4 de diciembre 2006 - 00:00

Charlas de quincho

Un empresario que cumple 51 años con nueva pareja, y otro que le festeja los 56 a su esposa: dos caras de una misma medalla. En ambos casos, hubo música, baile, buena comida y comentarios políticos, en ocasiones divergentes: en uno de ellos se recordó que no había por qué ofenderse con Uruguay por su módico desplazamiento de tropas cuando el general Bendini había hecho ejercicios militares «a través del río»; en la otra fiesta se reprodujo un diálogo en Olivos, en el que el Presidente y sus amigos se felicitaban por esa movida de Tabaré Vázquez que -decían- sirvió «para despertar a los argentinos». Inevitablemente se habló en todas las reuniones de un resonante crimen en Córdoba y del honor de los golfistas. En un desayuno, Juan Carlos Blumberg disparó con munición gruesa contra todo el espectro político, y en La Habana no hubo foto con Castro. Veamos.

Cristiano Rattazzi (Fiat) y Jorge Brito (Banco Macro). Enrique Iglesias, el príncipe Felipe y Daniel Scioli, en la asunción del presidente de México Felipe Calderón. La postulación (oficial) del vicepresidente a la gobernación bonaerense fue tema obligado en quinchos. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, Bailando un tango callejero. Blumberg lo criticó por su apoyo a la Guardia Urbana, ese mamarracho. Julio Werthein y Lily Sielecki en el cumpleaños de Gerardo Werthein, sobrino del patr
Cristiano Rattazzi (Fiat) y Jorge Brito (Banco Macro). Enrique Iglesias, el príncipe Felipe y Daniel Scioli, en la asunción del presidente de México Felipe Calderón. La postulación (oficial) del vicepresidente a la gobernación bonaerense fue tema obligado en quinchos. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, Bailando un tango callejero. Blumberg lo criticó por su apoyo a la Guardia Urbana, "ese mamarracho". Julio Werthein y Lily Sielecki en el cumpleaños de Gerardo Werthein, sobrino del patr
  • Quién podía imaginar, cuando el turf era elegante y convocaba multitudes al Hipódromo de Palermo (casi más que el fútbol), que el húmedo hueco de sus tribunas se convertiría en un espléndido salón de fiestas denominado Tribuna Plaza (tampoco se podía imaginar que, debajo, en las entrañas, se diseminaría un gigantesco casino con tragamonedas y tragaesperanzas de pobres que no para de crecer como si la pasión del juego -más oficialista que oficial- no fuese una actividad enfermiza). Lo cierto es que en el inocente predio de fiestas, el empresario Gerardo Werthein (Telecom) se prodigó una fiesta de cumpleaños (51) que, además de congregar a más de un centenar de invitados, sirvió para que presentara en sociedad a su nueva pareja, demostrando que los empresarios también tienen vida.
    Y, por supuesto, llegaron encolumnados los doble V (encabezados por el mítico Julio), gente de la compañía, destacándose Amadeo Vázquez y Carlos Felices, quien había ofrecido la exótica nota de la semana: tocó la campana en Wall Street, igual que otros argentinos que lo acompañaron, el mismo día que la Bolsa norteamericana -luego de batir varios récords de suba consecutivos- se desplomó sin demasiadas explicaciones (la jornada siguiente, cuando pasó la influencia de los visitantes, se recuperó con creces). Había que compartir en masa champagne del bueno (esto es, francés), el cual ya no aparece en reuniones de estas características por la calidad de los caldos locales (y obvias razones de precio), junto a colegas como Alejandro Reynal; el nuevo astro del rubro Carlos Miguens (quien le arrebató a Marcelo Mindlin dos joyas como Central Costanera y Piedra del Aguila); Cristiano Rattazzi; los Sielecki; algún juez en actividad (Rodolfo Canicoba Corral); otro en situación de retiro (Jorge Urso); modelos como Marina Wallman; una cotizada senadora, María Laura Leguizamón (por su cercanía a Cristina de Kirchner y por integrar el Consejo de la Magistratura), entre otros. Sólo esparcimiento y distracción, amenizados por Industria Nacional (un grupo musical que obliga a regresar a los 70 sin atender los recuerdos de Kirchner al respecto) y una ristra de odaliscas que forzaban con sus ondulantes movimientos a una breve pero coincidente opinión de los hombres: ¿qué estoy haciendo con la mujer que tengo al lado?

