27 de mayo 2003 - 00:00

Charlas de quincho

Fue un fin de semana de llegadas, despedidas y visitas. El presidente saliente agasajó a quienes colaboraron en su gestión con suculenta cena. Allí cuestionó la habilidad de la primera dama para hacer oficialismo y le pasó a ex mandatario provincial un costoso regalo llegado del Caribe, luego de que otros se preguntaran por las razones de una fuerte purga. En hotel de lujo hubo menú cubano para agasajar a polémico visitante, quien asombró a otro ex presidente al convocarlo a la madrugada para conversar. Otro hotel, antípodas ideológicas; el enviado de Estados Unidos manifestó su disgusto por haber sido ubicado cerca de su compatriota cubano en la ceremonia de asunción. El funcionario que mandó Bush tuvo elogios y recomendaciones para el nuevo presidente argentino. Más doméstico, un candidato a intendente convocó a 600 empresarios para apoyar su postulación. Se habló tanto de fútbol como de política. Veamos.

Reunión en hotel de lujo para agasajar a Fidel Castro, que no tuvo empacho en echar mano a costosa cámara para retratar el momento. / Los Pimpinela con los Scioli. Fiesta en el quincho del motonauta para celebrar la asunción a la vicepresidencia.
Reunión en hotel de lujo para agasajar a Fidel Castro, que no tuvo empacho en echar mano a costosa cámara para retratar el momento. / Los Pimpinela con los Scioli. Fiesta en el quincho del motonauta para celebrar la asunción a la vicepresidencia.
• Si bien no es lo mismo, Eduardo Duhalde dejó el país (se fue a Brasil, luego a España) y dejó la presidencia. Todo en un mismo acto y con una despedida previa. Con amigos y colaboradores desalojando la quinta de Olivos -parece que Néstor Kirchner está con la misma serenata de sus antecesores que no querían ocuparla-, pero con una buena cena (carne salseada con verduras y papas) dividiendo por momentos hombres por un lado y mujeres por el otro. Jornada milagrosa porque hasta revivió personajes como José Ignacio de Mendiguren, desaparecido en devaluación el año pasado. Después, casi todo el gabinete, legisladores y hombres de la provincia y hasta Oscar Lamberto, Jorge Capitanich, Jorge Todesca, Eduardo Amadeo y Jorge Remes Lenicov llegado de Bruselas. En total, 400 personas. Fin de fiesta.
Antes de partir dijo alguna frase capciosa el propio Duhalde, mientras miraba el jardín con nostalgia por lo apresurado de su salida. «Si hay algo -confesó- que no puedo imaginarme es a Cristina Kirchner haciendo oficialismo. Ni con su marido.» Transpiraba cierta tensión del ambiente, ya que los bonaerenses en general no perciben demasiada sintonía con el nuevo gobierno. Más bien se sienten defraudados. No tanto por pensar diferente sino porque no los han convocado a la administración: ellos querían, por lo menos, seguir hasta fin de año.

• Por supuesto, se quejan de Kirchner y no de Duhalde (aunque Luis Barrionuevo, el miércoles, en otra cena, le decía desatado al último presidente: «Vos inventaste a Frankenstein, y el monstruo se te escapó». Nadie pregonaba esas exageraciones, pero muchos repetían una frase atribuida a la propia Chiche Duhalde: «Yo siempre dije que Daniel (Scioli) era el mejor candidato». Para eludir esas presiones, Duhalde hablaba de «la papa caliente que heredamos», las gracias que le ofreció a todos y, con las mujeres sentadas a la mesa y los hombres parados, sostuvo: «De este gabinete salió el vicepresidente». O sea, se hizo cargo de 50% del Ejecutivo, nada más.

