27 de agosto 2001 - 00:00

Charlas de quincho

Fin de semana en el que los protagonistas más destacados de los quinchos fueron chilenos: una esposa y un economista. La primera llevó su gira de búsqueda de solidaridad con su marido desde Nueva Inglaterra al interior del país. El segundo, de aspecto juvenil a pesar de sus años, habló de lo difícil que le resulta atraer inversores a la Argentina. En la frugal comida con el economista trasandino se habló también de las veleidades poéticas de un miembro del gabinete de Domingo Cavallo. Una ministra recuperó protagonismo frente al Presidente cuando trajo infidencias de otro mandatario sobre los males que trajo a su país la devaluación. Veamos.

Cecilia Bolocco cambió la mansión de los Bush en Nueva Inglaterra por las provincias argentinas, buscando solidaridad para su marido. Visitó La Plata y Córdoba.
Cecilia Bolocco cambió la mansión de los Bush en Nueva Inglaterra por las provincias argentinas, buscando solidaridad para su marido. Visitó La Plata y Córdoba.
• Tal vez el impulso de la familia Bush sirvió para que Cecilia Bolocco haga más giras por el interior argentino. Lo cierto es que luego de su entrevista y cena en la casona del ex presidente estadounidense, la esposa de Carlos Menem llegó al país y en 48 horas fue a un acto en La Plata con poetas y a otro anoche en Córdoba, previo paso por Don Torcuato, claro. Casi como si se vistiera de su marido, uno de los políticos más afectos a este tipo de saltos geográficos y encuentros con adherentes, al revés de otros dirigentes conocidos que repudian el forzado rito de actos y giras.
Hoy, ya se sabe, ella despierta más curiosidad que el propio Menem y un considerable entusiasmo en el sector femenino. En Maine, más exactamente en la casa de los Bush en Kennebunkport, famosa antaño porque allí recibían a otros dignatarios del mundo, a la Bolocco -acompañada por su secretaria, Ximena Campbell-la sorprendió el frío (en esta época de verano) y la falta de custodios para la pareja, ex jefes de la Casa Blanca y hoy padres del mandatario.
Llevó una carta de su marido preso y un collar de lapislázuli (piedra semipreciosa típica de la artesanía chilena), recibió un almuerzo con crema de espinacas con zapallo, roastbeef con ensalada y un postre helado, además de una frase inolvidable pronunciada por Bush padre: «Mi mejor amigo, en la Argentina, es Carlos Menem». Hablaron de minucias, sociales y, en la parte política, ella se explayó a favor de la libertad de su marido.
Lo hizo con tanto encomio que hasta derramó unas lágrimas, lo cual se vuelve comprensible en una mujer que tenía lista su luna de miel en el Ritz de París y terminó pasándola en un sombrío chalet de un suburbio de Buenos Aires.
Con ese bagaje internacional volvió, recaló en La Plata -soportó una amenaza de bomba-, habló por «Menem 2003», sus anfitriones le dijeron que esta ban por Asís en la interna y luego se fue al shopping «Patio Olmos» de Córdoba, para juntar fondos para Don Orione. Aunque no sea Eva, sus cultores igual la identifican.

• Cuesta encontrar en épocas de crisis personas que hablen en forma racional, sensatas, que iluminen en materia económica. Sobre todo en castellano, cuando la mayoría de los especialistas -de un sector u otro-repite el mismo discurso. Tal vez por este vacío, la presencia del ex ministro chileno Hernán Büchi interesaba más que nunca en los quinchos.
A pesar de que invariablemente está con prisa -aun al comer es como si estuviera haciendo jogging-, condicionado por entrevistas o llamadas, las dos horas y media que consumió en el Club Americano sirvieron al menos para que sus contertulios de mesa volvieran a sorprenderse con este hombre de palabra fácil y razonamiento sencillo, el mismo que a los 30 años dio vuelta como un guante la economía trasandina y, tal vez, por varias décadas.
Junto a él, para liquidar una terrina de verdura, luego un módico lomo con legumbres y finalmente un helado, estaban Bernardo Neustadt, el banquero Emilio Cárdenas, el gobernador puntano Adolfo Rodríguez Saá, Pedro Simoncini, Helge Freuvendorf y Gerardo Bongiovanni, motor del almuerzo y de la Fundación Libertad que todos los años trae al chileno a Buenos Aires.
Hay otro Büchi aparte del que conoce el público, como es obvio, al margen de lo que puede expresar en un reportaje como ese brillante testimonio publicado por este diario el viernes pasado. Parece más escéptico de lo que dijo en Ambito Financiero, al menos sobre la Argentina (aludió varias veces a la posibilidad del «síncope», materia en la cual parece un experto médico pues explicó la multitud de formas en que sobreviene).