  • Otra pregunta a coro: ¿cómo harán para enfrentarse, en la campaña bonaerense, Daniel Scioli y Francisco de Narváez, si todo el mundo sabe que son amigos, más que cercanos, y hasta comparten week ends? ¿Distanciará la política a quienes hasta hace pocos días pensaban en la misma dirección y con el mismo sentido? Se sucedían los comentarios sobre el salto del vicepresidente a la provincia, unos alabando la inteligente jugada de Kirchner, otros -los menos, claro- conjeturando que en el gobiernojamás se preguntan demasiado, cuando toman decisiones, sobre las consecuencias legales de sus actos, casi como si no les importara o siempre dispusieran de mecanismos para resolverlas (ya que la postulación de Scioli encierra muchas dudas jurídicas y éticas sobre su pertenencia al distrito bonaerense). Había unanimidad, en cambio, al aludir a un tema que no figura en la agenda oficial: la inseguridad creciente. No puede decirse que sólo sea una preocupación de los empresarios, más bien todo el mundo cree que el Estado no protege (secuestros y asaltos), no sanciona (cualquier criminal pasa poco tiempo en prisión) y abandona en la intemperie a la mayoría de los ciudadanos.
    Muchas miradas sobre la nueva mujer de Werthein -siempre un bautismo de esas características deviene en comentarios-, también sobre el amplio clan familiar que la rodeaba y debe aceptarla. Mientras, ya habían pasado el sushi, el cous-cous, entradas vegetarianas que ponían nerviosos a quienes se alimentan sólo de carne, hasta que llegó la opción: un lomo con arvejas o cordero asado. O sea, se equilibró la tranquilidad ambiental. Luego el baile, desbordante, dulces, tortas infaltables y un cumpleañero que ha decidido empezar a vivir, de nuevo, pasados los 50. Quienes se apartaban del ruido recorrían el aire libre de Palermo y cuchicheaban sobre la crisis con el Uruguay, interrogándose sobre la fuerte reacción de Kirchner porque Tabaré Vázquez había mandado 20 soldados a custodiar la planta de Botnia. Confrontaban esas palabras -afrenta, fue la definición presidencial- con el silencio oriental cuando la Argentina, hace 5 meses, por mandato del general Roberto Bendini, ordenó hacer ejercicios de asalto a través del río (una posibilidad bélica sólo admisible con el Uruguay) con varias unidades castrenses. Lo afirmaban en voz baja; nadie quiere parecer antiargentino en estos momentos. También se preguntaban por los asambleístas que cortaron las rutas en Colón: el núcleo convocante decide esas acciones en asamblea de no más de 20 adherentes, mientras otras agrupaciones también quejosas ni siquiera registran esa cantidad de fieles. Es cierto que debe defenderse el derecho de un solo ciudadano, que equivale al de mil ciudadanos, pero no se puede ignorar la mínima respuesta popular -al menos- en Colón.

