fuerza a partir de desarrolladoras como Sistemas Bejerman, SD&D; Huenei, Bit X, Open Solutions, AperNet, Datastream, Neocompass y también grandes corporaciones que han instalado aquí importantes laboratorios de software, como IBM (en Martínez), Motorola (Córdoba), NEC (Buenos Aires), Schlumberger-Sema, Oracle y Unisys. Microsoft está haciendo un despliegue especial y recientemente puso de relieve que el modo de salir de la crisis argentina es potenciando la capacidad creadora y la base ya existente en materia de programadores de software y desarrolladores de soluciones.

Desembarcos

Algunos llegan: Nevum, una empresa de EEUU, abre aquí su software factory porque los costos y la mano de obra se conjugan para crear en condiciones de competitividad para el mercado latinoamericano, según explica Claudio Meckler, responsable local. ¿Qué hacen? Un software que sirve para la administración de recursos humanos y control de la productividad. En esta hora en que el énfasis está puesto en la reducción de costos, aplicativos como estos tienen un ROI de apenas tres meses del momento de realizada la implementación. Sus implementaciones para clientes locales como Carrefour, Sidus, TELAM, Hoyts Cinema, Molinos y otros le brindaron una base de operaciones que hoy sirve de pivote para el mercado latinoamericano.

En su presentación en sociedad, el último miércoles, Nevum informó que apuesta al concepto de que la Argentina es el país ideal para establecer su software factory y, pruebas al canto: han instalado una planta de desarrollo en San Isidro. Su sede central está en EEUU y Latinoamérica es el primer paso en su estrategia de expansión hacia Europa y Asia. Las operaciones a nivel Latinoamérica, se manejan desde Miami, y las de América del Norte desde las oficinas de Nueva York. La estrategia de inserción y de crecimiento en estos mercados es a través de un modelo de socios de negocios y de alianzas tecnológicas con compañías como Microsoft, Oracle, Unisys.

La expansión

Otros emprenden la travesía del héroe hacia nuevos horizontes, como TGV que mira hoy hacia Brasil, México y ¿Por qué no? El resto de Latinoamérica. TGV es una compañía nacida una década atrás, en Buenos Aires, por ex integrantes de Andersen Consulting, para ocuparse de outsourcing y sistemas para misión crítica. En 10 años crecieron a 100 empleados y una facturación de u$s 4.800.000 en 2001, atendiendo a grandes clientes como Banco Río, Banco Galicia, Coca Cola, Philip Morris, Roemmers, Loma Negra y otros.

En ese devenir crearon un software de gestión que se mostró eficaz y que hoy proponen al mercado latinoamericano: Easy RPM, una plataforma que atiende distintos requerimientos que llegan a una empresa, desde que ingresa un pedido de presupuesto hasta que el proyecto concluye, explican Osvaldo Tessio y Ernesto Galíndez (ausente en este diálogo Marta Vicena -cuyo apellido completa la denominación empresaria TGV-). El software desarrollado creció libre de competencia y eso le ha dado un horizonte interesante, luego de ir de la mano de sus grandes clientes a México y Brasil.

En ese camino del héroe -observan- hubo momentos en que los costos locales eran altos, algo que cambió la actual relación cambiaria, pero la devaluación no es todo. Los argentinos debemos trabajar sostenidamente para lograr el voto de confianza de la solidez. A los indios les llevó una década obtenerlo; pero si trabajamos ordenadamente podemos llegar con el software a exportar un monto similar o superior a las actuales exportaciones de carnes por u$s 900 millones. Y el criterio de factoría de software es un camino, coinciden ([email protected]).

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