• Y no sólo porque discrepe con Domingo Cavallo sobre el tipo de cambio fijo, polémica que ya lleva años, y otras señales equívocas anunciadas por el ministro cordobés. Teme Büchi, tal vez, que ciertas condiciones de la economía argentina no se modifiquen sólo por el acuerdo con el FMI -el que, insiste, debe cumplirse a rajatabla-; se requiere atención a otros puntos, a restricciones en materia de inversiones por ejemplo, o a instituciones que aún se tarda en consolidar.
En este aspecto, fue claro al contar una anécdota, despreciando el sometimiento a un hombre en lugar de encuadrarse bajo instituciones eficaces. «Hace unos años -relató- estaba en una conferencia de comercio internacional y a mi lado se sentó un señor agradable con el que conversé un rato largo, casi tropezadamente ya que mi francés no es muy bueno. Era un suizo, quien después de un rato se despidió diciéndome: 'Disculpe, pero me voy porque dentro de una hora asumo como Presidente de mi país'. Así de sencillo, un trámite, ni me acuerdo el nombre del suizo. Así me gustaría que ocurriera en mi país, que la elección de un mandatario no fuera traumática, no tanta dependencia por un personaje ya que importante es la calidad del instituto que transitoriamente le toca presidir.»
Palabras más, palabras menos en boca de un Büchi todavía delgado pero fibroso, quien a los 50 sigue con flequillo beatle y no abandona los zapatones americanos de nieve, sea invierno o verano, sea de sport o de cena elegante.
Para él es todo un parto traer inversores a la Argentina, y con su acento característico se alarmó por la multitud de trabas burocráticas y por las excesivas imposiciones tributarias. En un mundo donde cada vez más se facilita la llegada de capitales, donde se compite por conseguirlos, la Argentina no exhibe esa disposición. Todas son complicaciones y, con ese repertorio de límites, será difícil crecer.
Más vale ir a otro sitio, con otras ventajas y servicios, dijo quien en su país aboga por la supresión del impuesto a las rentas. A propósito, ¿es posible imaginar esa propuesta de abolir el Impuesto a las Ganancias en la Argentina, con una mayoría aliancista y una parte del peronismo casi social demócrata?

• Cárdenas, quien hizo esfuerzos por justificar algunas medidas de Cavallo -no, claro, la del euro en la convertibilidad, episodio que ya casi nadie entiende-, sostuvo que algunas de esas ideas de Büchi se estudian en el equipo económico. Como si revelara que hay otros economistas que están aportándole sangre nueva al ministro. Aunque no puso fecha para la transfusión mayor.
«Si no hay cambios», confió el visitante, «seguirán igual, como ha ocurrido con tantos países; como sucede con Japón que lleva 11 años de recesión y difícilmente vuelva a ser lo que fue. Hasta parece que se tentaran con esos discursos de la izquierda donde ensucian a todo el mundo, como han hecho en Venezuela -donde a mucha gente se le hace intolerable vivir-, olvidando que los capitales buscan seguridad, confianza, privacidad, protección. Discutamos las derivaciones de la droga, que es focalizado y preciso, pero cuidado con generalizar en lavado otras historias que pueden ser nefastas para los países», indicó en clara alusión a la prédica de Elisa Carrió.
«Los Estados Unidos», señaló, «se hicieron importantes por permitir a su gente, en el inicio, moverse de un estado a otro según les conviniera.Así se hizo el mundo serio, hoy es aun más fuerte esa tendencia. ¿A quién se le puede ocurrir impedir que sea delictual sacar o mover capitales?»
Esa sola mención motivó a Cárdenas, quien agregó: «Basta preguntarle a un judío, con su historia de persecuciones, lo que opina sobre quienes desean imponerle condiciones para privarle el uso libérrimo de su capital».