Quizá porque fue uno de los pocos que se quedó en el nuevo gobierno, sobre José Pampuro llovían envidias y críticas. Sobre todo, a partir de su ignorancia como ministro de Defensa del masivo descabezamiento que ordenó Kirchner en las Fuerzas Armadas. Unos decían que «Pepe» estuvo a punto de renunciar por la falta de respeto, otros que decidió permanecer para no provocar un desaire al nuevo mandatario y, los más, le anticipaban una conducta: a ciertos ministros, Kirchner ni los notifica de sus decisiones, ya que trabaja con una mesa chica de colaboradores y luego informa a los otros. Más que discutir el método personalista, la inquietud fue otra: ¿quiénes integran esa mesa chica? El presunto conocedor señaló: «Hay un trío principal constituido por Julio De Vido, Carlos Zanini y Alberto Fernández, a los que en ocasiones se suma Cristina. Con ellos, él resuelve la mayoría de los temas».

• En cuanto a la decisión de liquidar altos oficiales, muchos se preguntaban por la inteligencia que existe en todas las fuerzas. ¿Ninguna sabía lo que iba a ocurrir? Parece que estaban más dormidos que el propio Pampuro. Sobre las razones de tremenda purga, se estimó que de todas las versiones circulantes, la más certera es que Kirchner actuó por «amiguismo» con el nuevo jefe del Ejército. Nada generacional, nada de la lucha contra la subversión, nada siquiera de cúpulas imbuidas de menemismo y nada de particularizar en jefes ascendentes a voltear como el general Daniel Reimúndez.
Si los duhaldistas revelaban disgusto por el llamado de Kirchner a gente que no comulga con ellos (tipo Gustavo Béliz) y presagiaban duras y peores noches para Aníbal Fernández, semejantes a las que ya atravesó Pampuro, se calmaron al final cuando Duhalde los serenó con regalos y souvenirs por haber colaborado en su administración. El más beneficiado -más allá del reconocimiento a la Virgen de Luján, figura que según él lo ha salvado del desastre y por lo tanto se ha hecho más creyente-, fue el senador Ramón Puerta: le obsequió, un pase se diría, la mega caja de habanos que Fidel Castro le había enviado a él, formidable gabinete de medio metro con más de 500 cigarros y una torre medieval tallada en la tapa (la que, al abrirse, es casi un mueble que se despliega fuera de las dimensiones de la caja). Se lo derivó a Puerta porque éste fabrica cigarros, de menor categoría, claro.

El nuevo embajador en Cuba -sinecura vacante desde hace dos años- será el banquero Carlos Heller (Credicoop). «Yo -decía otro ex embajador, Jorge Telerman- no iré como segundo de Aníbal Ibarra en las próximas elecciones en la Capital». Esos dos datos era lo más interesante de la recepción en el Four Seasons, donde pasadas las 13, cuando todos embutían mojitos, salamines y un pollo agridulce con arroz -típico plato de la isla- aterrizó Fidel Castro. Cinco gigantes impidieron que los hasta ese momento, tímidos invitados, se abalanzaran sobre él. Pudo quebrar el sitio Raúl Alfonsín, quien se abrazó y cortamente dialogó con el jefe de Estado, combinando una cita para esta madrugada a las 3, en la embajada. Puso cara de antipático el radical y Castro sólo dijo: «El tiempo es tirano». Parece extraño que Alfonsín haya perdido la memoria y no sepa que Fidel recibe o visita de madrugada, que duerme menos que Neustadt, y solía comer, fumar (siempre pidiéndole puros a otros) y acometer otras actividades con tanto denuedo que lo llamaron «El caballo».
No pudo penetrar el cerco Hebe de Bonafini y, para su disgusto, sí lo hizo Luis Santos Casale, el único menemista de la reunión y también ex embajador en Cuba. Se saludaron afectuosamente. No había cámaras profesionales, pero de pronto surgieron infinidad de pockets -en manos de invitados, mozos o asistentes- con el propósito de la instantánea histórica. Como observó buen clima, el comandante se subió a una mesa y empezó a disertar para suavizar el barullo: «Que saludo. Que me abrazan. Que levanto el brazo. Que bajo el brazo. Bueno, así no puede ser, nos podemos lastimar», advirtió corrigiendo a sus culatas. Tras eso, él mismo extrajo una costosa cámara profesional y empezó a gatillar enfocando a los nerviosos invitados, como para llevarse él un recuerdo de sus admiradores.