  • Vecindad barrial: pegado a ese centro de reuniones, hay otro lugar semejante, el Tattersall -así llamado por una familia que se hizo famosa en Gran Bretaña con la subasta de caballos de carrera-, donde el abogado Jorge Anzorregui, cariñoso con su esposa Silvia, le homenajeó sus 56 años con una celebración para 700 personas: mérito de un estudio exitoso o de un marido enamorado. Quien buscara políticos o empresarios en el gentío podía decepcionarse: el matrimonio convocó a casi todo el country Tortugas, hizo del cumpleaños una reunión social, sin otras pretensiones (casi la mitad de la concurrencia estuvo reservada a los amigos de los hijos). Por lo tanto, se observaron más las exigencias para salir en «Caras» que para hacerlo en « Noticias».
    De la decoración (Martín Roig) con muchos ambientes distintos, sillas y sillones de todos los tamaños, al cotillón, los decorados y la comida: abundancia de pescados y otros frutos de mar, aunque también había platos diversos con otras especialidades. Los invitados debían servirse en múltiples islas -casi sin hacer colas- ya que los escasos mozos se limitaban a retirar la vajilla ya utilizada de las mesas. Lo mismo sucedía con las bebidas, una forma de demostrar que se puede vivir sin el gremialista gastronómico Luis Barrionuevo, que no estaba en la reunión, claro -aunque juega al golf con frecuencia en el country-; sí el matrimonio Zorreguieta que engendró a Máxima, José Lataliste, Jorge Aufiero, el ex banquero Horacio Pericoli (ahora dedicado a un tambo), los hermanos Landaburu, los Lynch, los Newbery, Patricia Langan, Nicolás Weisz-Wassing, Lisandro Barry, Julio Golotny (abogado de Aníbal Ibarra y socio de Anzorregui), Federico Braun y un Pedro Stier que no cesa en el hobby, ya terapia ocupacional, de realizar con peltre ingeniosas y humorísticas piezas artísticas. No faltaron por los salones algunos hombres de la Justicia pasada, como Fernando Archimbal, Eduardo Moliné O'Connor, Juan Galeano, Jorge Urso, y otro que combate para no ser del mismo pasado: Canicoba Corral.

  • Entre tanta gente de country y diálogos poco substanciales con una copa en la mano, tipo: «Soy un vago, pero austero», a la respuesta: «Bueno, no se puede ser mucho tiempo vago y al mismo tiempo pródigo», concluyéndose en que: «Claro, no estamos en el siglo XVIII»), no podía prescindirse del ya famoso crimen de Córdoba (Nora Dalmasso), consumado en un hábitat semejante al Tortugas o al de tantos otros clubes particulares del país. Jamás se contaron tantos chistes al respecto, los que se evitan por atención al cruento episodio, a no caer en la promiscuidad sexual o a la fama que ahora recae sobre el honor de los golfistas. Un dato interesante, sin embargo: el matrimonio de la desdichada víctima más bien guardaba las formas, pero en rigor la pareja hacía tiempo que había acordado autonomía individual en relación con las tradiciones del casamiento.
    Importaban otras cuestiones, sin embargo. Por ejemplo, para los hinchas de Boca, una preocupación de Mauricio Macri: parece que durante el fin de semana debió hablar con el delantero Martín Palermo pues desde Estudiantes -equipo en el que nació el goleador- le han hecho tentadoras propuestas económicas para que cambie de club a través del dúo Verón-Simeone, jugador y técnico que parecen haberse asociado para patrocinar el futuro de la entidad de La Plata. La falta de políticos se reemplazó con ácidos comentarios como ¿quién podría pensar que el progresismo de Kirchner y asociados, la militancia o el socialismo (léanse Kunkel, Gullo, Verbitsky, Bonasso, entre otros) terminaría alineándose y vitoreando a Scioli como estrella del movimiento en Buenos Aires? Tantos éxitos de la nueva política, decían, del transversalismo, y por último se condenan a un ex menemista devenido luego en duhaldista -previo paso por Adolfo Rodríguez Saá- como Scioli, lo mismo que harán con gobernadores del mismo signo, por no hablar de que tal vez deban caer, en Capital Federal, en manos de Jorge Telerman, quien buena parte de su carrera política también se la debe al riojano. Tono más que zumbón en las mesas sobre el oficialismo.