• No todo fue un monólogo de Büchi dominado por el «tómelo o déjelo» -a quien, tal vez, el país debería pensar en contratarlo como administrador vista la nula eficacia de los nacionales a cargo-, ya que Rodríguez Saá tuvo espacio para publicitar su gestión provincial, superavitaria en San Luis, donde el saldo favorable de este año será destinado a un fondo anticíclico para cuando haya época de vacas flacas.
«Pero gobernador», preguntó Büchi, «¿cómo hizo usted en este país para tener esa situación tan opuesta a la de otras provincias?». Y allí Rodríguez Saá relató su secreto: «Al margen de otras herramientas, lo principal en mi caso fue garantizar al inversor». Volvió, casi sin reparar, al pensamiento que el propio Büchi había desarrollado en todo el almuerzo.
Después, cuando se marcharon Büchi y también Neustadt -quien siempre urgido persiste en su costumbre de retirarse antes de las reuniones-, Rodríguez Saá habló de la reacción provincial ante el caso de que se suspendan los fondos que la Nación se comprometió a girarles a las provincias por coparticipación. «Se discutirá», sostuvo, «porque siempre nos han tratado como domésticas y nos deben importantes recursos por saldos de IVA. Además, esto de los fondos comprometidos no es un invento nuestro sino del propio Estado: lo hizo Cavallo con alguna picardía en el pasado y luego lo fortaleció José Luis Machinea. Igual veremos qué ocurre porque si la Nación se ajusta, las provincias también se ajustarán», afirmó como quien no necesita demasiado ajustar.

En otro aparte, mientras, se pasaba a otro capítulo, alejado de la economía pero con un economista como protagonista. «Usted sabe, ya que estamos con chilenos -advertía uno de los asistentes al periodista de Ambito Financiero-que Federico Sturzenegger, el secretario de Política Económica, además de servir a Cavallo también dedica horas a la poesía.» Extraña debilidad para un docente de la Universidad Di Tella, más cuando su admirado o adorado vate maestro es el socialista Pablo Neruda, según el informante, aunque en materia de versos la política poco tiene que ver.
Aun así, luego de la lectura de algunos poemas de Sturzenegger, la distancia con el chileno Nobel resulta más larga que la que separa Buenos Aires de Santiago. Basta entregarse a uno de los románticos preferidos y firmados por el economista (los cuales, además, pueden encontrarse en su página de Internet, si es que hay alguien que se interese en su vocación). Dice: «Hay que ser valiente para amar,/despojado y desnudo/ te ofrendo mi tesoro abierto de brazos y me arrodillo como ante un pelotón de fusilamiento». Estrofa que cualquier malicioso en lugar de asemejarla a una amante la confundiría con el FMI.
Para seguir: «Hoy no estás y sólo llanto,/tantas lágrimas que llenaría el mar/tantos gritos que despertarían una ciudad/tanto cansancio para que no llegue el dolor». No abunda tal vez la riqueza literaria, menos la imaginación, pero vale rescatar el sentimiento de quien pasó casi una vida entre números y ecuaciones. Finaliza: «En carne viva alzo mi brazo/sangrante no perdono a la vida/ya sin piel agito mi puño inútilmente./ Quiero morir pero no puedo/ y sin pensarte parece ser consuelo/ pero simplemente me sigue abriendo desde adentro».
Hay quienes, es obvio, son dotados para la palabra y otros, en cambio, para la economía. Sería mejor, en todo caso, conocer el libro de Sturzenegger a favor de la dolarización, el mismo que debió abortar porque Cavallo lo llamó al gobierno y el cual está silenciado -hay censuras también en Hacienda-para no irritar a quien se opone a esta teoría y entronizó al euro como parte de la convertibilidad virtual.Así en la tierra como en el cielo.