• Siempre hace política y, por lo tanto, en traje gris y camisa blanca, en voz baja explicó que en Cuba no existe la democracia pero sí el sistema de elección más puro del mundo, a través de asambleas públicas y abiertas para todos (nada dijo de lo que ocurre con aquellos a quienes, en esas mismas asambleas, se les ocurre objetar al régimen).
Pero nadie estaba para preguntas insolentes, ni siquiera los insolentes de la TV. Público casi típico de estas reuniones, con Susú Pecoraro, Víctor De Gennaro, Raúl Portal, Antonio Cafiero, Federico Storani, Santos Biasatti, Daniel Tognetti, ministros como Julio De Vido, Ginés González García y Carlos Tomada. Todo duró hasta las 14 y 30, en eso partió Fidel y, en lugar de mandar a parar, empezaron los sándwiches de lomito. ¿No será la hora del canje entre esta especialidad gastronómica desconocida en la isla y los escasos cigarros que llegan a Buenos Aires?
 
• Otro clima, más formal y menos encendido, había en la Cámara Argentino-Norteamericana (Sheraton) un almuerzo con ensalada de salmón, lomo con verduras y helado. Recepción para Mel Martínez, quien más que responsable de Vivienda (algo así como responsable del FONAVI de EE.UU.) fue presentado como amigo de la familia Bush (en rigor, de Jeb, el hermano gobernador de la Florida; no hay que olvidar que Martínez fue intendente de Orlando). Unos 20 empresarios, multinacionales todos, lo escuchaban ansiosos porque ni siquiera estaba presente el embajador James Walsh (quien viajó de urgencia hace pocos días porque está grave su madre).
Diplomático, el hombre de Disneyworld (por Orlando, claro) sostuvo que Kirchner lo había impresionado bien, que le parecía un hombre de acción, pragmático y que el cambio era bueno para la Argentina. Atentos, nadie imaginaba que iban a escuchar esa monserga Marcelo Lema (IBM), Eugenio Bréard (Philip Morris), Oscar Vignart (Dow Chemical), Mauricio Wior (Movicom) más representantes de Coca-Cola, Esso, Price Waterhouse y la poco exitosa Wal-Mart. Pero Martínez, al avanzar el almuerzo, cambió: «El gobierno tiene que ser claro en las señales que brinde al exterior. Si bien localmente una foto con Hugo Chávez y Fidel Castro puede ser vista como pintoresca, de color, en el exterior se puede interpretar de otro modo.Y eso cuesta en inversiones». Casi un mensaje.
También, claro, Martínez estaba más molesto que Jorge Batlle -el mandatario que más insultos cruzó con Fidel Castro- porque lo situaron, en la ceremonia de la jura, cerca del jefe cubano. A él, justamente, que forma parte de la colonia de exilados en Miami. No debe saber si se trata de una picardía o de una manifiesta ignorancia de la Cancillería. Después, a los postres, fue más concreto: «A George Bush -a quien conoce del baseball- no le cabe eso de escuchar un mensaje en privado y otro, distinto, en público. Para él, no tienen lugar esos dobles mensajes tan comunes en ciertos políticos». Se terminó con el característico «wait and see» y un comentario elogioso del visitante sobre Julio De Vido y otro más neutro sobre Rafael Bielsa, ya que «hablé muy poco con él».