  • Ajeno a ese rumboso curso desprejuiciado, otro asistente aludía a un trabajo de investigación de una universidad británica, titulado «Los inmigrantes (vecinos) en las últimas décadas en la Argentina». Si bien el ejercicio pesquisa sobre chilenos, peruanos y paraguayos, son interesantes algunas precisiones sobre el universo de bolivianos en el país. Calculan que hay unos tres millones de habitantes de ese origen distribuidos en todo el territorio -menos en el Sur-, varones los primeros en ingresar que luego arrastran a sus mujeres e hijos (al revés del sistema de introducción de los peruanos), trabajadores comunitarios hoy con peso o hegemonía en distintos sectores (de hilados a quintas), cuyos hijos ya registran notables diferencias: miden hasta 10 centímetros más que sus padres, son infinitamente más habladores y manifiestan algún recelo antiargentino basado, tal vez, en haber percibido cierta discriminación en su sociedad.
    Y en un rincón alejado, casi inquieto por una posible interferencia, un infidente narraba esta delicia presidencial para un curioso: «Hoy (era sábado a la noche), Kirchner volvió a llamar gente amiga al mediodía a Olivos. Como hacía calor, desistieron de jugar al fútbol y hubo un almuerzo, como casi siempre con los mismos: su esposa, Alberto Fernández, Carlos Zannini, Sergio Massa (algo disgustado porque se perdió la oportunidad de candidatearse en Buenos Aires) y esos santacruceños que rotan entre ir a ver cómo va la construcción de sus nuevas casas en El Calafate o quedarse en Capital, su nueva tierra. Eso sí: faltó José Pampuro, un habitué que en esta ocasión manifestó con su ausencia el malestar que le causó ser reemplazado por Scioli como postulante a gobernador y sin aviso previo. Ahora, lo único que falta es que no lo indemnicen».

  • Siguió el relator: «Diría que había euforia con la jugada del vice a Buenos Aires; Kirchner se imagina que produjo la mayor de las picardías políticas. Se reían del problema del domicilio o la falta de ciudadanía bonaerense de Scioli. ¿Para qué se preocupan si todavía no se ha formalizado su candidatura?, bromeaban, mientras sospechan que la Junta Electoral de Buenos Aires avalará la decisión del aspirante cuando se compruebe que es un deseo del gobierno. También se habló del pleito con Uruguay y de que Tabaré, sin darse cuenta, había sacado de la indiferencia a los argentinos con el envío del Ejército a la pastera Botnia. Se decía que fue un disparate esa determinación y que el Uruguay no puede tensar tanto la cuerda cuando depende del suministro de combustible y electricidad de la Argentina».
    Como el que aplicaba el oído amagó desconfiar -por lo pueril- de lo que contaba el infidente, éste precisó: «Mirá, se comió poco, un asado ligero, con entradas light con bufarella y chinchulines desgrasados que estaban riquísimos». Y continuó, luego de hacer verificar su calidad de testigo en Olivos: «Después -siguió- se habló bastante del paro del agro, con alguna molestia, recordando que a Isabel también la acosaron desde ese sector en 1975, aunque el Presidente está confiado porque Javier de Urquiza, el subsecretario de Agricultura, le prometió que había productores dispuestos a romper la huelga (más que productores, empresarios y de distintos sectores no precisamente del campo) y hacer llegar ganado a Liniers. Kirchner no quiere que se confronte con los dirigentes que auspician el paro, sí que Guillermo Moreno le garantice que no aumenten los precios a pesar de la huelga. Parece que el secretario de Comercio ya elaboró un programita demostrando la forma en que no subirán los precios de la carne en el mostrador luego de 10 días de paro». La garganta profunda no habló más, apenas si se enredó en información sobre la identidad de los esquiroles (rompehuelgas) que enviarán vacunos al mercado, mientras la otra parte evitaba ese parte policial y le recordaba que la palabra esquirol proviene de las ardillas y corrompió su significado en rompehuelgas porque en una posada alemana de ese nombre, a principios de 1900, muchos trabajadores se ofrecían a las fábricas de tejidos para reemplazar a los huelguistas de entonces.

  • Desconocido, penetrante y, a la vez, anticipatorio de ciertas determinaciones. Así apareció Juan Carlos Blumberg, de mañana y con malhumor, en un desayuno con unas 60 personas que lo instaban a presentarse como candidato a presidente o a gobernador de Buenos Aires. El ingeniero replicó: «Miren, ya lo tengo decidido. Ahora me concentro como siempre en una tarea concreta, el juicio y sus consecuencias. El 18 de diciembre me voy de vacaciones a Alemania y, al regreso, en enero decido si voy a presentarme o no como postulante. Y a qué cargo».
    Atentos lo escuchaban personajes como Jorge Casanovas y Jorge Enríquez, Marcelo Bragagnolo, Felipe de la Balze, Jorge Avila, Mariano Caucino, Federico Bartfeld y Eugenio Burzaco. Todo transcurría en una universidad privada. Después, siguió el itinerariode Blumberg: «A mí me parece que Mauricio Macri tiene buenas intenciones, pero cada vez que lo llamo está esquiando en Aspen». Otro títere: «Este chico Esteban Bullrich siempre me apoyó y cuando lo eligieron diputado, en lugar de quedarse en la banca se fue a hacer un curso de seis meses en los Estados Unidos. Una vergüenza». Y añadió: «No entiendo cómo las mujeres del macrismo no dicen nada de la ministra que fue esposa de un guerrillero; ni ellas ni los hombres de ese partido lo defendieron a Luis Patti». Por si no alcanzaba, aportó otra impresión: «Para mí, Macri puede ser un buen intendente, nada más». Por supuesto, los seguidores del titular de Boca no dijeron nada.