• «La Piba» tiene su historia y, tal vez, nunca pensó que habría de contarla frente a un presidente. Le tocó a Patricia Bullrich hablar ante Fernando Henrique Cardoso, quien la semana pasada le puso desde Brasilia un avión a Rio -donde la ministra participaba en una cumbre de titulares de Trabajo-para que le contara intimidades de la Argentina. Hablaron mucho en portugués, ya que la Bullrich vivió en Rio durante buena parte del gobierno militar y, para halago de Cardoso, le recordó que ella fue su alumna en un curso.
Sirvió ese dato para confesar que entonces vendía ropa para niños, que también tuvo una combi con la cual paseaba turistas y que al regresar al país, luego de Malvinas, la detuvieron (intercedió por su libertad un militar brasileño, el ex presidente Joao Baptista Figueiredo). Ella se sorprendió por la forma en que Cardoso abrió su corazón, olvidando que esa costumbre él la tiene con todas las mujeres, y por las preguntas que le formuló sobre el sistema previsional argentino. Es que, según él, «nosotros tenemos que cambiar el nuestro, ya que todos -incluido yo-nos jubilamos a los 50 años. Con este sistema vamos a explotar».
Pero lo más singular que la Bullrich obtuvo de la entrevista fue la inquietud de Cardoso por las dificultades internas de la Alianza en la Argentina. Teme -confesó ella-que una crisis de gobernabilidad también se produzca en Brasil, ya que la unión para las próximas elecciones de Lula (PT) con Itamar Franco (PMDB), el mismo que repudió la deuda en su estado, junto al PPS de Ciro Gomes, puede devenir luego en un fracaso estruendoso.
¿Qué se trajo la ministra de Cardoso? Una revelación, casi un arrepentimiento. Según ella, él le aseguró que la devaluación le generó un problema de confianza al Brasil del cual todavía hoy no pueden recuperarse, ya que habían hecho una campaña con el real fuerte y desde la devaluación sólo tuvieron descontrol.
La gente -recordó- hubo de perder casi 40% de su salario y, en verdad, se privilegió el interés de sectores exportadores en lugar del interés general. «Nos equivocamos -confió- y hoy lo que advertimos es un interés especial del gobierno de Bush por lo que ocurre en la región. Todos los días, mi ministro Pedro Malan habla con el Tesoro. Con O'Neill o con otro.» Ayer, en Olivos, por esa entrevista, «la Piba» ofrecía un interés que había perdido desde hace 15 días en la esfera presidencial.

Otra del oficialismo, en este caso una fiesta: el cumpleaños de Ramón Mestre, el ministro del Interior, acompañado sólo por el reducido grupo de The Ramones (colaboradores tan achicados que sólo son 12, como los apóstoles, frente a los casi 500 contratados que tenía Federico Storani).
Entre los asistentes a «Il Gatto» (Bulnes y Beruti), estaban Ramón Darwich -el hombre a consultar a la hora de lanzar un bono, autor del exitoso CECOR provincial, como ya lo hicieron Domingo Cavallo y el Banco Galicia-, Enrique Mathov, Alejandro Tulio, Lautaro García Batallán, Marcelo Bassani, Elbio Molardo y la mujer fuerte del ministerio, Cristina Azcueta, ahora revisora de lo que ocurre en Migraciones pero con algún temor: como su jefe político es Leopoldo Moreau, Mestre observa para que no insista en contrataciones, como es la costumbre en esa línea radical. Había pizza y pastas, se acompañó con champagne sin prejuicio ideológico (salvo Bassani, que sólo toma gaseosas).
Hubo un guitarrista correntino, se cantaron chamamés y tangos, y tanto García Batallán como Tulio entonaron a dúo, como en los '40, «Azúcar, pimienta y sal» (algo inédito para el sushi García Batallán, más inclinado a la música del Buddha Bar). Se habló del plebiscito, también de la eventualidad de que Mestre acceda a la conducción del partido cuando finalice el mandato de Raúl Alfonsín, competencia en la que su mayor rival es Juan Manuel Casella. Este, hoy embajador en Uruguay, aspira a concentrar todas las fracciones anti-De la Rúa y, si es posible, enfrentarlo como candidato en 2003 (también pugna en esta aspiración con el gobernador Angel Rozas).
Por supuesto, Mestre exhibe ambiciones menos grandilocuentes, es fiel a su mandante y, en rigor, lo ha ganado cierta decepción. A veces se pregunta por el sentido de la política y la interpretación que la gente hace de ella. A él le tocó regir una provincia en llamas, Córdoba, pudo corregirla, sanearla y, a la hora de votar, perdió con José Manuel de la Sota (quien hoy, reconoce, gobierna bastante bien gracias a la herencia de Mestre).
Frente a ese cuadro, aparece Duhalde: tuvo una provincia rica, la endeudó brutalmente a pesar de recibir ingentes recursos, desfondó el Banco Provincia y ahora seguramente ganará las próximas elecciones a senador. ¿De quién es la culpa?, reflexionaban en la mesa. De los políticos o de quienes los votan. Para pensar.

