La marina mercante, al igual que el resto de los sectores productivos de bienes y servicios, requiere inexorablemente que se establezcan y mantengan reglas claras y seguridad jurídica, que posibiliten la realización de las inversiones de riesgo que son imprescindibles para la renovación y expansión de la flota y la generación de nuevos puestos de trabajo genuinos.
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Luego de anunciarse el dictado del Decreto 1.010 manifestamos que, a pesar de su transitoriedad, esta norma debía servir de disparador para arribar al marco definitivo reclamado. A tal efecto, la Cámara Naviera Argentina, en forma conjunta con otras entidades del empresariado y la colaboración de un equipo de profesionales, está concluyendo para su presentación ante la autoridad marítima un proyecto de ley para su elevación al Congreso, que -consideramos- contiene las pautas mínimas necesarias para alcanzar ese objetivo.
En la misma oportunidad, expresamos que el Decreto 1.010, además de una adecuada reglamentación que está aún pendiente, necesitaba estar acompañado en lo inmediato por otras medidas de protección de mercados y de promoción, a fin de reactivar la marina mercante y la industria naval. Ya contamos con una iniciativa importante en tal sentido como es el propuesto sistema de Leasing Naval a través del Banco Nación con el apoyo financiero del Poder Ejecutivo. Este instrumento, para lograr ser operativo, requiere de una adecuada respuesta de los astilleros, a fin de construir en precio, tiempo y forma los buques necesarios para la renovación de la flota mercante nacional.
Las autoridades del área están trabajando en otras iniciativas que hacen al requerimiento formulado, como son la consolidación del cabotaje nacional y del acuerdo de la Hidrovía Paraguay-Paraná, así como la concreción del Acuerdo de Transporte Marítimo del Mercosur, instrumento prioritario para la expansión del restringido mercado de fletes en que opera la bandera argentina. Es decir que las señales son alentadoras y el armamento pondrá todo su esfuerzo para que éstas se consoliden en inversión, desarrollo y empleo.
Esperamos también que se concreten el próximo año las tareas de dragado y balizamiento de la Hidrovía Paraguay-Paraná, tanto tiempo postergadas, así como las del Alto Paraná. Estas obras son imprescindibles para atender el crecimiento del tráfico fluvial, que alimenta los puertos de ultramar sobre el Río Paraná y el Río de la Plata. Las inversiones privadas en instalaciones portuarias y flota en el área fluvial y la expansión de la frontera agropecuaria reclaman y merecen una respuesta adecuada, dando término a una dilación incomprensible, que beneficia únicamente al sector de las consultoras.
Se debe poner en ejecución, en forma inmediata, la profundización del trayecto Santa Fe al Océano, en una primera etapa a 36 pies desde Rosario, con el objetivo de lograr a mediano plazo una profundidad de 40 pies apta para recibir los buques que el tráfico internacional requiere. El actual nivel de los fletes marítimos y su proyección futura demuestran que el ahorro en el transporte compensaría con creces el costo de las obras.
En suma: mi balance del año es que se ha constituido en un período de importantes anuncios, que ansiamos se concreten en un dinámico y sostenible crecimiento para el sector.
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