  • Se atragantaban las medialunas pues Blumberg estaba dispuesto a todo. Habló bien de Scioli, sin embargo; lo calificó como un trabajador incansable. Pero tuvo reparos con otros oficialistas: sobre Aníbal Fernández dijo: «Ya no me atiende más como lo hacía antes de que organicemos la concentración en Plaza de Mayo». Y sobre el otro especialista en Seguridad, León Arslanian, se preguntó: «No entiendo cómo ese hombre puede dormir tranquilo todas las noches». Tampoco le cae bien Roberto Lavagna: «Creo que es nada más que un ministro de Economía; me acuerdo cuando lo llamé para que nos acompañara a una marcha en Villa Fiorito y sólo me puso excusas para evitarme». Ni hablar de Jorge Telerman: «Esperaba más de él; lamento que todavía le ceda tanto presupuesto a ese mamarracho de la Guardia Urbana». Los peronistas presentes se ufanaban de haber llamado a Blumberg a declarar a esas horas; nunca lo habían sospechado tan claro y agresivo. Hasta que le tocó a ellos en el final: «Ustedes, que se creen peronistas, la verdad no entiendo cómo fueron capaces de entregarle la custodia del féretro de su jefe a unas bandas sindicales. La verdad, no los entiendo». Menos mal que esperará a enero para fijar posición sobre si será candidato o no a la presidencia o a la gobernación bonaerense.

  • De estas pequeñeces locales a La Habana, a quinchos cargados de buen humo y mejor licor con una delegación invitada y pagada por Guayasamín, esa fundación del castrismo que es como la Ford de los norteamericanos: pasajes y estadías gratis para 100 personas, incluyendo al actor Gérard Depardieu (junto con dos empresarios franceses que comercian con la isla), Gabriel García Márquez, Hugo Chávez, Tomás Borge, Adolfo Pérez Esquivel y hasta Felipe González, quien no se pierde nada free sin importarle la ideología (a nadie se le deben explicar sus declaraciones contrarias a Fidel Castro). Todo por los 80 años del enfermo y con los gastos aportados por una entidad que tomó el nombre de un pintor ecuatoriano, indio y mestizo, militante del castrismo, pero que tampoco se ruborizaba por retratar a otros reyes (aunque su fama trascenderá por continuar el muralismo de los Siqueiros).
    De la Argentina, muchos porteños o interesados en ese distrito, pertenecientes a la agrupación Gracias Daniel (en ovbia alusión al vice que se pasa a la provincia y los alienta a ellos a buscar un espacio desde el oficialismo). Pasaban entonces por la residencia del embajador, Darío Alessandro, Aníbal Ibarra, Carlos Heller, Miguel Bonasso, también Patricio Echegaray, César Isella, el novelista Ricardo Piglia (otro que no pierde ninguna), la frepasista Graciela Rosso y hasta Atilio Borón, un universitario que se exhibe como anarquista quizá porque se doctoró en Harvard.