• Más de economía o economistas, esta vez con Ricardo López Murphy y su Fundación Cívico Republicana, la que mensualmente se reúne en un hotel de Santa Fe y Esmeralda. Muchos concurren para escuchar al ex ministro, compartir un desayuno y, tal vez, conocer la radiografía que él tiene de la situación actual.
Pero es un esfuerzo casi vano, ya que López Murphy -envuelto en un rol de prudente hombre de Estado, lo que fue hasta hace poco-no incurre en ningún odio o represalia y evita referencias contrarias a la administración y a su sucesor (aunque le cabrían motivos varios), trata los temas urticantes con lejanía a pesar de que hace poco visitó Turquía y, como mayor broma, se le rescató esta frase: «¡Qué bien están en Ankara!».
Cuidadoso al extremo, casi abstracto, quien pasó por Defensa y fugazmente por Economía en la era De la Rúa, se permite advertir sobre 4 puntos clave de la economía al margen de otras interpretaciones. Son: 1) competitividad, 2) solvencia, 3) incertidumbre, 4) gobernabilidad. Aparte de la disección de este cuarteto de condiciones, con algún entusiasmo marca algo que los argentinos olvidan cuando se refieren al acuerdo de Maastritch. Una de las exigencias máximas de este convenio, según explicó, es que ninguno de los países firmantes supere en 150 puntos básicos el riesgo-país determinado por los bonos alemanes. Consigna de hierro, ya que país que se pasa queda afuera del pacto. Una forma entonces de borrar la estupidez local de quienes afirman que podríamos estar en Maastritch en materia de déficit, desconociendo la dimensión e importancia que se le asigna al riesgo-país.
Otro dato interesante que mencionó sin que se lo pueda considerar una infidencia: cuando se habla de reestructurar la deuda -por caso Eduardo Duhalde-, tiemblan más los ahorristas locales que los bancos extranjeros. Cualquier ahorrista sabe que si se afectan los activos de los bancos, éstos luego podrán afectar los pasivos, que son justamente los ahorristas. El cuidado ejemplar por las palabras al que él se somete también debería regir para los dirigentes políticos del país.

• Con algunos empresarios, ya finalizada la sesión, conversamos sobre distintos temas. Dos a rescatar. Uno, la suerte judicial de Carlos Menem. Según un versado informante, la Cámara mantendrá en setiembre u octubre la decisión del juez Jorge Urso. O sea, no habrá libertad debido a que la defensa no debió cuestionar la asociación ilícita -más allá de que sea un disparate-porque la Cámara misma previamente decidió que existía. Según el especialista, quien considera que el Derecho Penal no debe juzgar a los políticos sino el Fuero Administrativo, lo que debía cuestionarse de Urso es la designación de Menem como integrante o jefe de esa asociación ilícita.
El otro tema que preocupa, al margen de la economía, es la inseguridad: a los temidos secuestros rápidos -«fast express», como los llaman-se añade ahora otro operativo insólito que se menciona como advertencia. A un ingeniero en La Plata le robaron la camioneta 4x4. Dos días más tarde, le avisaron cómo recuperarla en Asunción (Paraguay), si cumplía ciertos requerimientos y oblaba tres mil pesos. Viajó en secreto, aceptó las reglas, también el pago, y regresó con el vehículo a su ciudad, el cual en apariencia estaba intacto. Pero esa misma noche se lo volvieron a robar, para aparecer 24 horas más tarde con todos los paneles del interior violados. O sea, él había sido un «camello» para la droga u otro tipo de contrabando. La pregunta obvia es: ¿cómo explica uno este episodio si es capturado en la frontera con su propia camioneta? A tener en cuenta.

