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Cada festejo con su estilo, de lo clásico a lo barroco

Este evento, al que fueron invitados desde diseñadores hasta representantes de las más importantes consultoras de prensa, RR.PP. y agencias de viajes, entre otros, incorporó este año dos conceptos que no tuvo en cuenta en otras ediciones: el elemento de la moda y lo gourmet (como la comida molecular) y no sólo la ambientación, aunque ésta lleva, siempre, el primer lugar. Los salones fueron arreglados en diferentes estilos: en el Foyer, el Vanguardista; en el Salón Cabildo (el más grande del hotel) el Moderno, Clásico y Romántico, y en el Pilar, el Barroco. Esta es la ocasión, ni más ni menos, en que se muestra hasta dónde puede llegar la originalidad en una fiesta en un cinco estrellas.
«En primer lugar trabajamos con los ambientadores, luego con los diseñadores, quienes eligieron el vestuario de acuerdo con el lugar, disc-jockey y cada una de las partes que conforman un evento», aseguró Carolina Linares, RR.PP. del hotel de la calle Posadas, quien trabajó activamente con la chef Micaela Conesa y la chef patisserie Beatriz Chomnalez para diseñar el nuevo menú de banquetes y los reconocidos dulces de esta «maestra de maestros».
Probar, jugar, experimentar. Tres verbos que si bien mencionó Gerardo, pueden utilizarse para toda la presentación. Como lo que lograron Javier Iturrioz y Benito Fernández, quienes trabajaron el estilo moderno, con reminiscencias art déco con detalles de arreglos en plumas en columnas luminosas, que sirvieron de escolta a los émulos de Josefine Baker, «la diosa de ébano», y las mesas de sushi, mousse de codorniz y cake de centolla que ningún invitado dejó de degustar. A continuación, en el espacio clásico de Isabelle Didot y Laura Valenzuela, se recreó una pista de baile en la que los novios danzaron el vals. Los colores negro, plata y colorado dieron el marco (con amplios sillones bajos y mesas con sillas altas) para la oferta gastronómica de bocaditos fríos y calientes como blinis, pinxos, paté veneciano y empanaditas, entre otros.
En otro sector, el romanticismo de Milagros Resta se vio reflejado en carpas de tules, emulando un picnic al aire libre. Las chicas, producidas por Love Miuka, invitaban a los comensales a disfrutar del espacio en el que abundaron las flores silvestres y velas aromáticas, y en el que se sirvieron ostras frescas, bruschettas y almejas y pinxo de langostino.
Todos los menús fueron regados por los vinos Santa Julia Reserva de Bodega Zuccardi, quien también acompañó al estilo Barroco de la mesa de dulces con su Malamado. Aquí fueron Flores de Buenos Aires y Verónica de la Canal, con sus chicas a la usanza de Moulin Rouge, quienes se perdieron entre los tonos bordó y negro para acompañar a la excelente patisserie.


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