• Aunque Mauricio Macri no ignora que figura en el INDEX de Néstor Kirchner, igual dará batalla electoral en el distrito porteño. De ahí que siga en campaña -organizó un multitudinario almuerzo en el Hilton- y, en la asunción del nuevo Presidente, reclamó que lo ubicaran en las inmediaciones de jefes de Estado como Fidel Castro. Tuvo éxito su pedido. También su convocatoria para la recaudación: unos 600 empresarios (o representantes de compañías) pagaron una contribución de 5 mil pesos por mesa por una terrina tricolor, un lomo con papas y una torta de chocolate. Como siempre, empresas que aportan en todas las campañas, tipo Repsol YPF, Autopistas del Sol, MetroGas, Aeropuertos, IRSA y varias del grupo Socma como las más notorias del volumen.
Habló Macri mientras se respiraba en el ambiente un clima festivo, casi futbolero. Casi copiando la modestia de Eduardo Duhalde o Kirchner, habló de «mi reconocida capacidad de gestión» y de que no privatizará todo, «ya que el Estado debe cumplir con las funciones que le son propias». Después, claro, enumeró la lista de medidas que piensa instrumentar si va a la Municipalidad. En las inmediaciones, como algunos empresarios eran de segunda línea, interrogaban con alguna inquietud a los asesores del candidato capitalino: «¿No se le complicó el panorama electoral por la asociación de Kirchner con Aníbal Ibarra y Elisa Carrió, entre otras agrupaciones de izquierda?». Respuesta casi obvia: «Seguimos firmes en las encuestas y, por otra parte, siempre supimos que habría necesidad de ballottage. Por lo tanto, la constitución de ese frente era inevitable y la lucha, en la segunda vuelta, sería entre una mitad porteña contra otra mitad porteña. Nosotros también vamos a arrastrar otras fuerzas. El voto de la Capital es independiente, no de izquierda».

Muchos conjeturaban que tamaño esfuerzo de Kirchner por capturar a Gustavo Béliz y a Rafael Bielsa, inclusive ubicándolos en cargos donde podían no brillar por falta de antecedentes, suponía algún desdén personal del mandatario por el titular de Boca Juniors. Respuesta menos obvia: «Nunca se percibió un conflicto entre los dos, más bien se advierte un interés de Kirchner por ampliar su base política con otros partidos y distritos favorables para superar su endeblez representativa. Eso lo tenemos en claro. También sabemos que a él no le gusta Macri porque no viene de la política, y él -como si fuera sindicalista- entiende que sólo los de ese gremio deben aspirar a cargos públicos electivos. Se molesta porque Macri llega sin hacer la escuelita de los partidos políticos. Nosotros vamos a seguir en la nuestra», comentaba mientras varias agraciadas muchachas, según el club de fútbol de cada invitado, repartían adhesivos con la leyenda: «Soy de Racing (San Lorenzo, River, etc.), pero En las mesas, aparte de política y Patagonia, se hablaba de fútbol, de una larga conferencia del DT Marcelo Bielsa en que mantuvo un jugoso enfrentamiento con los periodistas del monopolio «Clarín» que desean condicionarlo (o, más precisamente, echarlo de la función proponiendo a Carlos Bilardo u Oscar Ruggeri). A la mayoría de los presentes les gusta Bielsa, aunque los resultados no hayan sido demasiado favorables y entienden que los medios vinculados comercialmente a la AFA, con Julio Grondona en especial, auspician el alejamiento de Bielsa. Pero ésta no es la idea de los clubes grandes, que hoy casi no comparten decisiones con Grondona. No lo enfrentan, pero tampoco lo asisten. Se preguntaba en las mesas: «¿O acaso Macri, Antonio Aguilar (River), Fernando Marín (Racing), por mencionar sólo algunos presidentes importantes, concurren a la AFA, se entrevistan con Grondona?». «Ninguno -explicaban- quiere saber nada con ese mundo.»

