15 de diciembre 2002 - 00:00

ARTE ARGENTINO DE EXPORTACION

Tomás Maldonado, «Composición 208», 1951, Colección Patricia Cisneros.
Tomás Maldonado, «Composición 208», 1951, Colección Patricia Cisneros.
Escribe Ana Martínez Quijano
Hace apenas unos meses, en el ambiente del arte repercutió la escalada del dólar y ante el derrumbe social, político y económico, se suspendieron varias exposiciones procedentes del exterior. Nunca llegaron la tan esperada muestra «España, sueño de la razón», ni las de Lichtenstein, Kahlo y Rivera. Los patrocinantes se batieron en retirada y parecía que la Argentina, insertada no sin dificultad en la agenda de eventos internacionales, estaba sentenciada al olvido. Y hasta parecía merecer ese olvido. Sin embargo, el año más adverso de la historia del país culmina con un balance positivo. Primero arribaron las obras de Rembrandt y de artistas como Lasar Segall, Vanessa Beecroft, Shirin Neshat, Antoni Muntadas y Mimmo Paladino. Luego se realizaron las ferias Arte BA y Expotrastiendas con ventas abultadas, mientras nuevos espacios y galerías abrían sus puertas. Finalmente, la II Bienal de Buenos Aires logró convocar 195 artistas de 45 países de todo el mundo, y muchos argentinos estuvieron presentes en exposiciones relevantes del exterior, como Arco, Art Basel o Documenta.

Por ahora, el «veranito» del arte se adivina extenso. Si bien se postergó la muestra que reclama Brasil, país que supo llenar Buenos Aires con su arte, y la obra detenida del Museo Fundación Fortabat duele como una espina, no se divisan señales de tormenta. El Fondo de las Artes se apresta para abrir la casa incomparable de Victoria Ocampo, y hasta se ha vuelto a hablar de traer la exposición que en febrero Guillermo Kuitca inaugura en Madrid, organizada por el Museo Reina Sofía.

EXCELENCIA

Entretanto, y tras una década de recorrer mundo con predominio del consumismo sobre la producción, llegó la hora de mejorar el nivel de las muestras locales y tornarlas atractivas para la exportación (sobre todo las que se realizan con dineros públicos). Es decir, alcanzar el nivel de excelencia que demandan los circuitos internacionales parecería ser el secreto para no descender por la pendiente, y que a nuestros artistas en el exterior no siempre los presenten instituciones y teóricos también del exterior.

La Fundación Proa dará esta semana el primer paso en este sentido, inaugurando en Italia Arte Abstracto Argentino. 1910-1950, por iniciativa de su directora, Adriana Rosemberg, y del director de la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bérgamo, Giacinto di Pietrantonio. La muestra, que llegará al barrio de La Boca en 2003, recorre el extenso período de las vanguardias históricas a partir de Emilio Pettoruti, Del Prete y los grupos Arte Concreto Invención (Iommi, Maldonado, Hlito, Prat) y Madí (Arden Quin, Kosice, Rotfuss, Blasco), el Perceptismo de Lozza y, como antecedente, la influencia de Torres García y la Escuela del Sur. Pero el dato interesante es que la exhibición, a cargo de Marcelo Pacheco como curador general y de Enrico Crispolti como curador invitado para la sala dedicada a Lucio Fontana, se apoya en un sólido trabajo de investigación. Requisito fundamental para una presentación en el exterior e imprescindible como carta de presentación, teniendo en cuenta que las expresiones de esa época continúan inspirando a los artistas argentinos contemporáneos.
Las 100 obras pertenecen a las colecciones argentinas de Ricardo Grüneisen y Eugenia Crenovich, las fundaciones Pettoruti y Pan-Klub, los museos MALBA, Arte Moderno y Xul Solar, y las extranjeras Von Bartha (Suiza), Patricia Cisneros (Venezuela), Cecilia Torres (Nueva York) y la Fundación Lucio Fontana (Milán), entre otras. El ambicioso proyecto se concretó a fuerza de rigor para el trabajo, el patrocinio de Techint y el interés por el arte de Paolo Rocca, presidente de la empresa. En todo caso, la muestra es compleja, refleja no sólo la evolución del arte abstracto argentino, fundante del resto de los movimientos de Latinoamérica, sino también el contexto en que se desarrolla. Pero también es didáctica; un video fotográfico documenta el crecimiento económico, social y cultural del país, la producción rural, el desarrollo urbano y el florecer intelectual, desde el origen hasta la década del ’0 y el advenimiento del peronismo. Las primeras revistas de arte, catálogos, documentos y manifiestos históricos de las vanguardias forman, junto a las obras, un conjunto cuyo valor documental es inédito en el exterior. El catálogo, con textos de Rosemberg, Pacheco, Adriana Lauría y Crispolti, además de una entrevista a Tomás Maldonado, manifiestos, biografías y la imprescindible cronología histórica, es en sí mismo un documento. En la investigación, con el apoyo del archivo de Méndez Mosquera y la Fundación Espigas, trabajaron Florencia Battiti, Cristina Rossi, Patricia Artundo y Luis Priamo, y en el diseño de la muestra, el estudio de arquitectura Caruso & Torricella. Nada es fruto de la improvisación.



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