• Amigo de las peñas, pero no amigo de su colegas (los senadores), Antonio Cafiero invitó a su monacal chalet en San Isidro -tierra donde para colmo acaba de perder su facción en la interna justicialista-a varios economistas para un cónclave. Como los legisladores le huyen -no lo saludan en el Senado, a veces le gritan «buchón» y entre ellos lo citan como «Antonio Tormo, el cantor de las cosas nuestras»y sólo lo acompañan aquellos que él decidió no mencionar en sus denuncias nunca probadas de sobornos, ahora opta por otro tipo de profesionales.
Larga tenida con asado incluido donde, por turno, los economistas expresaban sus opiniones, unos guardando pronósticos por razones de discreción pública, tipo Jorge Remes Lenicov, Ricardo Gutiérrez y Martín Redrado, mientras otros, como siempre -Eduardo Curia y Walter Graziano-, ofrecieron un cuadro catastrófico de lo que se viene pero con obvias diferencias de enfoque.
Detalles del infierno para otro día, ya que el dueño de casa, para mitigar los impactos tremendistas, prefirió hablar de un necesario futuro gobierno de coalición y de incluir en esa entente a Eduardo Duhalde. Nadie entiende si piensa seriamente que el ex gobernador podrá aportar ideas a una nueva propuesta, pero todos sí saben que esa iniciativa es la forma más higiénica para que Cafiero vuelva al Senado (ya que es suplente de Duhalde en la nómina bonaerense).
Bien servido y mejor preparado el asado, se habló mucho de uno de los hijos de Cafiero, Mario, hoy escudero de Elisa Carrió, quien en 6 meses pasó de especialista en cuestiones religiosas -presidía la anodina Comisión del Jubileo 2000- a experto en deuda externa, tema en el que se internó porque el economista Eric Calcagno, vinculado al gremialismo de Hugo Moyano, dilecto de Alan García y hoy a caballo también del cura Farinello, le introdujo el virus de la deuda buena y la deuda mala de varias décadas pasadas (aumentó su fiebre cuando le dieron un pase para ingresar a las bóvedas del Banco Central y revisar allí todos los expedientes).
Con ese material quiso ser diputado con Duhalde, pero éste le dijo que guardara los papeles porque le complicaban la campaña. Los guardó pero igual Duhalde no lo llevó en la lista. Entonces, se pasó con todo a la Carrió, quien ahora lo propone como candidato. El viernes, sin embargo, mientras pasaban los primeros chorizos, comentaban que los socialistas de la Carrió la rodearon furiosos por la inclusión del candidato y ella, apremiada por la presión partidaria, se desmayó a lo Sarah Bernhardt en toda su extensión anatómica. Hubieron de sacarla entre varios y al grito de «se va porque tiene que ir a un programa de TV».

• Vamos a terminar con un chiste de la línea feminista, a pedido de más de una lectora ofendida por el de la semana pasada. Una mujer conoce a un atractivo hombre en un bar. Hablan, se gustan y se van juntos. La chica lo invita a su casa; conversan un rato en el living y comienzan a besarse. Se encaminan al dormitorio, y cuando llegan al cuarto el hombre ve que, prolijamente acomodados en estanterías de menor a mayor (los más chicos abajo; los más grandes arriba, rozando el techo), la chica tiene decenas de ositos de peluche. El galán se sorprende, pero la pasión puede más y rápidamente olvida el asunto. Luego de varias horas de lo que el hombre siente ha sido una pasión arrolladora, y ya tirados en el lecho fumando un cigarrillo, el galán -con tono zumbón y autosuficiente-le dice a la chica:
- ¿Y? ¿Qué tal? ¿Cómo estuvo la cosa? ¿La pasaste bien?
Y la chica le responde con aire cansado:
- Sí; podés elegir cualquier premio siempre que sea de la estantería inferior...

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