• Como cada uno del gobierno tuvo su festejo de iniciación, no podía fallar Daniel Scioli, en su quincho del Abasto, donde hubo asado y una entrada de pizzas con vino español aportado por Ramón Blanco Balín, directivo de Repsol YPF y presunto integrante del club «socios fundadores del sciolismo». El vicepresidente, pletórico entre sus amigos, insistía tanto sobre el buen trato que le dispensa Kirchner que hasta algunos parecían desconfiar. Lo mismo con su cantinela de «lo mío es producción, trabajo y trabajo», slogan que se erosiona por repetido. No había sólo comida: también micrófono, el que varias veces tomó la segunda dama -Karina Rabollini- para presentar espectáculos varios con mesura, ya que ese mismo día de jura se cumplía el primer aniversario de la muerte del padre de su esposo, el empresario Scioli.
Estaban los Pimpinela y, por supuesto, ofrecieron un mínimo recital -umplugged, obvio, con guitarra- al que siguió el de un tenor gardeliano, Roberto Minondi, profesional que es estrella en una tanguería del barrio. Tanta efusión continuó hasta con el secretario de Scioli, Ignacio, quien incurrió en el folklore y, tal vez por esa audacia de antaño (en rigor, bien fashion con la vuelta a los '70, a «Guitarreada») lo bromearon bastante: el joven es hijo de Enrique Crotto, el ministro de Agricultura in pectore de Carlos Menem que nunca fue.

Interminable reunión en la que hubo hasta un video, presentado por Enrique Moltoni (locutor de la era Romay que presentaba los actos de Kirchner-Scioli) sobre la carrera deportiva y política del ahora vicepresidente. Casi una redundancia, ya que el quincho está saturado de premios y enseres del motonauta. Tanta memoria sobre lanchas obligó a que el propio Scioli dijera: «Les recuerdo que perdí la primera carrera y, ahora, con mucho esfuerzo, he llegado a esta semifinal». Detalle atendido por todos, quienes después de un instante estallaron en aplausos. De «Semillita» (nombre de su primera lancha) a campeón, podría ser la epopeya circular de su vida.
Presentó Scioli a Germán Pérez, quien lo secundaba en Turismo y Deportes y ahora continuará a cargo de la secretaría. También a Fabio Buzzi, un constructor de lanchas que en su astillero de Como ahora alista embarcaciones para las policías costeras. El hombre explicaba que ha dejado de ser negocio hacer lanchas deportivas, de competición, debido a que los accidentes del propio Scioli y el mortal del marido de Carolina de Mónaco, Stephano Casiraghi, le han restado seguridad al deporte. No es lo mismo -explicaba- que la Fórmula 1, donde las fábricas de autos se han esmerado para que nadie muera. Se pueden estrellar, pero ya casi nadie se mata. Hacia las tres de la mañana -y pensar que al otro día había que «trabajar y trabajar»- empezaron los bailarines de tango, cuestión que impresionó a Buzzi, quien en secreto aludió a la entrevista que un rato antes había tenido con Scioli y Fidel Castro. «Daniel me presentó al jefe cubano como el hombre que le hacía las lanchas, que eran extraordinarias. Y el hombre ¿sabe lo que me dijo?: («Bueno, usted no debe ser tan bueno porque mira lo que le pasó a este chico con la pérdida del brazo»). Comentario poco feliz, sin duda, mientras proseguía la fiesta en el Abasto y la calle Anchorena ardía porque su vecino ya era gobierno.

• Vamos a terminar con un chiste político. Un partidario del capitalismo discute acaloradamente con un comunista. El capitalista desafía al hombre de izquierda:
-Pero decíme la verdad: si tuvieras una estancia en Arrecifes, con 3.000 cabezas de ganado ¿la compartirías?
-¡Claro! Con todo el pueblo, con los compañeros...
-Y si tuvieras un Porsche Carrera, ¿también lo compartirías con todo el mundo?
-¡Con todo el mundo, con los camaradas, obvio!
-Y en caso de tener un piso de 1.000 m2 en la Avenue Foch de París, ¿aceptarías compartirlo?
-¡Desde ya! ¡Con quien quiera ir!
-¿Y una mansión colgada de las la barranca de San Isidro, con parque, spa, pileta cubierta y descubierta, cancha de tenis?
-¡También, también!
-Y si tuvieras una bicicleta ¿la compartirías?
Ah, noooo: bicicleta tengo...

Dejá tu comentario