  • Todos estos argentinos que rechazan las reelecciones en su país, pero las justifican en el exterior (Castro, Chávez), parecían preocupados por el clima de incertidumbre que se vive en Cuba, sea por la ausencia obligada de Fidel Castro o, lo que ellos no terminan de entender -algo así como la candidatura de Scioli representando al socialismo-, la apertura de negociaciones con los Estados Unidos. Pero ese temor se disipó cuando se encontraron con el ministro de Cultura cubano, Abel Prieto, un novelista de 30 años, quien gasta jeans y usa el cabello largo (algo así como un ex canciller -Roberto Robaina- que vivía con el peine en la mano y parecía un cantor de salsa, al cual luego defenestraron por falta de conducta o por excesos en las conductas). Este joven funcionario, con particular humor, provocó todas las atenciones, nada más que por su habilidad para contar chistes y entretener a las delegaciones, convirtiendo la celebración en una suerte de funeral (por las tertulias inevitablemente graciosas que se producen en los velatorios). Recuerdo inolvidable esta visita por el humor del ministro, sus bromas sobre el propio Castro y, también, porque ninguno de los visitantes se pudo fotografiar con el líder a pesar de haber sido invitados al cumpleaños.

  • Un veterano que atraviesa más entero las barreras de los 80 es Bernardo Neustadt, quien hasta se arma sus propias reuniones con un Papá Noel de tres metros cabeza abajo y un escenario para 20 músicos, lo que estima necesario para celebrar por anticipado las fiestas en su casa de Martínez, frente al río. Por si alguien dudaba de su inclinación sincopada, a los invitados los recibía con una camisa dibujada con partituras diversas. Para agasajar a la gente, su última predilección: platos de un restorán familiar de Campana, «Italian Pasta», adonde va hasta dos veces por semana, especialidades en pastas de una auténtica «nona». Y los agraciados fueron los Cabrales (Quique, Coca, su hijo Martín), los Demijian de los restoranes Kansas, Enrique Braun Estrougamou, Lus María Blaquier, Jorge Brito, el ex ministro Antonio Salonia, René Balestra, Luis Patti y un ejército de reconocidos médicos, casi una debilidad consultora del periodista: Roberto Zaldívar, Jorge Isola, Jorge Leiguarda, Jorge Salvat.
    «Dad Bernie», dijo Angel Mahler, compositor y director, quien avanzó con «Fuga y misterio», de Piazzolla (el leitmotiv de tantos programas de Neustadt); una soprano entonó el «Ave María» y, por supuesto, él reflexionó con micrófono, como si estuviera en «Tiempo nuevo», durante más de 20 minutos. Hasta dio información: «Ayer cené con Carlos Menem, en 'José Luis'; de otra mesa vino a saludarlo Adolfo Rodríguez Saá y, como le comentamos el gesto, él dijo que todos eran así en el Senado y en Diputados, salvo la señora Cristina de Kirchner y Carlos Reutemann, que pasan a su lado como si no lo conocieran o no lo quisieran reconocer». Pidió, finalmente, el modelo de la orquesta de Mahler para el país: «Son 20 personas diferentes, con problemas distintos y que, al subir al escenario, apartan esos inconvenientes y realizan una música incomparable. ¿No podría ser así la Argentina?»

  • Vamos a terminar con un chiste fuerte escuchado en el cumpleaños de Bernardo Neustadt. La esposa le dice al marido:

    - Manolo, tengo un mes de atraso. Creo que vamos a tener un bebé; mañana me dijo el médico que tendrá los análisis.

    En ese momento suena el teléfono; quien llama es un empleado de la compañía de suministro eléctrico. Atiende la mujer y escucha:


    - Queremos comunicarle que en nuestros archivos aparece que usted tiene un mes de atraso.

    - Pero... ¿cómo pueden ustedes saberlo?

    - Nuestras computadoras llevan registro de todos los atrasos.

    La mujer, turbada, le pasa el teléfono al marido y le dice:

    - Manolo, son los de una empresa que sabe que tengo un mes de atraso...

    El marido, extrañado, toma el aparato y pregunta:


    - ¿Es verdad que saben lo del mes de atraso?

    - En efecto; le estamos avisando que deben realizar el pago correspondiente al atraso de inmediato.

    - ¿Un pago? ¿Me habla en serio? ¿Y si no quiero pagar?

    - Pues entonces nuestro personal tendría que ir para allá a entrevistarlo, y seguramente se la van a cortar.

    - ¡Ay coño! ¿Y en ese caso qué podría hacer mi esposa?

    - Pues realmente no sé qué decirle... ¡Probablemente en el futuro va a tener que utilizar velas!
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